Mali, una guerra invisible
Hace ya casi mes y medio que Francia interviene militarmente en Mali, pero desde entonces prácticamente no ha habido imágenes de la llamada Operación Serval ni se conoce un balance preciso de víctimas, propias o ajenas, de una acción emprendida por París “a pedido del gobierno local” pero sin apoyo explícito de la onu. Lo que se sabe –además de la extrema disparidad de fuerzas– es que Francia dispone de 4 mil soldados en el país africano, la mayoría de ellos en el norte, donde están basados los grupos islámicos radicales que París pretende combatir, en especial cerca de la frontera con Argelia. Se sabe también, según dijo la semana pasada el portavoz del estado mayor de las fuerzas francesas, el coronel Thierry Burkhard, que en sólo siete días la aviación europea realizó 200 incursiones, 50 de ellas con fines de “ataque al enemigo” y el resto de vigilancia, inteligencia y reabastecimiento y transporte de soldados. Se supo igualmente, hace 15 días, por vía del ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, que Francia ya ha destinado unos 70.000 millones de euros a financiar su intervención, una cifra nada despreciable en tiempos de ajuste de cinturones. Pero no hay cifra alguna de víctimas, por ejemplo. El 5 de febrero Le Drian evocó un vago “varias centenas de yijadistas muertos”, en su mayoría durante los primeros días de la operación. Después de ese dato aproximativo, nada. Se ignora por ejemplo cuántos combates sobre el terreno ha habido (al parecer pocos), fundamentalmente en Tombuctú y Yabali, dos de las ciudades tomadas por las tropas francesas tras duros enfrentamientos con los islamistas. Del lado francés se reconoce un muerto, al comienzo de la guerra. Y en cuanto a las víctimas civiles el silencio es total. Al parecer, por la naturaleza de los combates (desarrollados fuera de las grandes concentraciones urbanas), no serían muchas, pero ya hay denuncias de violaciones a los derechos humanos cometidas por soldados franceses contra sectores de la población civil acusados de colaborar con los islamistas.
Tampoco hay informaciones sobre el número de prisioneros de guerra ni sobre sus condiciones de detención, siendo como son los prisioneros un “botín estratégico” para las tropas extranjeras, ávidas de datos sobre las fuerzas informales del enemigo. Cabe recordar (será tema de próxima nota en Brecha) que fueron los franceses quienes enseñaron a los estadounidenses métodos de tortura a prisioneros y la desaparición de personas como estrategia bélica. n
(Fuente: diario Libération. París, 18-II-13.)

