“Vuestro papel es hacer realidad el sueño europeo. Viva la amistad franco-alemana”, dijo el presidente francés François Hollande en alemán. “Viva la juventud franco-alemana. Viva la juventud europea”, exclamó la canciller alemana Angela Merkel en francés. Al expresarse cada uno en el idioma del otro, los dos dirigentes buscaban reafirmar la vocación europeísta que los anima en el mismo escenario donde Charles de Gaulle se dirigió a miles de jóvenes alemanes el 9 de setiembre de 1952, la pequeña ciudad alemana de Ludwigsburg. Era entonces la primera visita de un presidente francés a la Alemania recién derrotada en la Segunda Guerra Mundial, y su discurso en alemán entusiasmó a los jóvenes. Justo 60 años después, los principales dirigentes de los dos más importantes países de Europa continental quisieron mostrar que los sigue inspirando idéntica voluntad de caminar juntos, dejando de lado diferencias y rencores, para seguir edificando una poderosa Unión Europea.
UNA NUEVA EUROPA. El diario británico The Guardian difundió el 18 de setiembre los contenidos de un documento de 12 páginas elaborado por los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, a instancias del ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle, que sintetiza “nueve meses de lluvia de ideas sobre el futuro de Europa”.
Cinco de los seis principales países de la Unión, con excepción de Gran Bretaña, piden una “revisión radical de las políticas europeas de relaciones exteriores y defensa para crear un nuevo y poderoso ministerio paneuropeo y la votación por mayoría de la política exterior común para eludir el veto británico, crear un posible ejército europeo y un mercado único de industrias de defensa”.
Según la información, el impulso fue alemán, aunque el contenido parece neogaullista, y contempla la posibilidad de elegir presidente europeo por voto directo. Los patrocinadores de esta nueva orientación, que en los hechos apuesta a una profundización de la unidad europea, son Alemania, Francia, Italia, España y Polonia, dejando de lado a Gran Bretaña, lo que, según The Guardian, “aumentará la presión para su salida de la Unión Europea”.
La decisión de crear un nuevo y poderoso ministerio común europeo busca destrabar las largas y tediosas negociaciones que implica llegar al consenso entre 27 o 28 países. Como señaló el analista europeo del diario londinense Ian Traynor, se trata de “un camino para salir de la crisis a través de una mayor integración” que en los hechos deja a Londres “mirando el proceso político europeo desde el banquillo”.
Pero la profundización de la Unión no quedará focalizada en las relaciones internacionales. Dos temas ocupan estos días a los presidentes de Francia y Alemania: la creación de un organismo de supervisión bancaria común y los planes de fusión anunciados días atrás por las dos mayores empresas de defensa europeas, la eads y la británica bae Systems.
La fusión entre ambas crearía un gigante aeroespacial mayor que la estadounidense Boeing, ya que alcanzaría los 220 mil empleados y facturaría 73.000 millones de dólares anuales. La firma británica se ha visto afectada por la reducción del presupuesto de Defensa de su principal cliente, Estados Unidos, lo que enseña las grietas que se abren en la alianza transatlántica en momentos de crisis económica y viraje geopolítico.
Según los analistas del Laboratorio Europeo de Anticipación Política (leap), la sobrevivencia de bae Systems estaría amenazada porque su facturación depende en un 20 por ciento del mercado esta-
dounidense, que a plena crisis de empleo se vuelca en las empresas locales, y por el recorte del gasto militar británico dado el enorme endeudamiento del país. El hecho de que la principal empresa británica de defensa deba recostarse en Europa, anticipa los giros en las alianzas globales (leap, 16 de setiembre de 2012).
ADIÓS AL AMIGO. Las elecciones francesas fueron un punto de inflexión que abrió las puertas a la introducción de cambios de largo aliento en el continente. De hecho, desde el triunfo socialista, que muchos interpretan como el retorno del mitterrandismo, se vive un clima distinto en Europa. “Eurolandia salió finalmente de su letargo político y del cortoplacismo a partir de la elección de François Hollande”, escribió el leap en su boletín mensual de junio, “lo cual desmiente todos los pronósticos de los medios de comunicación anglosajones y de los euroescépticos. A partir de ahora, Eurolandia (en realidad la Unión Europea menos el Reino Unido) podrá avanzar sin reparar en obstáculos y dotarse del verdadero proyecto de integración política, de eficacia económica y de democratización durante el período 2012-2016”.
Tres años de crisis y la amenaza, inminente por momentos, de implosión del euro, convencieron a las elites del continente de una doble necesidad: dotarse de mecanismos de gobernabilidad y tomar distancia del eje Washington-Londres que había configurado el núcleo del poder global junto a los aliados europeos. Si la gobernabilidad parece imprescindible para superar la crisis, tomar distancia de Estados Unidos es un tipo de decisión que no puede pronunciarse en voz alta, pero que se deduce del camino adoptado en los últimos meses.
Apenas un síntoma del nuevo clima fue el reciente discurso del canciller polaco Radek Sikorsk, en la conferencia Global Horizons en el palacio de Blenheim, cerca de Oxford el viernes 21. Aunque Polonia es aliada de Gran Bretaña y Estados Unidos, Sikorsk pidió a los primeros que abandonen su “euroescepticismo” y se involucren en la construcción europea. Fue más lejos al pedir al gobierno inglés que no socave la Unión Europea y que si se niega a colaborar “no espere que los ayudemos a arruinar o paralizar la Unión” (EU Observer, 24-IX-12).
Se trata, en efecto, de una nueva conciencia europea, lo que algunos denominan como un “segundo renacimiento” luego del nacimiento en la posguerra. Ni los dirigentes ni buena parte de la población olvida que fue una decisión de los principales banqueros de la City y de Wall Street la que lanzó el ataque especulativo contra el euro como forma de salvar la hegemonía del dólar.
“El ataque violento que sufrió la eurozona por parte de los que eran considerados sus aliados estratégicos, el Reino Unido y Estados Unidos, modificó radicalmente la percepción de los intereses vitales de Eurolandia, tanto para sus elites como para sus ciudadanos”, escribía el leap en febrero. “Los años 2010 y 2011 mostraron a los eurolandeses que sus aliados se encontraban, al menos, tanto en Moscú, Pekín, Nueva Delhi o Brasilia, como en Londres y Washington, al igual que el futuro de su desarrollo económico, tecnológico y comercial” (leap, 17-II-12).
Ahora el principal aliado de Washington corre el riesgo de quedar aislado, como afirmó el canciller polaco. Peor: según la calificadora Morgan Stanley, que asegura que para 2013 la deuda británica será superior a la de Grecia, la isla enfrenta una dura recesión y una probable rebaja de su actual calificación (cnbc, 25-IX-12).
Si nos atenemos a los análisis de los centros estratégicos europeos, que han venido anticipando con rigor los sucesos mundiales, en los próximos meses asistiremos a un rebrote de la crisis a niveles aun más destructivos que los de setiembre de 2008. En el horizonte aparecen algunos datos a tener en cuenta: la fragmentación del mercado financiero global en tres grandes zonas monetarias relativamente inconexas: dólar, euro y yuan (leap, 1-XI-11).
La segunda es la profundización de lo comentado arriba, o sea la pérdida de influencia de Estados Unidos en Europa. El leap incluso anticipa que para 2017 ya no habrá más soldados estadounidenses en suelo continental. La tercera es la alianza Unión Europea-brics como horizonte de colaboración a mediano plazo.
Franck Biancheri, quien trabajó junto a François Mitterrand en la década de 1980, sostiene que la cooperación entre Europa y los brics se encuentra en un “estado avanzado” en ámbitos como ciencia, tecnología y economía, “pero falta todavía un claro referente político-diplomático” capaz de impactar en el mundo. En su opinión, los nuevos rumbos que está tomando la Unión Europea le permitirán abordar junto a los brics y la mayor parte de los países del G-20 algunas cuestiones clave para superar la crisis en curso, como “un examen del papel del dólar y el control riguroso de las grandes instituciones financieras privadas” (MAP 6, mayo de 2012).