Justicia extrema

La xenofobia y la ultraderecha a juicio en Alemania

La semana próxima comienza finalmente en Munich el juicio a la única sobreviviente de un grupo neonazi acusado de diez asesinatos, casi todos de inmigrantes turcos, y de decenas de robos. El proceso, presentado en Alemania como uno de los más importantes de la posguerra, debería ventilar las relaciones entre la policía y la ultraderecha y dejar en claro la extensión de la xenofobia en la sociedad germana.

¿Son la xenofobia, la intolerancia y el racismo patrimonio exclusivo del nazismo? Ciertamente no; pero cuando la información llega desde Alemania, la asociación es inevitable y el adjetivo “neonazi”, que en este caso es el que corresponde, parece querer escribirse solo. El rastro del nacionalsocialismo es perseguido con celo en Alemania. El Nie wieder (Nunca más) es concebido como un proceso constante que se alimenta no sólo del recuerdo de las atrocidades sino también del permanente combate a la intolerancia. Los estrados judiciales han sentenciado, desde el final mismo de la guerra y hasta el presente, a cientos de militares y civiles que tuvieron participación o colaboraron con la dictadura nazi. No obstante, muchos creen que el proceso de desnazificación no ha investigado lo suficiente el apoyo clave que el poder económico le dio a Adolf Hitler en su ascenso a la cancillería, ni su relacionamiento posterior.
Los numerosos memoriales y museos, además de recordar a las víctimas, ya sean judías, gitanas, homosexuales, comunistas, marcan una clara advertencia acerca del resultado que la irracionalidad y el fanatismo pueden acarrear. Asimismo se ha puesto especial énfasis en eliminar cualquier lugar de peregrinaje de los neonazis. Quien visite Berlín notará que es prácticamente indetectable el sitio donde se hallaba el búnker en el que Hitler pasó los últimos días de su vida. Tampoco encontrará las tumbas de Hermann Göring, Joseph Goebbels, Heinrich Himmler o Rudolf Hess –principales lugartenientes del dictador–, ya que en todos los casos sus restos fueron, o bien incinerados y esparcidos en algún curso de agua, o enterrados en un lugar no señalado. Esta estrategia de quitar a los neonazis sus posibles sitios de veneración también es tenida en cuenta en Austria, donde el año pasado, al detectarse que la tumba de Alois y Klara Hitler (padres de Adolf) se había convertido en sitio de reunión de neonazis de todo el mundo, el gobierno de la localidad de Leonding resolvió –con autorización de un familiar– remover las lápidas y sepultar los restos en un lugar que se mantuvo en reserva.

 

TRES ASESINOS, MIL PREGUNTAS. En 2011, dentro de una casa rodante prendida fuego en las cercanías de la localidad de Eisenach, fueron encontrados los cuerpos sin vida de Uwe Mundlos y Uwe Böhnhardt, de 38 y 34 años respectivamente. La policía de Thüringen los buscaba como sospechosos del robo, horas antes, de un banco. Luego de este hallazgo, y antes de que la policía lograra registrarla, la casa donde ambos residían voló por los aires. La responsable de la explosión era Beate Zschäpe, quien se entregó a la policía diciendo: “Soy la que buscan”. La investigación del robo tuvo un vuelco sorprendente al conocerse que los tres pertenecían a la agrupación terrorista neonazi Clandestinidad Nacionalsocialista (nsu). A partir del estudio de las armas halladas en la casa rodante y entre los escombros de la vivienda volada se descubrió que el trío era responsable de una serie de homicidios que permanecían sin resolver. Las víctimas eran un florista, un sastre, dos fruteros, un vendedor de kebab, un hostelero, un cerrajero, un quiosquero y el encargado de un cibercafé; siete de ellos de origen turco y uno griego (al que se presume confundieron con turco), además de una agente de policía. Los asesinatos habían tenido lugar entre 2000 y 2006 en diferentes lugares de Alemania. Además de las armas, entre las pertenencias del trío la policía halló gran cantidad de material de propaganda neonazi, así como un macabro video donde se combinaban fragmentos de dibujos animados de la Pantera Rosa con imágenes reales tomadas durante los asesinatos.
Al conocerse la noticia los alemanes quedaron estupefactos. ¿Cómo era posible que una agrupación terrorista neonazi que vivió en la clandestinidad por más de una década y realizó nueve asesinatos xenófobos a sangre fría no hubiera sido descubierta por la policía ni por los Verfassungsschutz? Los investigadores argumentaron que no habían considerado la pista xenófoba ya que ninguna agrupación revindicó los asesinatos como propios. Pero los especialistas explican que ese argumento no es de recibo, porque se sabe que la estrategia de los grupos neonazis y neofascistas de toda Europa es atacar de forma anónima sin revindicar los hechos.

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