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Convulsión en el sindicalismo charro

Elba Esther Gordillo, dirigente durante los últimos 24 años del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza (snte), el mayor de México y uno de los más grandes de América Latina, con alrededor de un millón de afiliados, tenía una adicción a los zapatos caros, los vestidos de los mejores diseñadores y, sobre todo, los bolsos de marca. No tenía además ningún reparo en mostrarse en público con sus costosas adquisiciones, pese a su cargo.

Recientemente salió a la luz el “regalito” que otro dirigente sindical, Carlos Romero Deschamps, líder de los trabajadores de la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), le había hecho a su hijo: un Enzo Ferrari. Al parecer, el joven Romero utiliza este vehículo, valorado en unos dos millones de dólares, para pasearse por las calles de Miami. Esto después de que el sindicato petrolero recibiera un préstamo de la compañía de cerca de 40 millones de dólares a devolver en diez años y sin intereses, y que había permanecido oculto durante 14 meses, hasta que fue filtrado a la prensa a mediados de febrero pasado.
Gordillo y Romero, máximos representantes de lo que se ha dado en denominar el “sindicalismo charro” en México, han ejercido sus cargos al frente de los dos sindicatos públicos más numerosos del país desde 1989 ella y desde 1996 él mediante prácticas caciquiles. En todo este tiempo manejaron los ingentes fondos que reciben los sindicatos por las cuotas de sus afiliados y otros conceptos, sin tener que rendir cuentas a nadie.
Pero ella, que es conocida popularmente como “La maestra”, fue detenida el pasado 26 de febrero y acusada de desviar el equivalente a unos 200 millones de dólares de las cuentas del snte para costear sus múltiples cirugías estéticas, para pagar gastos por tres millones de pesos en la cadena estadounidense de tiendas de ropa y accesorios de lujo Neiman Marcus, para adquirir diversas casas y apartamentos en este país e incluso para hacerse con un avión privado.
Algunos creen ver en este arresto la genuina voluntad de un “nuevo” Partido Revolucionario Institucional (pri), que regresó al poder de la mano del presidente Enrique Peña Nieto en diciembre pasado tras 12 años de gobierno de Acción Nacional (pan), de acabar con el “sindicalismo charro”, corporativista, corrupto y clientelar, que supuso uno de los pilares del sistema seudodemocrático que lo mantuvo en el poder durante siete décadas (de 1929 hasta 2000).
Sin embargo, para otros, la captura de Gordillo supone el regreso a las prácticas del “viejo” pri. Aunque Peña Nieto, que se anotó con esta medida un importante tanto en su intento de convencer de que su partido cambió y tiene verdadera vocación democrática, asegura que el proceso judicial en contra de la dirigente sindical es “estrictamente legal”, este caso es comparado con el del líder sindical petrolero Joaquín Hernández Galicia, apodado “La Quina”, quien fue detenido en 1989, pocas semanas después de que asumiera como presidente Carlos Salinas, y condenado por posesión de armas y asesinato. El conocido como “Quinazo” fue atribuido a una represalia contra el líder sindical por haber apoyado en las elecciones al rival de Salinas, Cuauhtémoc Cárdenas, y por oponerse a las políticas neoliberales del mandatario.
Ambos casos difieren en que las pruebas contra La Quina fueron armadas artificialmente, mientras que el expolio del dinero del snte por Gordillo parece evidente y el desmedido enriquecimiento de la líder sindical, clamoroso.
Pero se asemeja en que “La maestra” había osado rebelarse contra una reforma educativa impulsada por Peña Nieto, y promulgada justo el día antes de su arresto, por incluir la evaluación a los maestros mexicanos, cuyo rendimiento es bastante criticado.
“Un rasgo del viejo sistema sindical que sigue perdurando en el país, independientemente de cambios de partido, ha sido la corrupción sindical porque es la manera en que el sistema controla los liderazgos”, explica la profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana (uam) de la ciudad de México Graciela Bensusán, experta en relaciones laborales.
“Los gobiernos del pri siempre tuvieron en su mano usar la corrupción con esta misma función: ‘Si te subordinas, puedes seguir siendo todo lo corrupto que quieras; si te rebelas, se acabó esta tolerancia’. La tolerancia frente a la corrupción es mientras y cuando los líderes (sindicales) acaten cualquier decisión del gobierno. No tienen la posibilidad de cuestionarlas”, añade.
Para la académica, ése fue el pecado de Gordillo, quien gracias al cabildeo que hizo a favor del candidato oficialista, y a la postre ganador, Felipe Calderón, en la elección presidencial de 2006 incrementó exponencialmente su poder, hasta el punto de imponerse a los sucesivos ministros de Educación y de colocar a varios de sus hombres de confianza en importantes puestos de la administración.
Pero pretendió mantener esa capacidad de desafiar las decisiones gubernamentales al regreso al poder del pri y eso le valió la cárcel, sostiene Bensusán: “Tendría que haber entendido que, al regresar el pri, no podía ser un poder autónomo con capacidad para retar una decisión del Estado como la reforma educativa”.
Otros van más allá y aseguran que el principal objetivo del arresto de Gordillo es mandar un mensaje a Romero Deschamps para que no se oponga a la reforma que prepara el gobierno para permitir una mayor participación del capital privado en ese sector, el más importante de la economía mexicana. Una reforma que la izquierda ve como una privatización encubierta de la estatal Pemex.
Si la detención es una medida estrictamente judicial, como asegura el presidente, o una maniobra al viejo estilo priísta, como creen los escépticos, es algo que se verá con el tiempo. Lo que diga la historia dependerá de si a Gordillo le siguen otros líderes sindicales y poderes fácticos hasta ahora impunes y de si el pri permite que el sindicato elija de forma verdaderamente democrática a unos líderes que defiendan los intereses de los trabajadores y no se sometan ciegamente a las decisiones del gobierno. 

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