Brecha Digital

Ensartados

Con más de cinco millones de desocupados y previsiones de que la economía siga en picada varios años más, España volvió a acatar las órdenes de Bruselas. Este es el cuarto ajuste que Mariano Rajoy aplica desde que asumió el gobierno. Como catedrática emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona, Miren Etxezarreta es una de las principales críticas a las políticas de ajuste impuestas por los grandes agentes económicos y la Unión Europea, y aceptadas “gozosamente” por los gobiernos españoles desde que estalló la burbuja financiera.

—¿Por qué asistimos a una sucesión de crisis?
—Esto es algo que sucede regularmente en el capitalismo. La crisis más importante fue la de 1929, pero lo cierto es que, desde los años setenta, hubo sucesivas crisis. Mi argumento es que si hay capitalismo es imposible que no haya crisis. En el período que va del 45 al 75 se creyó que habíamos aprendido a resolver el tema de las crisis, pero en los años setenta se demostró que no había sucedido tal cosa, y desde entonces no ha dejado de haber crisis.
—La crisis que estalla en 2007-2008 fue objeto de distintas interpretaciones y, consecuentemente, tomó distintos nombres. ¿Usted cómo la definiría?
—Lo que se inicia en 2008 es la explosión de la burbuja financiera, con muchos otros elementos: una disminución de los salarios de la población activa
–aspecto que generalmente se olvida– y una relación importante de exceso de capital financiero en relación con la economía real. La explosión de la burbuja financiera dio lugar más tarde a la crisis de la deuda. En Europa, lo que se considera “crisis de la deuda” está referido a una parte importante de la deuda pública y de la deuda financiera. La crisis de la deuda se inicia en una segunda etapa, a finales de 2009, porque las medidas de política económica que se toman para intentar salir al paso de la crisis causan un aumento de las deudas públicas. Eso se sumó a las deudas privadas que ya existían. A mí no me parece correcto sumar todas las deudas por igual.
—¿Por qué?
—Porque una deuda pública correspondería a todo el país. En cambio las deudas privadas pertenecen a instituciones privadas: empresas o bancos. No me parece ni correcto ni legítimo igualar las dos deudas, creo que eso se hace para justificar las medidas destinadas a resolver el problema de la deuda privada, cuando eso lo tendrían que resolver las propias instituciones privadas.
—¿Cómo analiza la relación entre lo público y lo privado en el marco de esta crisis de la deuda?
—La crisis financiera se plasma en una crisis económica, afectando también al sector real de la economía. Para intentar paliar esta crisis (y pagar la deuda privada), los estados incurren en una deuda importante. Para que esto pase más desapercibido y la opinión pública lo acepte, se presenta la deuda como un bloque. Entonces, la deuda pública es consecuencia de la crisis financiera y de la crisis económica anterior.
—Usted afirmó estar de acuerdo con salvar al sistema financiero, pero aclaró que ello no significa necesariamente salvar a los bancos. ¿Por qué?
—Este no es un salvataje dirigido a resolver el problema de la financiación de la economía, que se hubiera podido hacer de otra manera, a través de una banca pública, por ejemplo. Todo el salvataje se ha hecho orientado a potenciar y favorecer los intereses del capital financiero, capital dominante en esta etapa del capitalismo. Por eso creo que es ilegítimo decir que hay que salvar al sistema financiero y recurrir, para ello, a medidas que favorecen a los propietarios del capital.
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