Cuando la mano del mercado tiene Parkinson
- Última actualización en 21 Septiembre 2012
- Escrito por: Santiago Fló
La principal diferencia del análisis económico –siempre dentro de este enfoque común sustentado en el crecimiento– ha estado dada por lo que en cada momento de la historia parecía ser la fuente de riqueza de la sociedad. Para los fisiócratas ésta era la tierra, para los mercantilistas el comercio, para la economía clásica el trabajo y posteriormente el capital, que en realidad no es sino trabajo pretérito acumulado. En palabras de Marx: “el capital es trabajo muerto que necesita vampirizar al trabajo vivo para resucitar” (El capital, capítulo 8). Arribada la sociedad a un estadio en el que parecía (para muchos así parece todavía) que los límites al crecimiento eran inexistentes, el origen material de la riqueza dejó de ser un asunto de interés, centrándose éste cada vez más en el mercado, en lugar de en la tierra o las fábricas. La economía neoclásica revivía, pues –aunque de forma menos explícita–, la sesgada si no absurda idea del mercantilismo: que el intercambio de bienes y servicios es la fuente de los mismos bienes y servicios.
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