Cortinas de humo en la guerra siria
- Última actualización en 24 Mayo 2013
- Escrito por: Walter Goobar
Las columnas de fuego sobre Damasco que brillaban en las pantallas de televisión en la madrugada del domingo 5 de mayo, mientras las explosiones sacudían la ciudad en lo que fue descrito como el segundo bombardeo israelí sobre Siria, causaron muchas bajas en las unidades de elite sirias estacionadas en torno del monte Qassioun, y no entre las brigadas de la milicia libanesa Hizbolá que combate en Siria. Todo sería demasiado grotesco si no fuera porque estos hechos pueden ser considerados presiones para avanzar hacia una nueva gran guerra en Oriente Medio, justo cuando Ba-shar al Asad parece estar batiendo a los insurgentes de Siria. Una vez más, Occidente apoya a su viejo aliado el radicalismo islámico contra un régimen laico dictatorial e independiente, cuyo delito no es ser laico ni dictatorial, sino precisamente independiente.
El bombardeo israelí de las instalaciones del ejército sirio en Jamraya, cerca de Damasco, marcó la irrupción abierta de Tel Aviv en la guerra civil siria. Lo cierto es que Israel actuó como testaferro de Washington, e insiste en que los objetivos eran misiles iraníes tierra-tierra Fateh 110 destinados a la milicia libanesa Hizbolá. Damasco por su parte dice que los objetivos fueron un instituto de tecnología militar y campos de entrenamiento de tropas (hay muchos departamentos cerca, a cuyos habitantes la cia siempre ha querido reclutar como agentes). No hay armas químicas en Jamraya.
El argumento de Israel respecto a Hizbolá es falaz, ya que no existe confirmación alguna de que esa organización haya comprado misiles Fateh 110, y más considerando que desde 2009 Hizbolá tiene una versión siria del Fateh 110, el M 600, con un alcance de unos 250 quilómetros y un sistema de guía aceptable.
Para Israel tiene sentido destruir un cargamento de Fateh 110, o incluso de M 600, aunque no vaya a Hizbolá sino al gobierno sirio. Por lo tanto, Israel ayuda directamente al Ejército Libre de Siria (a propósito, uno de sus voceros, verdadero o falso, se presentó en la televisión israelí para elogiar los bombardeos), mientras impide por lo menos momentáneamente que lleguen más misiles a manos de Hizbolá.
Israel ansía una Siria débil, caótica y privada de tecnología militar avanzada. Ansía ante todo una somalización total de Siria. Además quiere arrastrar a Siria, Hizbolá, y en última instancia a Irán, a una guerra hecha y derecha.
Por su parte, Damasco puede pensar su jugada y no reaccionar, al menos por el momento. También puede dejar que Rusia emplace baterías de misiles o que Hizbolá utilice la frontera siria para futuros ataques contra Israel.
El periodista Pepe Escobar señala en la publicación electrónica Asia Times Online que no es casual que el bombardeo haya tenido lugar después de: 1) el tour del jefe del Pentágono, Chuck Hagel, por Israel y las petromonarquías del Golfo; 2) los progresos del ejército sirio durante las últimas semanas, en el corredor de Homs, contra los mercenarios-yihadistas patrocinados por el extranjero; 3) el viaje secreto a Teherán del jeque Nasralá, de Hizbolá.
Si hay más ataques –y es muy posible que los haya– para vaciar los arsenales del ejército sirio, serán un regalo providencial para los mercenarios-yihadistas. Nasralá tiene toda la razón cuando dice que el objetivo clave de Estados Unidos, Qatar, Turquía e Israel es arrastrar a Siria a una guerra total. Después de una eventual reacción siria, la “solución” sería someterla a bombardeos masivos, como sucedió en Irak.
Los próximos bombardeos pueden ser contra aeródromos, concentraciones de aviones, depósitos de armas, tanques y artillería. El daño colateral, inevitablemente, aumentará en proporción al nivel de la provocación.
El ex embajador de Estados Unidos en la onu Bill Richardson, muy cercano al clan Clinton, ya ha declarado en abc News que Obama “se orienta hacia ataques aéreos”.
Las escenificaciones de casus belli, para dar motivos militares a una crisis, parecen estar a la orden del día en la guerra civil siria.
Las acusaciones sobre el presunto uso de armas químicas han sido calificadas de dudosas en medios de la propia inteligencia de Estados Unidos. Y para acabar de estropearlo, la ex fiscal internacional suiza Carla del Ponte, miembro de la Comisión Independiente de Investigación sobre Siria creada bajo los auspicios del alto comisionado de la onu para los Derechos Humanos, ha dicho que no ha sido el régimen, sino sus adversarios, los insurgentes integristas que Occidente arma y financia en la guerra civil siria, quienes emplearon tales armas. Hay que preguntarse quién se las dio y con qué objeto.

