Brecha Digital

El destino americano de Julian Assange

Desde que el 19 de junio pasado se refugiara en la embajada de Ecuador en Londres para evitar ser extraditado a Suecia diez días después, Julian Assange, el fundador de Wikileaks, dice que no teme tanto a una condena en Estocolmo sino a que el país nórdico se convierta en apenas una escala hacia Estados Unidos.

Dicen algunos de sus colaboradores que cuando Julian Assange comenzó a ver cómo se perfilaba su caso en los tribunales suecos, hace dos años, intuyó que algo más pesado se estaba tramando en su contra. No porque sospechara que las dos mujeres que lo habían denunciado en agosto de 2010 ante un juzgado de Estocolmo por agresión sexual estuvieran embarcadas en alguna conspiración “rara” en su contra, sino por la actitud de la policía y la fiscalía suecas.
Desde que unos días después de haberse acostado con el australiano, las dos muchachas presentaran denuncia en su contra por haber mantenido relaciones sexuales sin preservativo, la fiscalía sueca había cambiado tres veces de parecer sobre el caso en menos de un mes, sin que entre un cambio y otro mediaran nuevas informaciones: lo que merecía en principio ser cerrado por falta de pruebas terminó luego siendo considerado suficientemente sólido como para sustentar una acusación. Incluso a pesar de una de las propias acusadoras, que levantó su denuncia, según sugirió después, por el color que estaba tomando el affaire y por la insistencia de la policía en encontrar “algo”, lo que fuera, contra el australiano. Assange, desliza uno de sus biógrafos (véase nota de Roberto López Belloso), tomó entonces conciencia de que quienes lo perseguían habían hallado el motivo, la forma y el lugar propicios para golpearlo.

 

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Suecia es conocida por ser uno de los países más apegados a la defensa de los derechos humanos en Europa. Pero es menos conocida por tener un tratado bilateral de extradición con Estados Unidos que figura entre los más adaptados a las demandas washingtonianas de cooperación internacional en la “lucha contra el terrorismo”. Ese tratado, según informó esta semana el abogado de Assange, el ex juez español Baltasar Garzón, comprende una cláusula temporal de rendición, de vía rápida y sin salvaguardas, de alguien acusado de terrorismo.
En una carta de apoyo a Assange hecha pública esta semana, los cineastas estadounidenses Michael Moore y Oliver Stone recuerdan que en 2001 Suecia sirvió en bandeja a la cia a dos refugiados egipcios que fueron trasladados a El Cairo, entonces fiel aliado de Washington, y torturados en las prisiones de Mubarak. Suecia podría, según Garzón, hacer más fácilmente que Gran Bretaña la “tarea sucia” de entregar a Assange a Estados Unidos. “No creo que Gran Bretaña esté en condiciones de enfrentar directamente una extradición basada exclusivamente en lo que ha sido el fenómeno Wikileaks. Sería bastante costoso para ella afrontar, con Julian Assange en Londres, un proceso de esos.” No tanto para Estocolmo, sugirió el español.
Garzón maneja también que en Estados Unidos ya hay armada una causa contra Assange. A comienzos de este año la propia Wikileaks puso a disposición de varios medios de prensa comunicaciones internas, vía correo electrónico, de la empresa de inteligencia y seguridad Stratfor. En español, aparecieron entre febrero y marzo en el diario Público. En uno de esos mails el vicepresidente de Stratfor, Fred Burton, que fuera director del departamento de contraterrorismo del servicio de seguridad diplomática del Departamento de Estado, admitía que la acusación formal de la justicia estadounidense contra Assange estaba “formalmente sellada” en un gran jurado desde un año atrás. Burton pedía a sus colegas que se mantuvieran “discretos” al respecto, ya que “sonaría mal” que la justicia estadounidense apareciera alineada con el gobierno.

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