A quince semanas de las elecciones, las encuestas muestran que Barack Obama tiene una ventaja frágil sobre su presunto rival republicano Mitt Romney. Las encuestas muestran, también, que la mayoría de los votantes está disgustada con ambos.
Luego de que un individuo irrumpió en un cine de Colorado, mató a 12 personas e hirió a decenas, el presidente Barack Obama, en su papel de consolante en jefe, dirigió un mensaje a la nación expresando, como estadounidense, esposo y padre, su profunda tristeza suya propia y la de su esposa Michelle por las víctimas y sus deudos, los sobrevivientes y sus familiares.
Pocas horas después, el ex gobernador de Massachusetts y candidato presidencial republicano todavía no coronado, Mitt Romney, dirigió un mensaje a la nación expresando como estadounidense, esposo, padre y abuelo su profunda tristeza suya propia y la de su esposa Ann por las víctimas y sus deudos, los sobrevivientes y sus familiares.
Ninguno de los dos supuestos líderes de una nación acongojada mencionó el rifle de asalto, la escopeta calibre 12, la pistola Glock .40 y las casi seis mil balas, adquiridas legalmente por el sospechoso James Holmes. Ni Obama ni Romney se refirieron a los 294 millones de armas de fuego en manos de la ciudadanía en un país de 310 millones de habitantes; ninguno de ellos tuvo la decencia del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, quien tras otra de las esporádicas matanzas a bala en Estados Unidos dijo que ya es tiempo de encarar al lobby de las armas de fuego y poner restricciones a la venta de armamento.
El martes siguiente el presidente Obama asistió a una convención en Reno (Nevada) de la asociación de Veteranos de Guerras Extranjeras. En un país que ha tenido guerritas, guerras y guerrotas casi sin pausa por más de un siglo y medio, los ex combatientes son un montón de gente, muchos votos en juego. Allí Obama proclamó su confianza en que éste, el xxi, sea otro “siglo americano” (estadounidense, usté me entiende ¿no?)
El miércoles Romney habló ante la misma audiencia y proclamó su orgullo por el poderío de Estados Unidos, su fe en que Estados Unidos logrará la paz mediante la fuerza, y aseguró a los ex combatientes que el xxi será “el siglo americano”.
Quizá estas anécdotas expliquen por qué cuando la carrera electoral no ha entrado todavía en la primera curva de la pista, las encuestas muestran que si Obama conserva alguna ventaja ésta cae dentro del margen de error de las encuestas. RealClearPolitics.com es un sitio de Internet que elabora un promedio de puntajes en las encuestas más prestigiosas del país, y esta semana el presidente Obama aparece con 46 por ciento de la intención de voto comparado con un 44 por ciento para Romney.
En realidad Obama y Romney son muy distintos, pero las diferencias que los separan ocurren en áreas que no están en el centro de las preocupaciones de la mayoría de los estadounidenses, para quienes, a tres años de concluida la peor recesión económica en casi ocho décadas, es la economía y sus baches lo que les nubla la mañana y les quita el sueño en la noche.
Obama, que además es mulato, está a favor de la legalidad del aborto y del casamiento de homosexuales, favorece los programas gubernamentales de ayuda a los pobres, a los desempleados, a las madres solteras, a los enfermos con vih/sida. El presidente dizque favorece a los sindicatos y trabajadores (aunque poco ha hecho por ellos), y dizque está dispuesto a subirles los impuestos a los ricos, y a emprenderla contra los criminales financieros que casi hundieron al país (aunque menos ha hecho para castigarlos).
Romney, que es blanco y mormón, quiere ilegalizar el aborto y recortar los fondos para anticonceptivos, se opone al casamiento de homosexuales, repudia cuanto programa gubernamental apunte a ayudar a los desvalidos, desamparados, desocupados y asalariados. El republicano está a favor de los recortes de impuestos para ricos y pobres sobre la falacia de que en la tierra de las oportunidades todos somos iguales, es amigo y socio de los criminales financieros, y si uno le cree sus discursos, no perderá tiempo, cuando llegue –si llega– a la Casa Blanca, en meter al país en alguna otra guerra.
PERO PARA EL VOTANTE QUÉ IMPORTA. Todas las encuestas señalan un punto común: la situación económica es la mayor preocupación de la ciudadanía al aproximarse las elecciones de noviembre de 2012. Y ninguno de los dos contendientes ofrece una imagen personal o una propuesta que los estadounidenses vean como viable y realista.
Mientras tanto, y gracias a un estropicio de veredicto del Tribunal Supremo de Justicia –que declaró que las corporaciones son “personas” con el mismo derecho a la libertad de expresión que las humanas–, en este ciclo electoral los ríos –o más bien los torrentes– desmadrados de dinero están convirtiendo a las campañas en una competencia de enchastres.
Tradicionalmente ha habido dos canales para la expresión electoral de partidos y candidatos: el partido mismo –que debe ocuparse no sólo del candidato presidencial sino de los candidatos al Congreso, y a gobiernos, legislaturas y municipios de los estados–, y la organización de campaña del candidato en sí. La propaganda la han manejado o el comité nacional de cada partido o el comité de campaña.
Como consecuencia del fallo (o falla) del Supremo, este año entran a la cancha grupos anónimos, millonarios que dan su nombre o sólo su dinero a escondidas, asociaciones empresariales, corporaciones y grupos de interés que son capaces de movilizar más dinero que los partidos y los comités de elección combinados.
Esta semana una encuesta del diario The Wall Street Journal y la cadena nbc de televisión mostró que entre votantes registrados Obama tiene un 43 por ciento de apoyo y Romney un 40. Eso da al presidente una ventaja un poquito por encima del margen de error, y es coherente con las distancias que esa encuesta ha registrado por casi un año.
Obama ha decepcionado a sus aliados más militantes que lo llevaron a la presidencia en 2008, sin que su traslado al centro le haya ganado mucho terreno entre la derecha. Romney todavía no se ha ganado al sector más militante entre los conservadores, cristianos reaccionarios que recuerdan que el ex gobernador promulgó en Massachusetts una ley de reforma del sistema de salud similar a la promulgada por Obama. Para los reaccionarios, la reforma sanitaria de Obama es puro comunismo, y el hecho de que Romney promulgó el borrador no le ayuda con ese segmento del electorado.
En el medio está la mayoría de los votantes: los demócratas centristas, los independientes, los republicanos sensatos (que los hay, aunque su partido luzca hoy delirante).
Es en esa porción mayoritaria del electorado que las campañas de avisos negativos y los constantes ataques personales han generalizado un disgusto que, en la encuesta de wsj/nbc, se ve al alza.
La opinión favorable a Obama ha subido del 47 por ciento en junio al 49 en julio, y la opinión desfavorable ha pasado del 38 al 43. El 33 por ciento de los encuestados tiene una opinión muy positiva del presidente pero el 32 tiene una opinión muy negativa, lo cual es el nivel de repudio más alto que haya tenido Obama.
En el caso de Romney la opinión favorable es ahora del 35 por ciento, mientras que el 40 por ciento de los encuestados tiene una opinión desfavorable, y el 24 tiene una opinión muy negativa, lo cual es también el nivel más alto de disgusto que haya generado Romney.
Lo que las encuestas no aclaran es si estos niveles de disgusto del electorado son directos –el resultado de la opinión que el posible votante tiene acerca de las cualidades, virtudes y defectos de uno u otro candidato– o el producto de la estridente campaña de avisos negativos. En otras palabras, tal vez las encuestas muestren que la propaganda negativa sí da resultados.
ANTES DE LA CURVA. Recién a comienzos de agosto la campaña entrará en la curva final de esta carrera en la cual están en juego la presidencia de Estados Unidos, un tercio del Senado, la totalidad de las bancas en la Cámara de Representantes y numerosos gobiernos y legislaturas de los estados.
Las campañas y los partidos han recolectado cientos de millones de dólares, más cientos de millones de dólares que provendrán de los “comités de acción política”, lobbies, grupos de interés y otros menos decentes, de modo que los estadounidenses se preparan para un maremoto de propaganda, denuncias, escándalos fabricados y quizá alguno cierto, mentiras y falsificaciones. Esta promete ser una de las campañas presidenciales más sucias desde la Gran Depresión.
La campaña entrará en la recta final después de las convenciones nacionales. El Partido Republicano tendrá la suya, en la cual se medirá el bochinche que puedan causar los sectores más reaccionarios que todavía no han digerido –pero bien pueden haber tragado para entonces– la candidatura de Romney que allí se hará oficial. Para entonces ya se conocerá al elegido por Romney como candidato o candidata para la vicepresidencia, y con eso se completará la fórmula para la contienda del martes 6 de noviembre.
Del 2 al 6 de setiembre el Partido Demócrata celebrará su convención nacional y coronará a Obama como candidato para la reelección, en la ciudad de Charlotte (Carolina del Norte), una sede de dudosa conveniencia donde la oposición sureña al presidente mulato podría expresarse de manera también bochinchera.
Luego habrá tres debates entre Obama y Romney: el 3 de octubre en la Universidad de Denver, el 16 de octubre en la Universidad Hofstra, de Hempstead (Nueva York), y el 22 de octubre en la Universidad Lynn, de Boca Ratón (Florida). El vicepresidente Joe Biden debatirá con quien haya obtenido la candidatura vicepresidencial por el Partido Republicano el 11 de octubre en Centre College, en Danville (Kentucky). n