Orden globalitario y revolución ciudadana

Mélenchon por Mélenchon

En Buenos Aires, el 12 de octubre, Mélenchon dictó una conferencia sobre “El desafío de la política en un mundo multipolar” en el marco de un simposio internacional organizado por la presidencia argentina. Brecha extrae algunos de los pasajes de su ponencia. EL DESAFÍO DEL “CHOQUE DE CIVILIZACIONES”. Los gobiernos de Estados Unidos saben que su liderazgo está en peligro y no se quedan inactivos. Están actuando. Asumen los conflictos que esta resistencia a la desclasificación supone. Le dieron un marco operacional con la teoría del “choque de civilizaciones” formulada por el señor Samuel Huntington. En pocas palabras, esta doctrina amarra cada pueblo a una cultura y cada cultura a una religión. De este modo dibuja un mapa del mundo que pretende explicar, prever y manejar los futuros conflictos. En realidad esta doctrina pone en escena una multipolaridad del mundo conforme con los objetivos del imperio. La estafa aparece como tal cuando uno descubre que a Japón se lo asimila a Occidente mientras que a Rusia se la excluye de éste. Insólitamente, a China se la asimila al mundo musulmán. Y en cuanto al supuesto “mundo musulmán” se lo asimila al mal, pura y sencillamente. Se lo responsabiliza de antemano por las violencias que se produzcan. Esta línea de acción designa adversarios y recluta aliados. Hoy en día este marco conceptual organiza el pensamiento y los compromisos de todos los gobiernos europeos, tanto los socialdemócratas como los de derecha. Funciona como una legitimación de las violencias actuales y futuras en las relaciones internacionales. En la medida en que China es el número dos después de Estados Unidos en la clasificación de las potencias, es a ese país al que reservan ya una agresividad particular. Manipulan al Tíbet, a los uigur y ahora al nacionalismo japonés con el fin de disgregar a este gran competidor. Vemos cómo esa teoría del “choque de civilizaciones” puede ser una presión fuerte contra la unidad de las naciones cada vez que convivan varias religiones y varias culturas o varios idiomas. Exaltar las diferencias étnicas y religiosas, por un lado, y parcelar el espacio legal interior de las naciones, por el otro, se articulan en un solo proceso para facilitar la penetración del modelo económico neoliberal y la dominación geopolítica del imperio.

EL MUNDO GLOBALITARIO. Tanto si lo llamamos “mundialización”, como en Europa, o “globalización” –forma semántica más eficaz–, como en América del Sur, hablamos del mismo fenómeno. Se trata de un proceso de financiarización y de mercantilización de todos los compartimentos de la actividad humana y de su interconexión en un solo conjunto de interacciones electrónicas. La imagen más sencilla para expresarlo es ésta: toda actividad humana, sea cual sea, donde sea que tenga lugar, está ligada a la gran tela informática financiera que recubre el planeta como una segunda piel. A este estado nuevo del mundo lo define bien el término “orden globalitario”. La expresión fue formulada basándose en dos palabras: “global” y “totalitario”. Y, efectivamente, este sistema es global. Pero también se le puede llamar “totalitario”. Pues no es tan sólo un orden público legal y un modo de producción e intercambio. Es también y sobre todo un sistema que hace conminaciones comportamentales, morales y culturales. Su fuerza viene de que se vuelva implícito, de que cada individuo lo “incorpore”. En el orden globalitario, la multipolaridad no es ascendente. Es la uniformización de los sistemas de representaciones y comportamientos que se extiende hasta alcanzar la intimidad de los individuos en cada rincón del planeta.
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