¿Por qué mató James Holmes?
- Última actualización en 27 Julio 2012
- Escrito por: Juan Gelman
¿Entonces? ¿Fue una ráfaga momentánea de locura? No parece. Las armas que compró a lo largo de meses, el sistema explosivo que instaló en su departamento para atacar al que intentase entrar, el disfraz de Guasón en el estreno de una película de Batman, hablan de una deliberada y prolija preparación del acto. Un vecino contó que Holmes tenía dificultades para encontrar empleo y terminó laborando en un McDonald’s: “Sentía tanta lástima por él, estudiaba tanto”, señaló Tom Mai (www.mercurynews.com, 21-VII-12). ¿La desocupación primero y luego un trabajo tan disímil de sus capacidades deprimieron a Holmes hasta el punto de tornarlo violento?
Hay quienes lo piensan y no faltarían razones: la tasa de desempleo de los jóvenes fue del 19,1 por ciento en 2011, según datos del Economic Policy Institute, duplicando con creces el promedio nacional (www.epi.org, 3-V-12). Un estudio reciente de National Institutes of Health señala que “la desocupación juvenil está asociada a una creciente vulnerabilidad al desorden psiquiátrico” (www.ncbi.nlm.nib.gov). El suicidio se ha convertido en Estados Unidos en la tercera causa de muerte de niños y jóvenes de 10 a 24 años (www.cdc.org, 11-VII-11). Pero días antes de la matanza, Holmes instaló su perfil en un sitio pornográfico que inició con la siguiente pregunta: “¿Me visitarán en la prisión?” (www.tmz.com, 20-VII-12). No pensaba suicidarse.
Otros subrayan que la razón de esa sinrazón es la libre venta de armas, largas incluso, en 38 estados del país. Hace 30 años, sólo en ocho. Adam Gadahn, miembro estadounidense de Al Qaeda y el primero desde 1952 en ser culpado de traición a la patria, lo dijo con pasmosa tranquilidad: “Estados Unidos está inundado de armas de fuego fáciles de conseguir. Se puede ir a una exposición de armas en un centro local y volver con un fusil de asalto automático sin que investiguen los antecedentes del comprador y hasta sin mostrar una identificación” (//bilmoyers.com, 20-VII-12). Una de las armas que Holmes portaba era un mp-15, cuya venta pública fue prohibida en 1994. Las presiones de la industria de guerra y de la Asociación Nacional del Rifle lograron que la medida se anulara diez años después.
Se estima que 270 millones de armas de fuego están en manos de civiles, que cada año mueren a tiros 30 mil personas y que el número de asaltos a mano armada asciende a 300 mil. En realidad, el fenómeno tiene raíces históricas, económicas, políticas, sociales y culturales de larga data. El territorio de Estados Unidos fue creciendo gracias a la persecución y muerte de los pueblos indios originarios y a la apropiación de más de la mitad de México a punta de fusil: el territorio robado es el 119 por ciento de la actual superficie de este país.
Las guerras que este país ha desatado o en las que participó durante los siglos xix, xx y xxi han contribuido a crear una mentalidad que el destacado periodista estadounidense Bill Moyers definió así: “La violencia es nuestro álter ego, inscrita está en nuestro cerebro de la Edad de Piedra, sus erupciones tóxicas son tan intrínsecas que ya no perturban, excepto, y momentáneamente, cuando oímos hablar de un acribillamiento masivo como el de Colorado”. Que después se olvida. Hay más de 22 millones de veteranos estadounidenses de distintas guerras, sólo los de Irak y Afganistán son 2 millones (//abce.news.go.com, 11-XI-11).
La idea de que Holmes fue impulsado por la voluntad de ser un superhéroe, alimentada por las películas y los episodios cada vez más violentos y cada vez más copiosos que se proyectan en salas cinematográficas y en la televisión, tiene su peso: una joven sobreviviente de la matanza declaró que el tiroteo “parecía una película” y otros creyeron que formaba parte del estreno.
Roger Ebert, crítico de cine del Chicago Sun-Times, agrega otro elemento, el del vínculo violencia/información televisiva: “Cuando tiene lugar una tragedia como ésta (...) la tevé repite una y otra vez el mismo fragmento filmado del tirador. En alguna parte, de noche, entre los que miran, no faltará el solitario lleno de ira y agraviado en quien se incuba la violencia. No sé si a James Holmes le importaba mucho Batman. Sospecho que le importaba más verse en los noticiarios” (www.nytimes.com, 21-VII-12).
Sólo que nadie recuerda el nombre del que mató a 32 estudiantes e hirió a otros 17 en el campus del Tech de Virgina en abril de 2007, o el del asesino de seis asistentes a un mitin político que se realizaba en Tucson, Arizona, el 8 de enero de 2011. Quizá tampoco esas matanzas se recuerden, como sugiere Bill Moyers. En la primera audiencia del juicio, James Holmes lucía abatido, cerraba los ojos cada vez que el juez le leía uno de los cargos. Tal vez revisaba las razones de su acto atroz. n


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