El caso Florence Cassez
“No se muevan, vamos a meter una nota de deportes y luego seguimos nosotros”, dijo en la madrugada del 9 de diciembre de 2009 el reportero de Televisa a la fila de policías mexicanos que se disponían a entrar en un rancho supuestamente para detener a unos secuestradores y rescatar a tres de sus víctimas. Cuando desde el noticiero matutino de esa cadena, Primero noticias, el conductor dio paso a esa información “de último minuto”, los agentes entraron seguidos de la cámara que estaba trasmitiendo en vivo, y “encontraron” a tres secuestrados y a sus dos presuntos captores, uno de ellos una joven francesa de 31 años, Florence Cassez. Así comenzó una polémica historia que hizo correr ríos de tinta, dividió a defensores de las víctimas y defensores de los derechos humanos, tensó las relaciones diplomáticas entre Francia y México y ha puesto en un grave aprieto a un ex ministro de Seguridad de este último país. El asunto concluyó (al menos aparentemente) el miércoles 23, cuando un tribunal de la Corte Suprema mexicana puso en libertad, en una votación dividida, a Cassez después de que quedara en evidencia que la Agencia Federal de Investigación, la policía ministerial, orquestó un montaje para la televisión sobre la captura de Cassez y su ex novio Israel Vallarte. Ambos habían sido detenidos en realidad un día antes en una carretera cercana al rancho, y ninguno había sido presentado inmediatamente ante el Ministerio Público.
Unas cinco horas después de que el máximo tribunal mexicano invalidara la condena a 60 años contra Cassez, acusada de liderar la banda de secuestradores Los Zodíaco, Michelle Valadez, que indicó que su marido fue raptado y asesinado por esa banda, lloraba desconsolada tras ver salir una camioneta con Cassez en su interior. “Me siento muy triste, muy decepcionada. Ya salió como si nada. Es una secuestradora y una asesina”, decía ante las cámaras.
La liberación de la francesa fue tomada con indignación por las asociaciones de víctimas y por la inmensa mayoría de los mexicanos, influidos por los principales canales de televisión del país, y su recepción con honores en Francia, donde se la considera como una víctima de la corrupta policía de México y su ineficaz sistema de justicia, fue vista como una afrenta. “Florence Cassez no se arrepiente de nada”, decía el titular de una televisora para informar sobre las primeras declaraciones de la francesa en su país, con la canción “La vie en rose”, de Edith Piaf, de fondo. “Mi historia no es única en México, mi caso puede parecer incomprensible para los franceses, pero para mucha gente en México es algo cotidiano”, afirmó Cassez, que siempre proclamó su inocencia.
Ciertamente, el sistema penal mexicano, que está siendo lentamente transformado a raíz de una reforma aprobada en 2008 para sustituir el sistema inquisitorio en el que prácticamente era el acusado quien tenía que probar su inocencia, por uno acusatorio, ha dado lugar a múltiples abusos y al encarcelamiento de un número de inocentes imposible de precisar. Aunque los medios mexicanos se siguen refiriendo a Cassez como “secuestradora”, la Corte Suprema consideró que los vicios en el proceso hacen imposible saber a ciencia cierta si es culpable o inocente.
Entre las pruebas en su contra estaban los testimonios de los tres secuestrados, que dijeron reconocerla. Sin embargo, dos de ellos, una madre y su hijo de 11 años en el momento del secuestro, habían dicho en un primer momento que no la reconocían y sólo cambiaron su versión después de que estallara el escándalo por el montaje para los medios. El testimonio del tercer secuestrado que la implicaba presentaba contradicciones e incluso falsedades, como cuando afirmó que Cassez le pinchó un dedo haciéndole creer que se lo iba a cortar y enviar a su familia, dejándole una marca que, según pruebas periciales, resultó ser congénita. “Parece ser que lo único que nos importa son los victimarios, y a las víctimas las pasan por alto”, protestó tras la liberación de Cassez Alejandro Martí, presidente de la fundación México sos, y cuyo hijo, menor de edad, fue asesinado por sus secuestradores. n