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“Siria está en guerra contra sí misma”

Mientras discutían la estrategia para rechazar a los insurgentes que habían llevado los combates a la capital, Damasco, el ministro de Defensa y el jefe de la Inteligencia siria murieron en un atentado el miércoles 18. El ataque abrió para los rebeldes la operación llamada “Volcán en Damasco, terremoto en Siria”.


Si bien por sus características de alzamiento contra un régimen autocrático de décadas la crisis siria suele encuadrarse en los levantamientos que democratizaron a Túnez y Egipto, es una situación con muchas peculiaridades. Según el periodista del New Yorker Jon Lee Anderson, “estamos ante una insurgencia que, sí, es parte de la primavera árabe y pide un Estado democrático, pero que además es de mayoría sunita y pide un cambio en la correlación del poder. Siria está en guerra contra sí misma. Si bien Siria era señalada como un país que aceptaba las minorías, esa estabilidad era como una torre de naipes: se cae una y se derrumban todas”.
Esta pulseada enfrenta a la mayoría sunita con una subdivisión esotérica del chiismo, los alauitas, que no sólo son minoritarios (12 por ciento de la población) sino que además son considerados herejes por la rama dominante del islam. En un artículo sobre esta comunidad la periodista española Ángeles Espinosa indicó que los alauitas son un grupo históricamente aislado y oprimido por los señores feudales de las regiones de Homs y Hama, que sin embargo resultaron beneficiados por el golpe de Estado de Al Assad padre en 1970. Si se toma esto en cuenta y se piensa que es en Homs donde está uno de los bastiones de los antigubernamentales, no es difícil coincidir con el análisis del Real Instituto Elcano que afirma que “la sociedad siria está recorrida por numerosas líneas de fractura étnicas, religiosas, tribales y generacionales que generan desconfianza sobre el futuro pos Assad”. Una de esas líneas, tal vez la de mayor incidencia en términos de alineamientos regionales de política exterior, es la que divide el islam sunita del chiita.
En su edición del jueves 19 El País de Madrid recogía versiones de que el presidente Assad se habría retirado a la zona de mayoría alauita, que tiene como capital la ciudad de Latakia. En un mapa de Siria puede verse esa “frontera religiosa” con una delgada zona alauita recostada sobre el Líbano y el mar, en tanto que los dos tercios restantes del mapa están ocupados por el área sunita. Damasco aparece como “ciudad dividida”, sobre todo por el efecto de décadas de poder alauita en el país.
Esta situación, sumada a ataques del ejército sobre poblados sunitas que están dentro del bolsón alauita,  ha llevado a algunos analistas a pensar que parte de la estrategia de Assad es generar una rápida “limpieza étnica” para luego establecer un espacio territorial propio. Una zona que vaya más allá de su realidad actual, que es la de ser mayoritariamente alauita, y que pase a ser una zona compuesta únicamente por personas que profesan esa interpretación del islam. Podría ser, se ha dicho, el inicio de la partición del país.
Pero tampoco es posible reducir la crisis a esa línea divisoria. La erosión del régimen y el rechazo de sus prácticas represivas han tenido efectos transversales. De hecho, uno de los golpes más fuertes recibidos por Assad antes del atentado del miércoles 17 había sido una inesperada deserción. En la lógica clánica de la política siria, la familia Tlass fue uno de los aliados centrales del clan Assad, por eso la sorpresa generada cuando a principios de julio desertó el general Manaf Tlass, que comandaba una unidad de la Guardia Republicana. Como anotó un artículo de El País de Madrid, el general desertor se crió con el propio Al Assad y sus hermanos y era parte de una familia, la Tlass, que “ayudó en 1970 a Hafez el Assad, padre del actual presidente, a llegar al poder y, en 2000, a su hijo a ‘heredar’ la jefatura del Estado”.
Ahora, con sus alianzas debilitadas y la oposición armada combatiendo en las calles de Damasco con la moral fortalecida por el éxito del miércoles, abundan los análisis que hablan del “jaque mate” al presidente Assad. No faltan las especulaciones sobre una supuesta huida de su familia del país, lo que sería una comprobación de la falta de confianza del mandatario en cuanto a recuperar el terreno perdido. En dirección contraria, otras informaciones hablan del traslado de unidades del ejército desde la frontera con Israel, como un intento decidido de Assad para torcer el rumbo negativo del conflicto.

 

TELÉFONO ROJO. Con la situación en el terreno evolucionando minuto a minuto, ya parece haberse olvidado el enésimo fracaso mediador del ex secretario general de la onu Kofi Annan y el apoyo ruso a Damasco empieza a ser menos sostenible. Como se recordará, una de las constantes de toda la crisis ha sido el bloqueo por parte de Rusia y China a las sanciones (la más reciente ayer jueves 19) contra el régimen de Assad. Este miércoles 18, sin embargo, afp informó que en una charla telefónica con el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, el mandatario ruso Vladimir Putin aceptó la necesidad de promover una “transición” política. Sobre la postura del Kremlin, el analista político ruso Konstantin von Egger explicó a la bbc que “aunque Al Assad tenga que ser forzado a salir, los rusos esperan trabajar duro para crear un marco negociador que implique la participación de potencias extranjeras y que le dé a Moscú la posibilidad de mantener intactos sus intereses comerciales y militares en el país”.
En realidad tanto rusos como estadounidenses tienen una preocupación mayor, de la cual ni siquiera hablan en voz demasiado alta. Leonard Spector, director ejecutivo del Centro James Martin de Estudios de No Proliferación, la manifestó para la bbc: “Siria tiene uno de los mayores arsenales de armas químicas del mundo, incluidos los agentes químicos tradicionales, tales como el gas mostaza, agentes más modernos, como el sarín, y posiblemente agentes clave como el vx. Se cree que Siria tiene una gran serie de complejos de armas químicas, algunos en zonas en conflicto actual, como Homs y Hama. Se dice que las bases están custodiadas por las fuerzas del gobierno, pero no se puede predecir si podrían permanecer en sus puestos en el ocaso del régimen de Assad”. n

*     Artículo realizado en base a informaciones de El País de Madrid, BBC, Agencia France Press y Ria-Novosti.

Libia
Gobierno laico

Mientras la crisis siria continúa su escalada, la coalición de partidos laicos del ex primer ministro Majmud Jibril ganó los comicios de este mes en Libia, los primeros realizados en el país norafricano en casi 60 años. La Comisión Electoral libia informó además que la Alianza de Fuerzas Nacionales (afn), de Jibril, obtuvo 39 de las 200 bancas del futuro Parlamento en los comicios del 7 de julio, los primeros desde el derrocamiento y asesinato de Muammar Gaddafi. Segundo se ubicó el Partido Justicia y Construcción, el ala política de los Hermanos Musulmanes de Libia, con 17 escaños, mientras que el resto de las 80 bancas reservadas para partidos fueron para agrupaciones menores y menos conocidas. Este resultado se transforma en el primer revés electoral de partidos islamistas en países árabes del norte de África que atravesaron revueltas populares o sublevaciones con apoyo militar externo, tras la llegada al poder de partidos religiosos en Túnez y Egipto.
No obstante, el balance de poder aún podría acabar favoreciendo a los islamistas, ya que la capacidad de formar gobierno dependerá de las otras 120 bancas reservadas para candidatos independientes, cuya afiliación no es clara. Ahora se esperan negociaciones para tratar de formar una coalición con control mayoritario del Legislativo y, por lo tanto, con el requisito legal para gobernar. En un acto en Trípoli que se llevó a cabo en horas de la noche la Comisión Electoral dijo que 65 por ciento de los votantes registrados participó de los comicios del 7 de julio, informó la cadena de noticias cnn. El frente de Jibril lo integran unos 60 partidos y 200 organizaciones civiles que responden al ex primer ministro del desaparecido Consejo Nacional de Transición (cnt), órgano de gobierno de los ex insurgentes anti Gaddafi. Jibril, de 60 años, no se presentó a las elecciones porque las normas electorales prohibían a los antiguos miembros del cnt candidatearse para los comicios. n

Tomado de Página 12, por convenio.

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