Brecha Digital

“Patriotismos”

Hoy estamos viendo en España dos hechos que están claramente relacionados. Uno es la crisis de legitimidad del llamado sistema democrático español que aparece en el enorme enfado de la mayoría de la ciudadanía frente al establishment político, que se percibe instrumentalizado por grupos de poder fáctico (tanto financieros como empresariales, y tanto españoles como internacionales) y llevando a cabo políticas sumamente impopulares que no estaban en los programas electorales de los partidos gobernantes en España y en Cataluña. En estos momentos esos gobiernos imponen a la población políticas de reducción de salarios y recortes de gasto público social que están deteriorando muy rápidamente el bienestar de las clases populares de España y de Cataluña. La evidencia aportada por el Observatorio Social de España en su reciente informe “El impacto de la crisis en las familias y en la infancia” es rotunda y abrumadora. Amplios sectores de las clases trabajadoras y las clases medias de Cataluña y del resto de España están en riesgo de entrar en la pobreza, incluso en la pobreza extrema.
Tales políticas representan el ataque más frontal que la España social haya experimentado durante el período democrático. Y utilizo la expresión “ataque” pues responde a un diseño de debilitar e incluso eliminar componentes de la protección social que garantizaban el bienestar de las poblaciones que del trabajo obtienen sus rentas. Consecuencia de este debilitamiento, estamos viendo que mientras las rentas del capital superan, por primera vez en el período democrático, las rentas del trabajo, estas últimas están descendiendo de manera muy marcada, llevando a la economía a una gran recesión, camino de una depresión. En 2012 los asalariados en España han perdido 25.842 millones de euros, mientras que los empresarios han ganado 12.000 millones. La lucha de clases (término desechado por “anticuado” en los medios de información y persuasión que generan y reproducen la sabiduría convencional), ganada en bases diarias por el capital frente al trabajo, continúa existiendo en España –incluyendo Cataluña–, aunque silenciada y ocultada en los medios de mayor difusión. Y la lucha de clases se está acentuando. En los tres primeros trimestres del año las rentas del trabajo han descendido en 16.800 millones de euros.
Estos ataques al estándar de vida de las clases populares están creando una gran agitación social. Nunca antes, desde la transición de la dictadura a la democracia, se había vivido en Cataluña y en el resto de España tal agitación social. Casi a diario hay huelgas protestando por las medidas de recorte impuestas que se realizan sin ningún mandato popular. La persistencia de esas medidas a pesar de las protestas está deslegitimando a las instituciones representativas, como lo muestran las encuestas. El eslogan del movimiento 15-M “no nos representan” tiene amplio reconocimiento y aceptación entre las clases populares de este país.

EL TEMA NACIONAL Y EL TEMA SOCIAL. Estas políticas públicas las llevan a cabo hoy las fuerzas conservadoras y neoliberales, que exigen sacrificios para “salvar a la patria”, sea ésta la española o la catalana. En España, hemos visto cómo el ministro de Defensa, Pedro Morenés, empresario de la industria militar (que obtuvo enormes beneficios a costa de fabricar bombas de racimo entre 2005 y 2008 y que se considera a sí mismo un “gran patriota”), indicó que “el ejército es consciente de lo grave que es el desafío catalán”, esperando que del patriotismo del ejército salga la iniciativa, si fuera necesario, de intervenir para salvar, una vez más, a la patria. Esto se dice, y se insinúa, 76 años después de que el mismo ejército, en defensa de los intereses del capital (los terratenientes, la banca, las compañías de seguros y el gran empresariado, entre otros, afectados por las reformas del gobierno democráticamente elegido) diera un golpe militar para defender a la patria, definiendo como tal los intereses de un sector minoritario de la población, responsable del posterior enorme subdesarrollo de España. Cuando la dictadura que el ejército impuso terminó en 1978, España estaba a la cola, y por mucho, de la Europa social. Ni que decir tiene que las manifestaciones de los superpatriotas españoles están fabricando independentistas en Cataluña en dosis masivas, creando un movimiento que incluso desborda al establishment catalán y muy en particular a las derechas catalanas, que para poder mantenerse en el poder intentan hacer suyo el hartazgo nacional en Cataluña (frente a las derechas españolas) a fin de ocultar su ataque a las clases populares. Religión y nacionalismo siempre han sido las ideologías más utilizadas por las burguesías para conseguir el apoyo popular, presentándose como los portavoces de la patria.
En el momento histórico en el que hay mayor movilización social contra las derechas, éstas están utilizando el patriotismo para perpetuarse en el poder, dividiendo así a las clases populares, para que éstas canalicen su enfado no hacia las derechas de siempre, sino hacia las clases populares que sufren al otro lado del Ebro las consecuencias de las mismas políticas que sus establishment conservadores les han impuesto.n

*    Catedrático de ciencias políticas y sociales, Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Columna publicada en publico.es, Brecha reproduce fragmentos.

Escribir un comentario