Brecha Digital

La construcción de una nueva frontera

Al costado del Mercosur y de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), en los últimos años se han consolidado dos alianzas estratégicas binacionales que están jugando un papel relevante en la remodelación del mapa geopolítico regional. Ambas pivotan en torno a Brasil. La alianza de Brasil con Argentina es conocida, pero la que se está soldando con Venezuela tiene un grado de profundidad sorprendente. Y poco conocido.

La Estrategia Nacional de Defensa de Brasil, aprobada en 2008 bajo el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, establece la necesidad del país emergente de defender a la vez la Amazonia y la Amazonia Azul, es decir la región de mayor biodiversidad del planeta y los nuevos yacimientos de petróleo descubiertos en la plataforma marítima bajo una gruesa capa de sal (el llamado Pré-Sal), que convierten al país en potencia energética. Eso supuso acelerar los planes de la Marina para que ya en la presente década sea capaz de botar submarinos convencionales y en la próxima comenzar a utilizar submarinos nucleares, algo que sólo cinco países del mundo están en condiciones de hacer.

La nueva disposición estratégica fue de la mano de la superación de la vieja enemistad entre Brasil y Argentina, que suponía que la hipótesis de conflicto estaba centrada en la frontera sur, donde estaban asentados los mayores contingentes militares del país norteño. La alianza entre ambas naciones del Mercosur fue consolidada por los presidentes Lula y Néstor Kirchner en 2005, teniendo como base que la industria de uno no afecte a la del otro y como objetivo mayor, definido por el entonces segundo de Itamaraty, Samuel Pinheiro Guimarães, la construcción de un acuerdo de larga duración capaz de arrastrar al resto de la región a la integración política y económica.
Sin embargo, el golpe contra Fernando Lugo en Paraguay puso en evidencia que las relaciones entre Brasil y Venezuela adquirieron un grado de solidez impensado años atrás. Y que abarcan todos los planos: desde la integración energética hasta la productiva, con especial énfasis en los recursos del subsuelo. Más aun: para los estrategas brasileños se trata de la salida al Caribe de la potencia emergente.

EL ARQUITECTO. Cuando Lula llegó al gobierno, en 2003, se produjo un salto cualitativo en las relaciones bilaterales. En 2005 se definió la Alianza Estratégica Brasil-Venezuela y en 2007 comenzaron los encuentros presidenciales trimestrales –algo inédito que muestra el grado de importancia de la alianza–, que se prolongaron hasta 2010 para profundizar una alianza que incluye la integración de infraestructura y la complementación productiva. Este tipo de complementación permite asegurar que los acuerdos van más allá de las alianzas clásicas, y que desborda lo definido en la otra alianza estratégica que tiene Brasil en la región, con Argentina.
Uno de los principales resultados de esta política de acercamiento entre Brasilia y Caracas fue un fuerte aumento del comercio. De los 800 millones de dólares que intercambiaban en 2003 se pasó a 5.000 millones en 2011. Lo novedoso es que ambos países estrecharon vínculos institucionales con asesorías en políticas públicas, cursos de formación que incluyeron la instalación del prestigioso centro de pensamiento e investigación que es el Instituto de Investigaciones Económicas Aplicadas (ipea) y de Embrapa (empresa estatal de investigación agropecuaria) en Caracas.
Quizá una de las decisiones de mayor envergadura estratégica fue la de sustituir uno de los ejes de integración de la Iniciativa para la Integración de Infraestructura de la Región Sudamericana (iirsa), el eje Escudo Guyanés, por el eje Amazonia-Orinoco, donde se implementan proyectos de “desarrollo integral” que son “el paradigma brasileño de cooperación Sur-Sur”, como señala el ipea. Entre las acciones definidas figura la integración del sistema de transporte terrestre, fluvial y aéreo, la integración energética eléctrica y la posible construcción del postergado Gasoducto del Sur para interconectar Venezuela, Brasil y Argentina.
En el mediano plazo el objetivo consiste en establecer la interconexión de las cuencas del Amazonas y el Orinoco y la formación de un “espacio económico común” en el norte de Brasil y el sur de Venezuela, un espacio de “importancia geoestratégica”, según el relatorio del ipea de mayo de 2011. El análisis destaca “la cantidad y calidad” de los recursos que posee la región, entre los que se incluye la biodiversidad, las cuencas hidrográficas, energía y mineral de hierro, que “despiertan diversos intereses y enfrentan una creciente complejidad de actores”.
El análisis del centro de pensamiento y planificación de Brasilia apunta que el eje Amazonia-Orinoco “crea una nueva frontera de aproximación de Brasil con los países de la cuenca del Caribe en un contexto en que la política externa para la integración regional amplía su área de actuación de América del Sur hacia otras regiones de América Latina y del Caribe”. La “nueva frontera” aparece ligada a la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, impulsada por Brasil en el mismo período.

RECURSOS NATURALES. En un lenguaje indirecto los estrategas brasileños insinúan las razones de fondo de esta alianza: Venezuela es la primera reserva de petróleo del mundo, la tercera de bauxita, la cuarta de oro, la sexta de gas natural y la décima reserva de hierro. En el estado brasileño de Roraima, fronterizo con Venezuela, se encuentran a su vez las mayores reservas de oro, niobio y estaño del mundo, además de importantes yacimientos de torio, cobalto, molibdeno, diamantes y titanio, según el Inventario Mineral del Escudo Geológico de Roraima, realizado por el Ministerio de Minas y Energía brasileño en 2003.
Lo más importante –y lo no dicho– es que esa región alberga los mayores yacimientos de uranio del mundo, compartidos por Brasil, Venezuela y la Guayana Esequiba, zona en disputa desde 1966 entre Venezuela y la República Cooperativa de Guyana, ex Guayana británica. Desde 2009 empresas canadienses explotan yacimientos de uranio en esa región, algo que no es visto con buenos ojos por Caracas ni por Brasilia.
La alianza estratégica tejida bajo el gobierno de Lula busca darle mayor densidad económica, demográfica y política a una de las zonas de mayor importancia geoestratégica del continente. En primer lugar, se trata de una alianza integral, que aborda desde la integración productiva en agroindustria, construcción civil, minerales y metalmecánica hasta la infraestructura y la formación de cuadros, pasando por la cooperación entre las zonas francas de Manaus y Puerto Ordaz,
Para ambos países “ocupar” la zona fronteriza es una respuesta al Plan Colombia (o sea al Comando Sur de Estados Unidos), cuya zona de expansión “natural” es precisamente la Amazonia y de modo particular la cuenca de los ríos Orinoco y Amazonas, además de la región andina.
Venezuela tiene además una fuerte relación económica con China y se abastece de armamento ruso, pero ninguno de esos vínculos son excluyentes respecto de su alianza con Brasil. Sin embargo, buena parte de las relaciones económicas de Brasilia con Venezuela descansa en las multinacionales brasileñas de la construcción, como Odebrecht, que realiza importantes obras en el país bolivariano. Este es uno de los talones de Aquiles de la “alianza estratégica”, que contrasta vivamente con el tipo de cooperación que realiza China, apuntando a la creación de empresas estatales sino-venezolanas con transferencia de tecnología y a la creación de equipos gerenciales y técnicos que benefician al país.

LA PROFUNDIZACIÓN. Las relaciones entre Brasil y Venezuela se han estrechado en 2011. El 6 de junio la presidenta brasileña Dilma Rousseff recibió a su par venezolano, Hugo Chávez, y reafirmó la alianza estratégica entre ambos países. Además de firmar acuerdos para profundizar la cooperación en áreas como petróleo, ciencia y tecnología, Rousseff dijo que la alianza entre Petrobras y pdvsa (las dos petroleras estatales) seguirá adelante. Luego del petróleo, la prioridad está fijada en la zona fronteriza, que en opinión de la presidenta brasileña “merece una política e iniciativas de interconexión de nuestros sistemas, sean ellos eléctricos, de televisión, carreteras y de integración de las cadenas productivas” (Agencia Brasil, 6 de junio de 2011). La Zona Franca de Manaos (Brasil), con sus 450 industrias, algunas de ellas de alta tecnología, es la fuerza que impulsa el desarrollo de cadenas productivas complementarias en ambos países, según el ipea.
La instalación del ipea en Caracas fue un paso decisivo en las relaciones bilaterales. Un acuerdo de agosto de 2010 detalló las atribuciones de la misión: estrechar vínculos institucionales con organizaciones gubernamentales y de investigación de Venezuela, asesorar en políticas públicas, organizar cursos de formación en políticas de planificación, organizar estudios y seminarios para impulsar la integración del norte de Brasil y el sur de Venezuela, así como realizar investigaciones sobre la integración regional.  
Brasil está contribuyendo a promover el desarrollo industrial de Venezuela para que ésta disminuya su dependencia de las exportaciones de petróleo, de las importaciones del 70 por ciento de los alimentos que consume y de la mayor parte de los productos industrializados, a través de la articulación de sus respectivas cadenas productivas.
Se busca que Venezuela sea proveedora de insumos industriales para el norte de Brasil, de modo que se vayan creando cadenas industriales complementarias en la zona fronteriza en sectores como metal-mecánica, agroindustria y vidrio. Se procura la ampliación de la producción de coque en la Faja Petrolífera del Orinoco, producto que Brasil importa en grandes cantidades, además de la exportación de fertilizantes (fosfatados, nitrogenados y sales potásicas) que la agroindustria de Brasil necesita.
La integración de la región fronteriza y la cooperación binacional pueden jugar un papel en la consolidación del proceso bolivariano, más allá de lo que suceda con el gobierno de Hugo Chávez. La doble alianza de Brasil con Argentina y Venezuela está mostrando la potencia suficiente como para neutralizar a cualquier potencia externa y para atraer a los demás países sudamericanos. En este punto, bien vale subrayar las diferencias entre la trayectoria brasileña, ascender en un marco de paz y consenso, y la de otras potencias hegemónicas que escalaron la cima mediante guerras e invasiones.

Los BRICS en Venezuela
La mirada del Norte

En 1998 los países del grupo brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) representaban el 5 por ciento de las importaciones venezolanas, en tanto Estados Unidos alcanzaba el 43 por ciento. En 2010 los brics habían trepado al 21,5 por ciento, en tanto la participación estadounidense había caído al 31 por ciento.  Un virtual empate y un cambio de tendencia. Parece evidente que la reconfiguración de las relaciones económicas está impulsada por el posicionamiento político del país y no quedó librada a los impulsos del mercado.
Un artículo del Miami Herald del pasado 9 de julio asegura que Hugo Chávez está sacrificando la soberanía venezolana, en particular por su alianza económica con China. Evan Ellis, profesor del Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa, asociado al Pentágono, asegura que los verdaderos dueños de pdvsa son los bancos chinos, cuya presencia en el país cuestiona, como si antes no hubiera existido una pesada dependencia venezolana de Estados Unidos.
Al parecer, lo que molesta a Washington es que algunas de las áreas concedidas a China pertenecían a empresas extranjeras que fueron presionadas a salir del país por el gobierno venezolano. Gran parte de los préstamos, apunta el rotativo, son descritos como ventas a futuro de crudo bajo condiciones muy favorables para el país asiático, que inicialmente fueron empleadas para el gasto corriente del gobierno, pero luego estos recursos comenzaron a ser asignados a proyectos específicos, algunos de los cuales están siendo ejecutados por corporaciones chinas, lo que constituiría un doble beneficio para el país asiático.
Pero lo más impactante en la mirada de Evans es cómo observa la presencia china en la región, aunque por ahora la focaliza en Venezuela: “En la era de la globalización, tener como consejeros a banqueros chinos es el equivalente a tener los consejeros militares de la Unión Soviética en Cuba y Nicaragua durante la Guerra Fría”. n

Comentarios   

 
0 #1 ocarica 31-07-2012 22:55
contruccion de nuevas...
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