Obama a la hora del veredicto

Estados Unidos

El primer presidente mulato de Estados Unidos, que timoneó al país fuera de la recesión más profunda y prolongada en casi ocho décadas pero que al mismo tiempo no cumplió muchas de las promesas que formulara al llegar al poder cuatro años atrás, encara el martes el veredicto de los votantes. Las últimas encuestas hablan de un empate técnico entre el demócrata y su rival republicano, Mitt Romney, que se beneficia de un renacimiento de la militancia conservadora.

Nadie se acuerda del desastre que se evitó, tal como nadie se asusta de lo que no ocurrió. Barack Obama tuvo la buena fortuna de que cuando él llegó a la Casa Blanca en enero de 2009, el abismo financiero ante el cual Estados Unidos se tambaleó había sido responsabilidad plena del gobierno anterior, y la masiva intervención gubernamental que lo evitó se había iniciado con el presidente George W Bush.
Obama tuvo en cambio la mala fortuna de que a él le tocó gobernar desde que la economía perdía más de 700 mil empleos por mes, el fisco seguía pagando por dos guerras largas y no financiadas, y la industria del automóvil encaraba una bancarrota.
Muchas de las promesas que generaron en 2008 la coalición de votantes jóvenes, demócratas, independientes, mayoría de mujeres y de hispanos, todos los negros menos cuatro, y los sindicatos, quedaron inevitablemente por el camino: Obama debió gestionar el retorno a la salud económica y gastó su capital político en una reforma sin precedentes de lo que en Estados Unidos pasa por “sistema de la salud”.
Cuatro años después la cuestión crucial, simplona, básica en la elección que se dirimirá el martes 6 es la misma que podría plantearse en cualquier país: ¿estamos ahora peor o mejor que hace cuatro años?
Y ese es el punto más débil del esfuerzo de Obama por ser reelegido. Hace cuatro años la mayoría de los estadounidenses todavía no percibía la gravedad del colapso hacia el cual se dirigía su país. Es cierto que se publicaban las noticias sobre quiebras bancarias, iliquidez del sistema, pero en la vida cotidiana la gente tenía sus empleos, la situación lucía normal.
Para quienes sí estaban informados entonces, es obvio que el país está ahora mejor que hace cuatro años: ha habido 40 meses de crecimiento, lento pero sostenido, de la actividad económica; el país ha tenido ganancias netas de empleo durante ese lapso, el sector inmobiliario empieza a revitalizarse, Estados Unidos puso fin a su campaña militar en Irak y se encamina a la retirada de Afganistán. La industria del automóvil se salvó gracias a la intervención gubernamental.
Pero ha aumentado el índice de pobreza, hay casi 23 millones de personas que están de-sempleadas, subempleadas o que simplemente han abandonado la búsqueda de empleo ante la realidad de los sueldos miserables y la ausencia de vacaciones pagadas o seguro médico. Esto es lo que ve la mayoría de la ciudadanía, no la percepción ilustrada de quienes siguen las noticias de la economía a diario.
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