Chávez con ventaja
- Última actualización en 10 Agosto 2012
- Escrito por: Fernán Chalmeta
El 1 de julio, a golpe de corneta en las plazas centrales de los pueblos y ciudades de Venezuela, el Comando Carabobo, el equipo de campaña de Chávez, saludaba el inicio formal de la campaña presidencial. La contienda, que culminará el 7 de octubre, vendrá seguida de regionales en diciembre y municipales en abril de 2013.
Aunque sean cinco candidatos y dos candidatas los inscritos en el Consejo Nacional Electoral (cne), el organismo del Estado responsable de organizar y arbitrar la contienda, ésta se dirime realmente entre el actual presidente bolivariano y el candidato de la Mesa de la Unidad Democrática, Henrique Capriles Radonski. El primero abrió su campaña con un impresionante acto de masas en el centro del país. El segundo, en uno de los lugares más alejados de la capital, en una comunidad indígena. Capriles, hijo de la más rancia elite capitalina y apoyado por importantes grupos económicos, como Empresas Polar, estaba de hecho en precampaña desde diciembre de 2011. Hoy difumina su propuesta e intenta mimetizarse con los avances y políticas sociales chavistas y reapropiarse de los discursos bolivarianos.
Donde marca la diferencia es en su imagen: una cuidadosa puesta en escena de candidato joven y outsider centrada en la movilidad –llegó corriendo a su inscripción en el cne, el 10 de junio, para resaltar su buena salud– y la cercanía a los sectores populares, yendo a sus barrios. Para la politóloga Rita Maestre, desde una estrategia electoral reactiva Capriles apuesta por rentabilizar el desencanto de los sectores populares ante las expectativas no satisfechas y el cansancio ante el crónico mal funcionamiento de la administración y los servicios públicos.
En ese sentido –además de la rampante corrupción y burocracia–, los recurrentes cortes eléctricos y la crónica inseguridad son elementos que erosionan fuertemente el apoyo popular al gobierno. Aunque tuvo una recaída en marzo pasado, con varias sesiones de quimioterapia incluidas, Chávez asegura estar ya curado de su cáncer. Para él son las terceras presidenciales, que ha transformado en referéndum del proceso bolivariano.
{restrict}Además de su carisma y del cariño que despierta en los sectores populares, cuenta con la valoración favorable de las Misiones Sociales –que aseguraron el derecho a la alimentación, salud y educación–, reimpulsadas con las recientes Grandes Misiones en torno al empleo, a la vivienda y contra la inseguridad. Éstas son la punta de lanza de un abanico de medidas socioeconómicas y leyes desplegadas en el último año, como la ley orgánica del trabajo, aprobada el 1 de mayo, que regulará las relaciones laborales. Destacan, además de la ampliación de la cobertura de la seguridad social a sectores tradicionalmente marginados, la presentación de un plan de Estado sobre seguridad y el despliegue del nuevo modelo policial pro derechos humanos. Medidas de amplio impacto social que le aseguran una iniciativa apuntalada por cierta audacia política: en vez de un clásico programa electoral, ha presentado un documento para debatir.
Sin embargo, los intentos por ampliar el campo político del chavismo hacia los sectores indecisos, indiferentes a la política o reacios a la hegemonía del Partido Socialista Unido de Venezuela (psuv), no terminan de concretarse: así, el Gran Polo Patriótico, una especie de frente amplio donde debían visibilizarse políticamente los contenidos de actores sociales como las comunidades afrodescendientes, sexodiversas, campesinas, las organizaciones y poderes populares, por ahora no ha tenido más recorrido que su mera presentación electoral.
Las encuestas describen casi unánimemente una holgada ventaja de Chávez –de casi 20 puntos– sobre su contrincante.* Sin embargo éste, desde una imagen de buen gestor lograda en la gobernación de Miranda, el segundo Estado con más peso poblacional, y confiado en las concentraciones masivas que le acompañan en sus actos, se presenta como virtual presidente y quiere dar “la guerra de encuestas”. Para Roberto Vasques, analista electoral, el comando electoral opositor “jugará, como en las elecciones que le dieron recientemente la presidencia a Manuel Santos en Colombia, a la profecía autocumplida de la reversión de tendencias. Gracias a su dominio de los medios de comunicación, hablarán de que Capriles empieza a subir en las encuestas, y esperando un efecto bola de nieve, buscarán posicionar socialmente esa percepción para empujar a indecisos y el voto pragmático, hasta lograr alterar las intenciones de voto”.
Desde el chavismo también se denuncia que la oposición juega a dos barajas: paralelamente a su campaña, difunde la idea de un posible fraude para poder impugnar una victoria electoral chavista, abriendo escenarios de desestabilización. Según el sociólogo Javier Biardeau, la oposición podría intentar un “no reconocimiento electoral” de la victoria de Chávez “en regiones clave”, sus importantes bastiones electorales, en los que muy posiblemente revalidará su mayoría, conformando “la posibilidad de un escenario de fractura en el país”, o al menos desarrollando “un cronograma de acciones en espiral que conduzcan a un punto crítico o estallido”.
Para alimentar la “matriz del fraude”, además de deslegitimar al cne, la oposición no ceja en recordar que el gobierno venezolano ha encajado derrotas en las elecciones regionales de 2008 y las legislativas de 2010. Así, el chavismo transformador necesita una contundente victoria en las presidenciales del 7 de octubre para conservar la legitimidad necesaria que le permita profundizar el proyecto social y mantener las correlaciones de fuerzas en las regionales. n
* La última, del Instituto Venezolano de Análisis de Datos, realizada entre el 5 y el 15 de julio y difundida a fines de mes, da al actual presidente 52,3 por ciento de la intención de voto, contra 32 por ciento de Capriles.
(En Uruguay, exclusivo para Brecha.)/restrict}

