Brecha Digital

El pc más grande del mundo en congreso

¿Derecha-izquierda o soberanía-dependencia? Todo el proceso que China ha vivido tras la muerte de Mao (1976) se ha articulado en torno al objetivo de encontrar una senda que conduzca al renacimiento del país, ideal asociado a dos variables: modernización y soberanía. Esos debates estarán planteados en el próximo congreso del Partido Comunista, que se inicia en noviembre, y en el que se definirá la sucesión de la actual camada dirigente.

Sun Yat-sen (1911) y Mao (1949) lo intentaron a su manera. La gaige y la kaifang (1978) ofrecieron una tercera oportunidad para desarrollar el país y alcanzar un nivel de poderío suficiente para eclipsar los dos últimos siglos de decadencia, ruina y capitulación. Ese empeño “nacional” se acabó por imponer a cualquier otra consideración de tipo ideológico basada en nuestros axiomas, siempre tendientes a avizorar contradicciones donde los chinos acostumbran a identificar sinergias y complementariedades. Hay, por tanto, un debate principal y otro secundario, aunque entre ambos no existen fronteras infranqueables.
En clave nacional, los éxitos logrados por China en las últimas décadas están fuera de toda duda. Ciertamente subsisten largas y poderosas sombras que amenazan su estabilidad y continuidad, pero aquel objetivo está más cerca que nunca y se ha desarrollado a partir de una definición intramuros de los mecanismos y ritmos del proceso, prestando suma atención a la subsistencia de las capacidades propias y evitando seguir al dedillo los consejos procedentes del exterior, cualquiera que fuera su forma o finalidad. Ello sin perjuicio de que, efectivamente, ha llegado a conformar a través de su implementación la mayor de las rupturas de toda su historia, generando una muy estrecha relación con el mundo exterior que no ha derivado en sumisión, en especial con respecto a los principales centros de poder. El fin del aislamiento y la aceptación de la interdependencia se han producido en paralelo a la reafirmación de esa vocación soberana, acorde con una trayectoria histórica a cada paso más exaltada, sin más limitaciones que las libremente consentidas.

UN PARTIDO GESTOR. Como garante de este proceso se ha erigido un Partido Comunista (pcch) progresivamente distanciado de su ideario clasista y revolucionario original, para afirmarse como gestor burocrático de una emergencia cuyo principal sustrato ideológico transmuta hacia un nacionalismo basado en la singularidad civilizatoria. Como adelanté en Mercado y control político en China (La Catarata, 2007), pese a lo atrevido de las reformas en numerosos campos, éstas no han transformado en lo fundamental el papel del pcch, con una naturaleza en proceso de cambio, especialmente en los últimos años a partir de la asunción del principio de la “triple representatividad”, que no afecta su defensa a ultranza del control de la base del poder. En él tanto podemos identificar atisbos de un comportamiento leninista como también de signo confuciano. Así, tanto dispone de un férreo control sobre el Ejército Popular de Liberación (“su” ejército), como también sobre la economía y los nuevos colectivos emergentes, garantizando de facto que la presencia del mercado o de la economía privada no altere su capacidad para condicionar el rumbo de los acontecimientos ni sugiera la aparición de actores rivales con capacidad suficiente para cuestionar su poder. Esto se ha ido logrando a través del control partidario-estatal de los principales sectores estratégicos de la economía del país, en manos de una oligarquía orgánica cuya composición, variable, es determinada por el Departamento de Organización del Comité Central. El reformismo económico ha avanzado así de la mano del conservadurismo político a fin de bloquear las posibilidades de que ese desarrollo derivara en una pérdida de control de su orientación y, a la postre, de la capacidad para preservar la estabilidad y la soberanía. El pcch, cualquier cosa menos monolítico, mantiene su unidad a partir de este consenso, orillando otros debates. Y todos saben que quien controla el pcch controla el proceso, pero quien controla la economía acabará controlando el pcch.

UN NUEVO CHOQUE CON ESTADOS UNIDOS. Esta circunstancia podría explicar también el hecho de que la disputa ideológica tampoco es la base del “enfrentamiento” entre China y Estados Unidos, cuya motivación más profunda es la resistencia oriental a dejarse enredar en las redes de dependencia de la superpotencia. A Estados Unidos no le preocupa que el pbi de China pueda llegar a superar el suyo, sino su obstinación en promover un proyecto alternativo, su afirmación como un polo de poder no asimilable que erosione y debilite su hegemonía global aunque no se plantee en términos mesiánicos. Todas las presiones de Estados Unidos hacia China se orientan a asegurar su propio estatus hegemónico, y para ello no sólo intentará atraerla hacia una carrera de armamentos interviniendo en los embrollos con sus vecinos en las aguas próximas, o tratará de entorpecer la viabilidad de sus alianzas exteriores, ya sean bilaterales (de Birmania a Rusia, especialmente, o cualquier otra) o multilaterales (ocs, brics, etcétera), sino que presionará sobre su proceso interno tanto echando mano de los argumentos tradicionales (Tíbet, Xinjiang, derechos humanos) como valiéndose de las mismas armas utilizadas por China prioritariamente, es decir, la economía, incluyendo la presión sobre el yuan.
Llegados a este punto, el problema esencial al que China se enfrenta es el de cómo garantizar un elevado ritmo de crecimiento para afirmar la atalaya de su proyecto nacional genuino. La crisis global, cuya primera lectura en clave de ofrecer ventaja al gigante asiático pudiera resultar errada y llena de matices, ha añadido angustia a esta cuestión. Tras el agotamiento de la fórmula que les ha conducido exitosamente hasta el punto actual, la plasmación de un nuevo modelo de desarrollo basado en la potenciación del consumo interno, el impulso tecnológico, social, ambiental, se ha revelado insuficiente para preservar aquel dinamismo, aunque con seguridad se requiere más tiempo para llegar a cuajar plenamente. En paralelo, se señala que la economía privada es la única que logra mantener un elevado ritmo de crecimiento (46 por ciento en 2011) frente a la colectiva (34 por ciento en 2011) o estatal (15 por ciento en 2011).
En tal contexto, no es extraño que Wen Jiabao afirmara en marzo de 2012 que la dinamización de la economía china pasa por el estímulo de la inversión privada y una progresiva liberalización de las industrias monopolizadas, en especial el ferrocarril, las finanzas, la energía, las telecomunicaciones, educación y sanidad, sectores donde el Estado juega un papel preponderante. La percepción clásica del pcch, asociada a su dimensión garantista y la utilización de sus beneficios en apoyo de la economía nacional –es significativo el enorme papel del sector público en el proceso de transformación del centro y oeste del país–, derivaría en un controvertido diagnóstico de “asfixia”, de forma que ahora sería poco menos que una rémora para seguir creciendo, trabando el objetivo máximo de fortalecer el proyecto nacional. Ya en mayo de 2010 se habían aprobado las “36 Nuevas Cláusulas” con idéntica función, escasamente aplicadas en la mayoría de las provincias, y los primeros balbuceos en este sentido se remontan a 2005. Las resistencias burocráticas son importantes y explican su contradictoria y escasa implementación a la hora de suprimir las barreras, en su mayoría administrativas.

.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

Escribir un comentario