Las nuevas religiones a las puertas del poder

En dos semanas serán las elecciones municipales en Brasil, que se presentan muy complicadas para el principal partido del gobierno. El pt podría perder en ellas feudos históricos y quedar muy relegado en ciudades clave, como San Pablo. La principal ciudad sudamericana, capital de un estado de 42 millones de habitantes que concentra un tercio del pbi nacional, es precisa-mente centro de un fenómeno novedoso: al frente de su alcaldía bien podría colocarse un candidato de las iglesias pentecostales, una paradoja en “la” metrópoli de un país que se proclama moderno y se postula entre la elite de las potencias emergentes.

 

“Nas ruas, junto do povo”, es uno de los lemas de la campaña de Russomanno, favorito para ganar la alcaldía de San Pablo. Con esa consigna, que parece calcada de las que defendía la izquierda hace tres décadas, el presentador de programas televisivos ha sido capaz de dejar atrás en los sondeos a sus rivales de los dos principales partidos de Brasil: José Serra, de la socialdemocracia (psdb), y Fernando Haddad, del pt, apoyados por Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva respectivamente.

Un mes antes de las municipales del 7 de octubre, Russomanno dio el batacazo al superar a Serra, hasta ahora el más firme candidato a ocupar el gobierno de la primera ciudad brasileña. En julio Serra llevaba la delantera con el 30 por ciento, según Datafolha, seguido de Russomanno, con el 26, mientras Haddad apenas alcanzaba el 7 por ciento de las intenciones de voto. Un mes después, Serra cayó al 21 por ciento, mientras Russomanno trepaba al 35 y Haddad alcanzaba el 16.
Russomanno se siente a sus anchas recorriendo las calles paulistas, conversando con amas de casa y jóvenes, subiéndose a una moto en el sindicato de los motoqueros o participando en un culto junto a los pastores pentecostales. “Voy a continuar luchando con humildad y determinación, lo que me motiva y me da fuerza es el cariño que recibo en las calles”, dice este hombre trajeado de 56 años, siempre sonriente, que hace de la seguridad (plantea por ejemplo construir una iglesia en cada esquina para contener a la delincuencia) uno de sus caballitos de batalla.
Durante veinte años Russomanno fue la cara visible de los consumidores en la televisión, en el programa Aquí ahora lanzado en 1991, en pleno ascenso del neoliberalismo. El pentecostal alcanzó enorme popularidad como defensor de los derechos de los consumidores, enfrentando a los ciudadanos defraudados por las empresas en un cara a cara que en ocasiones desembocaba en agresiones físicas. Su papel era el del abogado que busca un acuerdo entre partes, visibilizando el abuso a que eran sometidos los consumidores, en general de bajos recursos y sin acceso a los medios.
Russomanno se inició en la política en 1985 como miembro del derechista Partido del Frente Liberal. Desde 1995 fue diputado federal, primero por el psdb y luego por el Partido Progresista, de Paulo Maluf, del que se separó en 2011 para afiliarse al Partido Republicano (prb), hegemonizado por la Iglesia Universal del Reino de Dios, que forma la base de apoyo de los gobiernos del pt.

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Alerta roja en el PT

Eric Nepomuceno
Desde Rio de Janeiro

Las tensiones en el Partido de los Trabajadores crecen a medida que los sondeos muestran que varias candidaturas en importantes reductos del partido no logran despegar. Suenan alarmas en San Pablo, Belo Horizonte, Salvador de Bahía y Porto Alegre. Las encuestas más recientes indican que el partido surge como favorito solamente en una capital, Goiania, del estado de Goiás, de escasa importancia en el mapa político nacional. Mientras, la principal agrupación opositora, el Partido de la Social Democracia Brasileña (psdb), y uno de los estratégicos aliados del gobierno, el Partido Socialista Brasileño (psb), se insinúan como los más propensos a conquistar un número mayor de capitales que el pt y su principal y más influyente socio, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (pmdb). La simple suma de capitales no tendría mayor relevancia si el pt lograse asegurar el control de algunas de las más importantes, pero lo que se ve no permite ninguna esperanza. Al contrario: en ciudades donde Lula da Silva y la presidenta Dilma Rousseff se involucraron de manera directa, como Recife, Belo Horizonte y muy especialmente San Pablo, el escenario no tiene nada de alentador.
En al menos dos capitales importantes, Belo Horizonte, en Minas Gerais (provincia natal de Dilma), y Recife, en Pernambuco (provincia natal de Lula), los sondeos indican que el pt corre el riesgo de ver alterarse el equilibrio de fuerzas dentro de la alianza del gobierno nacional. En Pernambuco, el candidato del gobernador Eduardo Campos, del psb, derrotaría con contundencia al de Lula. Y en Belo Horizonte, el mismo psb aparece aliado al principal partido de la oposición, el psdb del ex gobernador Aécio Neves, que desde ya se lanza como postulante a la presidencia para 2014. Aquí hay que observar dos puntos. Primero: la muy posible derrota de José Serra, del psdb, en San Pablo, servirá para consolidar, con gran anticipación, la candidatura de Neves. Segundo: el fortalecimiento del psb agrandará la figura de Eduardo Campos. Derrotar de un solo golpe a la principal figura del pt y a la presidenta del país puede brindar a Campo fuerzas suficientes para trazar un nuevo diseño en cuanto a sus pretensiones para 2014. Muchos analistas ya prevén que el joven gobernador pretenderá ser el candidato a vice de Dilma, desplazando al pmdb. En caso de que no lo logre, tiene dos opciones, todas desagradables para el pt: aliarse al candidato de oposición, Aécio Neves, o, en un drástico cambio de escenario, con el empeoramiento de las condiciones económicas, lanzarse él mismo como postulante, disputando con Dilma.
La situación de Dilma es complicada dentro de su partido. Se resistió con determinación, hasta ahora, a participar en actos públicos de apoyo tanto a Fernando Haddad, candidato en San Pablo, como del ex intendente y ex ministro de Lula Patrus Ananias, en Belo Horizonte. Esa resistencia tiene una explicación obvia: no unir su figura y su cargo a la imagen de dos candidaturas en difícil situación. El problema es que nadie puede asegurar que los dos lleguen a esa segunda vuelta. Y en una y en otra ciudad no pasar a la segunda vuelta será, para el pt, una derrota mucho más desastrosa que llegar y luego perder en el escrutinio final.

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