Brecha Digital

Sentando bases, o “la doctrina Obama”

Conductora de “Visión Siete Internacional”, un programa con años en la grilla de la tevé pública argentina, Luzzani acaba de editar su libro “Territorios vigilados”, una investigación sobre cómo opera actualmente el Pentágono en América Latina. “Estados Unidos está sembrando ahora un nuevo tipo de bases en el Sur, más pequeñas y disimuladas, pero con la logística necesaria para garantizar en pocas horas un gran despliegue de tropas”, dice.

En el prólogo de su libro, Luzzani agradece a quienes le ayudaron a entender mejor el tema militar. “A quienes sólo jugamos con muñecas en nuestra infancia siempre nos resultó un poco críptico el mundo castrense”, ironiza. La mención es sólo una ingeniosa cortesía, porque luego de trabajar durante décadas en la sección Internacionales del diario Clarín –medio del que decidió desvincularse cuando el gobierno argentino sancionó la llamada “ley de medios”– y de investigar durante dos años el modus operandi del Pentágono en la región, la conductora de Visión Siete Internacional puede dar cátedra sobre aviones espías, armamento pesado y los distintos rangos de los marines.
Luzzani inicia su libro sobre las bases del Comando Sur en Latinoamérica librando su propia batalla: contraatacar el discurso dominante, que intenta presentar como natural que Washington haya relegado su presencia en la región porque tiene otras prioridades políticas en su agenda exterior. Los primeros capítulos de Territorios vigilados recuerdan lecciones que vienen del fondo de la historia: “Estados Unidos nunca escatimó esfuerzos (ni su ‘poder blando’, al estilo del profesor Joseph Nye, ni sus métodos violentos al estilo del golpe militar chileno) para asegurarse el control de América Latina”. Después de estudiar “los documentos del Pentágono y de entrevistar a varios especialistas, logré trazar fronteras más precisas sobre las bases militares del Pentágono en el Cono Sur. De esa manera pude armar para el libro dos tipos de mapas: uno grafica la presencia de los marines en Centroamérica y otro discrimina, con más detalle, las bases del Comando Sur en Sudamérica”, adelanta Luzzani a Brecha, mientras revuelve algo dispersa un té con limón recién servido y, acto seguido, se reconcentra y dispara lo que parece ser la contralínea conceptual más fuerte de su obra: “Las bases han sido siempre un eslabón vital para la existencia de cualquier imperio, y su eficiencia crece si logran mantenerse –como los espías– bajo el amparo del secreto”.

—Luego de investigar el grado de presencia militar estadounidense en Latinoamérica, ¿qué hecho o dato de la realidad que no conocía antes le llamó más la atención?
—Me sorprendió mucho la historia de la base de Manta, en Ecuador. Primero porque, por ejemplo, el embajador ecuatoriano en Buenos Aires –que fue ministro de Defensa de su país durante la existencia de Manta– me reveló que el área donde operaban los marines estaba vedada a los uniformados de su país, e incluso a él mismo como ministro. Ese diplomático también me contó que durante los vuelos estadounidenses de reconocimiento y vigilancia marítima –que por ley tenían que ser acompañados por un piloto anfitrión–, los militares locales eran mandados al asiento de atrás de la nave y no podían observar nada de la base de datos monitoreados, y menos podían averiguar qué hacían después con dicha información sensible. Por último, todas las autoridades ecuatorianas entrevistadas reconocieron que la presencia del Pentágono en su territorio no reportó un mínimo de ganancia en nada, ni siquiera en transferencia de tecnología o en mejoramiento del equipamiento militar, que generalmente son los argumentos donde hace hincapié la propaganda del Comando Sur para promover la firma de este tipo de tratados castrenses donde está en juego la cesión de soberanía política.
—¿Cómo lee el acercamiento entre el presidente colombiano Juan Manuel Santos y la guerrilla de las farc? ¿Un avance del diálogo debilitaría la necesidad de Bogotá de contar con tantas bases militares del Pentágono?
—Esa es una pregunta tan interesante como difícil de responder. Un par de datos a tener en cuenta para entender mejor la nueva coyuntura de ese país. El Plan Colombia reviste para Washington mucho interés porque le permite hacer pie en el subcontinente y “radarizar” toda la vigilancia del Cono Sur; además, ha puesto mucho dinero en ese programa de asistencia. Entonces, ¿por qué cedería Estados Unidos dicho enclave? Yo creo que la respuesta está en Honduras, donde la base de Soto Cano sigue operativa a pesar de que su objetivo primario, el exterminio del sandinismo, hace décadas que se cumplió. Probablemente, tanto en Centroamérica como en Colombia se modifiquen cada tanto las justificaciones del porqué de las unidades del Pentágono en terceros países, pero lo que no cambiará será la presencia física y objetiva de las bases mismas.
{restrict}—¿Los marines vienen por el agua y los recursos naturales? ¿O habría que ser menos conspirativo en el análisis y decir, simplemente, que el Pentágono replica en nuestra región las maniobras que desarrolla en otras zonas del planeta?
—El concepto de que los marines vienen sólo por el agua, los minerales o el petróleo es un poco simple. Creo que ellos en sus objetivos políticos lo que necesitan es tener el libre acceso territorial por si las circunstancias lo requieren. No sé si hoy el Comando Sur tiene decidido ocupar la base de Mariscal Estigarribia, en Paraguay (pista para aviones de gran porte, hoy supuestamente en desuso), pero sí estoy segura de que Estigarribia es relevante porque les garantiza la posibilidad de aterrizar, militarmente, en un punto geográfico que quizás en el corto plazo sea importante ocupar. Y esto es perfectamente aplicable para entender el tipo de bases que Estados Unidos está sembrando en la región: más pequeñas que las anteriores, con poco personal, muy disimuladas, pero con la logística adecuada para garantizar en cuestión de horas un despliegue de tropas a gran escala.
—En Internet suelen aparecer mapas de la ocupación estadounidense en el Cono Sur bastante tremebundos. ¿Pudo en el libro plasmar una cartografía más real del asunto, menos panfletaria y más ajustada a la verdad?
—En realidad, el mapa de la ocupación esta-
dounidense en su frontera sur no existe porque es muy difícil acceder a una información tan sensible como la política de defensa extraterritorial de la principal potencia del mundo. Los planes militares de la Casa Blanca no están a la luz del día. Sin embargo, después de estudiar los documentos del Pentágono y de entrevistar a varios especialistas e investigadores, logré trazar fronteras más precisas sobre el tema en cuestión. De esa manera pude armar para el libro dos tipos de mapas, dos ilustraciones: una grafica la presencia de los marines en Centroamérica, y la otra discrimina, con más detalle, las bases del Comando Sur en Sudamérica. Es decir, muchas unidades son fol’s (sitios de operación de avanzada), según el lenguaje técnico del Pentágono, que son las denominadas “bases dormidas” o con poco personal. Otras, como las de Panamá, son bases más tradicionales, con barracas, casas y escuelas, son casi ciudades. Por último, están las bases con radares muy potentes para hacer inteligencia. En la isla de Aruba, cerca de la costa venezolana, hay una instalación de ese tipo. En definitiva, creo que en Territorios vigilados está dibujado el primer mapa de la presencia del Comando Sur en Latinoamérica. Se lo recomiendo a los futuros lectores del libro.
—¿Considera que el gobierno paraguayo, tras el golpe que derrocó al presidente Fernando Lugo, en junio, tiene allanado el camino para firmar un tratado de cooperación militar con Washington?
—No se puede hacer futurología de un tema tan delicado. Sin embargo hay que tener conciencia de que Paraguay es un país fundamental.
Si uno mira atentamente el mapa verá que Paraguay limita con Brasil, con Bolivia, con Argentina y con el Acuífero Guaraní. Una avanzada sobre el país permitiría a Washington hacer pie en el corazón de América del Sur. Cuando se conoció el documento estadounidense sobre por qué les interesaba la base colombiana de Palanquero, se reveló que desde allí los aviones de trasporte de tropas tenían autonomía de vuelo, sin necesidad de recarga de combustible, para sobrevolar toda la región sudamericana, salvo la zona sur. Por lo tanto, una base en Paraguay le resolvería ese problema al Pentágono, ya que tendrían la posibilidad de maniobrar en todo el subcontinente. Colombia sería la llave para monitorear los países del norte y Paraguay cumpliría la misma función, sólo que en una latitud más austral.
—¿Es cierto que durante el conflicto entre el colombiano Álvaro Uribe y el venezolano Hugo Chávez, que fue abordado en la Cumbre de la Unasur en Bariloche hace unos años, la Unasur estuvo a punto de romperse? ¿Cuál fue el papel de Argentina como mediador en esa tensión diplomática?
—Muchos de los diplomáticos argentinos presentes me remarcaron que necesitaron ser muy prudentes en la mediación, porque el conflicto Colombia-Venezuela (ambos países casi van a la guerra luego de que tropas colombianas violaran la soberanía de Ecuador para asesinar al ex canciller de las farc Raúl Reyes) estaba muy alto y generaba contradicciones en todo el bloque regional. Pero en definitiva ésa fue una cumbre parteaguas: los países de la Unasur tomaron conciencia de la necesidad de fortalecer la soberanía territorial, porque se dimensionó el rol del Pentágono a partir de que se hizo público el despliegue de las bases militares estadounidenses en Colombia, que fue promovido por el presidente Uribe. Bariloche también fue una cumbre importante porque en esa oportunidad Cristina Fernández denunció que las potencias del Norte no sólo tenían presencia en Colombia, sino también en las Islas Malvinas. A partir de entonces la unidad latinoamericana en torno de la cuestión Malvinas comenzó a hacerse más tangible.
—En dos meses Estados Unidos elige presidente. ¿Una victoria del Partido Republicano podría volver más agresiva la política exterior de la Casa Blanca hacia el Cono Sur?
—En general, sea demócrata o republicano, el ocupante de la Casa Blanca no modifica demasiado la política exterior de su país. Igualmente, hay una diferencia de grado entre los dos partidos tradicionales, pero no llega a ser una diferencia estratégica. Por ejemplo, en la primera Cumbre de las Américas de la era Barack Obama, en Trinidad y Tobago, el presidente fue muy criticado en su país por mostrarse cordial con Chávez cuando éste le regaló Las venas abiertas de América Latina. Poco después Obama cerró lo que había sido una pequeña ventana de reformas diplomáticas de Washington hacia el Sur y el tipo de vínculo volvió a ser el de toda la vida.
—En junio pasado la Armada uruguaya realizó un curso de entrenamiento en su país con los Seals, los marines de elite que mataron a Osama Bin Laden en Paquistán, aparte de haber sido fuerza de choque en varios golpes de Estado en la región. ¿Cómo lee este acercamiento entre un país que es parte del Consejo de Defensa Sudamericano y el Pentágono?
—Es llamativo por dos situaciones. Primero, Uruguay no avisó al Consejo de Defensa regional, donde ya se acordó intercambiar información en presupuestos militares y ejercicios de cooperación. Recordemos que la Unasur casi se quiebra dos años atrás cuando el ejército colombiano, con el auxilio del Comando Sur estadounidense, violó la soberanía de Ecuador y quedó al desnudo la presencia militar extracontinental en Sudamérica. Por último, si la excusa es que se trata de un acuerdo previo, tampoco es valedera. Por caso, el gobierno argentino acaba de revocar el convenio que la provincia de Chaco había hecho con el Pentágono. Además, lo que hay que tener en cuenta es que el problema no es el ejercicio en sí, sino que le abrís las puertas a una fuerza extranjera: le das la posibilidad de reconocer tu territorio, de generar lazos entre los ejércitos; le regalás, en definitiva, inteligencia e información.
En Resistencia, Chaco, el Comando Sur pensaba gastar 3 millones de dólares para instalar un centro de operaciones y almacenamiento. Pero el acuerdo firmado por el gobernador Capitanich naufragó. Para mí lo relevante es que tanto la frustrada base del Chaco como la nueva base en Concón, Chile, están a tono con la nueva estrategia estadounidense de defensa, que ya es conocida como la “doctrina Obama”. En un documento público reciente del Pentágono se advierte, claramente, que Estados Unidos buscará en América Latina mantener la presencia con formas innovadoras a través de fomentar relaciones clave entre las fuerzas armadas, desarrollando ejercicios militares conjuntos o tareas de asesoramiento en capacitación.{restrict/}

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