Efecto Padura

En 1992 el escritor cubano Leonardo Padura visitó Buenos Aires. Con unos pocos dólares en el bolsillo –no era precisamente un momento de bonanza para Cuba– y la ayuda de varios amigos, recorrió los recovecos de la ciudad y se paseó por la Feria del Libro, que por ese entonces estaba al lado de la Facultad de Derecho, en el barrio de Recoleta. Lo hizo de incógnito. Aunque ya era escritor y le había dado vida al detective Mario Conde –ese policía que no quiere ser policía–, podía moverse como un perfecto desconocido. Todo lo contrario a su último viaje de este mes de mayo, cuando se transformó en una de las figuras de la feria (invitado por la editorial Tusquets y la revista Nueva Sociedad). Aunque los lectores de novelas policiales lo conocen por su trilogía Las cuatro estaciones, protagonizadas justamente por el “Conde” en La Habana del período especial, el gran salto de Padura vino con El hombre que amaba a los perros (2009). El “efecto Padura” con ese libro ha sido curioso: aunque hubo reseñas y notas sobre El hombre... su circulación se debió a un extendido boca a boca y regalos mano en mano que lo volvieron una especie de libro de culto. “Yo regalé el libro 16 veces”, le dijo uno de los lectores que se acercó al escritor cubano. Hasta el ex presidente chileno Ricardo Lagos se volvió uno de sus entusiastas lectores y recomendadores. Sin duda, el libro, que podría ser incluido en la “literatura del desencanto”, va más allá del relato antiutópico y pulsó unas teclas que lograron que lectores de diferentes generaciones e ideologías se identificaran con una historia de la que se sabe el final: El hombre que amaba a los perros versa sobre Ramón Mercader, el enviado de Stalin que en 1940 asesinó a León Trotsky golpeándolo en la nuca con un piolet que llevaba oculto en su impermeable... un día particularmente soleado.

TROTSKY, EL RENEGADO. León Trotsky no era precisamente una figura difundida en Cuba. Paradójicamente, su nombre llegó de la misma Unión Soviética que lo había expulsado y asesinado. A fines de los ochenta, recuerda Padura, las revistas Novedades de Moscú y Sputnik comenzaban a mencionar al revolucionario ruso, cuyo nombre había sido eliminado de la literatura oficial. Primero fue demonizado, después simplemente borrado. Esas revistas serían finalmente prohibidas en la isla por considerarlas demasiado “liberales”.
Cuando el escritor buscó materiales sobre él en la biblioteca encontró tres libros: uno era el primer tomo de su autobiografía Mi vida, los otros dos se titulaban algo así como “Trotsky el traidor” y “Trotsky el renegado”. Pero su interés y curiosidad aumentó aun más cuando se enteró que su asesino, el catalán Mercader, había vivido en La Habana en los setenta bajo el seudónimo de Jaime López. Paso seguido, en un viaje a México, Padura quiso visitar la casa de Trotsky en Coyoacán. “Me provocó una gran conmoción ver aquel lugar (por entonces) abandonado en las afueras de la ciudad, donde fue a dar uno de los líderes más importantes del siglo xx y adonde llegó la mano asesina de Stalin para matarlo.” Los muros y los blindajes de nada sirvieron frente a la inteligencia del nkvd.
Así, siguió tirando del hilo de la historia de las derivas del estalinismo. “Encontré un documento que me conmovió. Un editorial de un periódico mexicano comunista de los años treinta, estalinista, claro, celebraba la muerte de Sandino. Decía que había muerto como un pequeño burgués, y solo como un perro, porque la visión de Sandino violaba los códigos que se querían imponer a través de la Tercera Internacional. Cuando vi esa mezquindad empecé a preocuparme por esas historias perversas”, recuerda en un diálogo con Horacio Bilbao en la revista Ñ. Pocos recuerdan hoy que el líder nicaragüense fue declarado traidor al proletariado por la Internacional Comunista. Así, en Frente Antiguerrero, publicación del Comité Latinoamericano contra la Guerra Imperialista, número 1, de setiembre de 1933 –editado en Montevideo–, puede leerse: “El Congreso Antiguerrero Latino Americano aprueba la moción de la delegación mexicana y declara expulsado del movimiento antimperialista al general César Augusto Sandino por su capitulación vergonzosa ante el imperialismo yanqui y el gobierno feudal burgués de Sacasa, traicionando así al proletariado mundial y a las masas antimperialistas de todo el mundo que apoyaron su lucha. Sandino se ha transformado en un agente descarado de la opresión imperialista y en un verdugo del pueblo laborioso de Nicaragua, habiendo ya fusilado a varios de sus compañeros de armas que se negaron a abandonar la lucha y seguirlo en su infame traición”. Sic.

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