Brecha Digital

Acerca del mejoramiento de la raza

La mayoría republicana en la legislatura de Carolina del Norte, en Estados Unidos, aprobó un presupuesto que omite la compensación a cientos de víctimas del programa de “eugenesia”, que en ese estado terminó en 1974. La práctica fue una “moda científica” con amplio eco en muchos países, incluido Uruguay, hasta que el nazismo la llevó a su conclusión lógica.


Más de 65 mil personas, en su mayoría mujeres y hombres negros, fueron esterilizadas a la fuerza o por engaño bajo los programas de eugenesia en Estados Unidos, y Carolina del Norte es el único entre los estados que utilizaron esa práctica que había hecho algún esfuerzo para compensar a las víctimas. Sólo siete de los 33 estados que tuvieron tales programas han siquiera reconocido públicamente que sus autoridades ordenaron y ejecutaron las esterilizaciones forzadas, o al menos han pedido perdón a las víctimas.
Entre 1929 y 1974 Carolina del Norte llevó a cabo el programa más agresivo de Estados Unidos –y el tercero por el número de afectados– dedicado a la esterilización de personas declaradas incompetentes, criminales o “no aptas para procrearse”.
Un estudio encabezado por el sociólogo Lutz Kaelber, de la Universidad de Vermont, encontró que la Junta de Eugenesia de Carolina del Norte aprobó más de 8 mil esterilizaciones, y se calcula que más de 7.600 personas sufrieron ese tratamiento. El 85 por ciento fueron mujeres, y hacia fines de la década de 1960 prácticamente había cesado la esterilización de hombres, ya que las mujeres eran el 99 por ciento de las personas sometidas al procedimiento, según los registros oficiales.
En todo el período, el 39 por ciento de las personas esterilizadas en Carolina del Norte fueron negros y negras, pero en la segunda mitad de la década de 1960 –la era de los disturbios raciales en Estados Unidos– negros y negras fueron el 60 por ciento de los esterilizados aunque eran apenas el 25 por ciento de la población del estado.
El estudio de Kaelber encontró que de las personas esterilizadas hasta 1963, el 25 por ciento fueron clasificadas como enfermos mentales y el 70 por ciento como deficientes mentales. En cada una de estas categorías el 75 por ciento de las personas esterilizadas fueron mujeres.
En 2003 la gobernadora demócrata Bev Perdue creó la Comisión para la Compensación por Eugenesia en Carolina del Norte, la cual informó el año pasado que entre 1.500 y 2 mil víctimas del programa seguían vivas. A comienzos de este año la comisión recomendó una compensación de 50 mil dólares para cada víctima identificada. La portavoz del Departamento de Administración del estado, Jill Lucas, indicó que sólo se ha localizado y verificado la situación de unas 150 de estas personas.
En principio la Cámara baja de la legislatura estatal aprobó un proyecto de presupuesto por 20.600 millones de dólares que asignaba 11 millones de dólares para un fondo de compensación para las víctimas de la esterilización. Pero cuando el proyecto llegó al Senado estatal la semana pasada, la mayoría republicana lo modificó eliminando, entre otros gastos, la compensación para esas víctimas.
La gobernadora Perdue hizo un último intento y vetó el presupuesto, aunque no sólo por las cláusulas sobre compensación para las víctimas de eugenesia. Pero, por segundo año consecutivo, las mayorías republicanas en ambas cámaras anularon su veto y el nuevo presupuesto de Carolina del Norte se aplicará sin dinero para esas víctimas.

 

PERSONAS, NO SÓLO CIFRAS. El año pasado en una entrevista con la cadena de televisión abc, Elaine Riddick, de 57 años de edad, relató cómo a los 14 años y embarazada por violación, fue esterilizada después de que naciera su hijo.
Una asistente social en el hospital declaró a la adolescente negra y proveniente de un hogar pobre como “débil mental” y “propensa a la promiscuidad”. Los cinco hombres que integraban entonces la Junta de Eugenesia de Carolina del Norte le dijeron a la abuela analfabeta de Riddick que se trataba de un procedimiento y la mujer lo autorizó firmando con una equis. Sin su consentimiento o siquiera conocimiento, a Riddick le cauterizaron las trompas uterinas. Sólo después de que se casó supo que no podría tener hijos.
Virginia Brooks, una indígena americana, tenía 14 años de edad cuando la esterilizaron en una operación que los médicos le dijeron que era por apendicitis.
Deborah Chesson se presentó en una de las audiencias de la comisión para leer una carta de su madre, Nial Ramírez, ahora de 65 años de edad: “Tengo que hablar sobre lo que el estado de Carolina del Norte me hizo. Me cortaron, me abrieron como si fuera una cerda. Tenía 17 años de edad y estaba embarazada de mi hija Deborah. Vivía en mi casa con mi mamá y mis hermanos. Mi madre era soltera y eran tiempos de dificultades económicas y por eso recibíamos asistencia pública para apenas sobrevivir. Me dijeron que si yo seguía teniendo hijos el sustento de mi familia iba a deteriorarse”.
La Junta de Eugenesia usaba pruebas rudimentarias para medir el coeficiente intelectual y se apoyaba en los chismes de los vecinos para justificar la esterilización de las muchachas de familias pobres que andaban callejeando o no concurrían asiduamente a la escuela. Así Lela Dunston fue esterilizada poco después de que diera a luz a su bebé, a los 13 años de edad. Dunston tiene ahora 63.

QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA. Desde las últimas décadas del siglo xix hubo estudios académicos, sociedades médicas, publicaciones y congresos científicos, políticas de salud pública y programas de eugenesia –aunque no todos incluían esterilizaciones– en numerosos países, incluidos Argentina, Uruguay, Brasil, el Reino Unido, Suecia, Brasil, Canadá, Alemania, Venezuela, Trinidad y Tobago, México, Chile, Perú, Cuba, Japón, Corea, China y Singapur. Los términos variaban en la denominación de la “moda”: nipiología, biotipología, homicultura, herencia, instinto, raza, tipo, etcétera.
El sociólogo, político y padre de la docencia uruguaya José Pedro Varela, influido por el positivismo y el darwinismo social de su época, argumentó que “partiendo de bases falsas y formulando afirmaciones sin fundamento se cree entre nosotros en la perfecta igualdad de las razas humanas y, como consecuencia, en su igualdad de aptitudes para seguir con el mismo vigor todas las etapas del progreso. La falsedad de esa afirmación y de esa doctrina ha podido demostrarse con cifras con respecto a los indios” (Legislación escolar, capítulo cuatro: “Amenazas para el porvenir”).
Varela (1845-1879) creía en su joven madurez que había motivos para la “alarma por el porvenir de los pueblos latinos y, más especialmente, de los pueblos hispanoamericanos que, en más o menos escala, han mezclado su sangre con la sangre decrépita de las razas aborígenes”. Y, con el razonamiento ilógico que sustenta el racismo, a la vez que Varela creía que los “latinos” no debían mezclarse con los “aborígenes”, también pensaba que los “sajones” eran superiores a los latinos: “Parece que los hechos demostraran de una manera evidente la superioridad de los sajones sobre los latinos como colonizadores. ¿No la habrán demostrado, en Europa misma, en sus aptitudes para el gobierno libre, para el progreso de la civilización?”.
A lo largo de las primeras décadas del siglo xx se popularizó la eugenesia, aunque en muchos países con fuerte influencia de la Iglesia Católica encontró la misma resistencia que hoy enfrentan el aborto y el uso científico de las células madre.
En busca de métodos de esterilización temporal se experimentaron, en laboratorios y en los cuerpos de mujeres, los injertos de ovarios o placenta, las inyecciones de cuerpo lúteo y del lóbulo anterior de la hipófisis. Luego vino la esterilización hormonal, siendo el método más usado la inyección de espermatozoides de ovinos, que los médicos consideraban más adecuado tanto por la disponibilidad del compuesto inyectable como porque se creía menos propicio para la propagación de la tuberculosis, la sífilis y la gonorrea. La “inmunización” resultante de tales inyecciones duraba alrededor de un año y podía extenderse con otra inoculación.
En la misma década que el nazismo bullía en Alemania –que debe recordarse se consideraba una de las cimas de la civilización, la cultura y la ciencia– sesionó en Buenos Aires, en 1934, la II Conferencia Panamericana de Eugenesia y Homicultura de las Repúblicas Americanas, y para entonces el obstetra más prestigioso de Argentina, Alberto Peralta Ramos, sostenía que la eugenesia era “la ciencia de la generación saludable”.
Mientras que algunos científicos argentinos, muy a tono con la influencia católica en su país, expresaron en estas conferencias su cautela acerca tanto de la práctica como de la teoría de la eugenesia, los delegados de Uruguay hablaron de sus casos con entusiasmo y determinación.
“Siempre he llevado a cabo (la esterilización) sin escrúpulos de conciencia”, declaró el médico Carlos Escuder ante el IV Congreso Argentino de Obstetricia y Ginecología reunido en 1940, también en Buenos Aires. n

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