No tomar partido, o las trampas del “posperiodismo”

Tratamiento de los medios

Los ataques israelíes a Gaza han provocado comentarios de indignación en el buzón de la defensora de la comunidad de eldiario.es, un diario digital español, dirigidos contra el tratamiento del tema en algunos medios de comunicación.
“Pongo ejemplos que he leído estos días en algunos medios sobre lo que ocurre en Gaza, en los que se sitúa al mismo nivel a unos y otros, como si fueran dos bandos igualados: ‘Continúa la lucha entre israelíes y palestinos’, ‘Palestinos e israelíes se enzarzan en la mayor escalada bélica desde 2008, ‘El intercambio de proyectiles crece”, dice un lector, Samuel Córdoba.
Y prosigue:“Ya que eldiario.es está dando un ejemplo de buena información, creo que es necesario que en la sección de la defensora se analice la obsesión que hay desde los medios por atribuir la misma responsabilidad a unos y otros, ocultando contextos, historia, pasado, y datos. Gracias”.
La falta de ecuanimidad es uno de los grandes vicios del periodismo actual, y el tratamiento informativo de la ocupación y la discriminación que ejerce Israel contra los palestinos es un buen ejemplo de ello. Esto obedece a varias razones:
• La influencia que Israel tiene en determinadas esferas de poder más allá de sus fronteras. Es aliado preferente de Estados Unidos en la región (el ejército israelí recibe 3.000 millones de dólares anuales de Washington, la mayor ayuda que Estados Unidos da a alguna fuerza armada en el mundo), miembro de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico y socio preferente de la Unión Europea en materia comercial.
• La preparación de Israel para defenderse en el plano mediático y hacer frente a las críticas. La presión que ejerce para que se apueste por un enfoque informativo favorable a Tel Aviv.
En 2008, durante la Operación Plomo Fundido contra Gaza, las embajadas israelíes enviaron a diversos medios de comunicación e-mails en los que explicaban que bombardeaban Gaza para defenderse y en los que pedían a los periodistas que no hicieran “un uso cínico de imágenes dolorosas como instrumento de propaganda”. Es decir, manifestaban su malestar por la publicación de imágenes que probaban la muerte de más de 1.300 palestinos, entre ellos más de 300 niños.
• La tendencia creciente en los medios a repetir el enfoque que establece el poder político y económico.
• El modo de trabajar en las redacciones, donde a menudo los periodistas se ven obligados a tratar la información como pura mercancía. Esto deja escaso margen para indagar, contrastar, reflexionar y esquivar el enfoque mayoritario.
• Los riesgos a los que se expone un periodista si rompe el discurso dominante y la preparación –datos, fuentes, experiencia: es decir, tiempo– que necesita para atreverse a cuestionar la uniformidad de la información.

EL POSPERIODISMO. A la equidistancia se la confunde con objetividad, imparcialidad, neutralidad. Se es equidistante para no mojarse, para no comprometerse, para no parecer partidario de nada ni de nadie. Es el “posperiodismo”, la democratización llevada al delirio, la relatividad defendida como religión. Nadie tiene más razón que nadie, ninguna visión es más real que otra, hay tantas verdades como personas.
Y así se llega a reducir el mal llamado conflicto palestino-israelí a una simple animadversión provocada por motivos religiosos o étnicos, olvidando que el origen del conflicto reposa sobre una ocupación ilegal condenada por diversas resoluciones de las Naciones Unidas y sobre la práctica de la discriminación de un Estado contra un pueblo, denunciada una y otra vez por multitud de organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos.
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