Maduro en las primeras de cambio

Con nuevo gabinete y a la espera del recuento

Unos pocos días después de haber asumido, Nicolás Maduro nombró a su gabinete. “Será un gobierno de calle” encabezado por “el primer obrero chavista” que llega a la presidencia de Venezuela, comentó. Buena parte de los ministros ya lo acompañaban, pero hubo un cambio “posicional” de importancia: la división en dos del Ministerio de Planificación y Finanzas. Jorge Giordani, un fiel entre los fieles a Hugo Chávez, considerado el “padre” del férreo control de cambios que se aplicaba desde 2003, seguirá en Planificación, pero ya no en Finanzas, adonde irá Nelson Merentes, que tiene reputación de mantener una relación con el empresariado bastante mejor a la de la media de la dirigencia chavista. Merentes tendrá a su cargo el combate a la inflación, que superó el 20 por ciento. “Seguramente habrá una flexibilización de la política cambiaria, pero no un cambio de modelo”, señaló el director de la consultora Datanálisis, Luis Vicente León. “Merentes sabe que hay que abastecer el mercado de divisas para garantizar el abastecimiento de alimentos, y tiene mejores relaciones con el sector privado y con los tenedores de bonos internacionales.” El control cambiario fue establecido poco después del golpe de Estado fallido contra Chávez, en 2002, para intentar contener la fuga de capitales.
Según León, la liberalización económica que podría esperarse será muy moderada. Maduro insistió en que va a profundizar la “vía venezolana al socialismo”, y además en el gabinete se mantienen dos representantes del chavismo más puro: Rafael Ramírez, en Petróleo y en la presidencia de la petrolera estatal pdvsa (casi más que un ministerio), y Elías Jaua en la cancillería; así como Ernesto Villegas en Comunicación e Información, y Jorge Arreaza, el yerno de Chávez, en la vicepresidencia.
Otra novedad fue el pasaje al Ministerio del Interior del hasta ahora director del Servicio de Inteligencia, general de división Miguel Rodríguez. “Miguel deberá proteger y construir las bases de la paz”, dijo Maduro, reconociendo que “la inseguridad” es una de las deudas que el chavismo mantiene. La tasa de homicidios de Venezuela es de las más altas del mundo (54 cada 100 mil habitantes) y no se ha reducido a pesar de la caída espectacular de la pobreza y de la extrema pobreza desde que Hugo Chávez accedió al gobierno en 1999. Otra de las deudas es la resolución de la crisis energética (los apagones son comunes), y para enfrentarla Maduro puso como ministro de Energía Eléctrica a Jesse Chacón.
“Me dicen que el Enchufado Mayor anuncia los integrantes del gobierno #MientrasTanto Resultado: #Másdelomismo”, tuiteó desde su cuenta el líder de la oposición Henrique Capriles apenas se supo la integración del gabinete. Capriles sigue en sus trece: no reconoce la victoria de Maduro (el “enchufado mayor”) y exige que el recuento de votos de la elección del domingo 14 se realice cuanto antes. El oficialismo aceptó finalmente que el recuento se haga, y se está a la espera de que el Consejo Nacional Electoral establezca sus modalidades.
En el oficialismo habría predominado la postura de aceptar el recuento reclamado por la oposición, fundamentalmente por la certeza que habría en sus filas de que su victoria del domingo será ratificada, comentó un analista de la consultora 30/11, para quien Maduro ganará de todas maneras en despejar cualquier duda sobre la limpieza de la elección y la legitimidad de su mandato. Lo mismo sostiene el periodista Eleazar Díaz Rangel, director del diario Últimas Noticias, el de mayor venta en Venezuela, y fundador de la Federación Latinoamericana de Periodistas. “Si bien los resultados van a ser ratificados y no hay por qué dudar de un sistema que realiza 14 auditorías antes de la elección y una posterior, del 54 por ciento del sufragio, pienso que es lo mejor dada la reacción que generó la oposición al denunciar un fraude y ante los ocho muertos del chavismo. Me parece que es lo mejor por razones políticas”, dijo el periodista a la enviada a Caracas del diario argentino Página 12. En paralelo, Capriles “comete un grave error al desconocer la victoria de Maduro”, un error que “puede repercutir en la oposición”, opinó. Díaz Rangel estima que el líder de la oposición apostó a dar en Venezuela “un golpe de Estado disfrazado” del tipo de los que se concretaron en Honduras y Paraguay. “Los dos últimos golpes que se dieron en la región no siguieron con la norma de la intervención militar. Manuel Zelaya fue sacado del poder en Honduras por la vía ‘constitucional’, avalada por el Tribunal Supremo y el Congreso. A Lugo, en Paraguay, le hicieron un golpe parlamentario. Maduro alertó sobre el clima de deslegitimidad que se estaba creando y que apuntaba a aislarlo a él. Hay elementos parecidos al golpe de 2002: la gran manifestación a la que convocó Capriles para ir al cne –y que después suspendió– podría haber generado una situación imprevisible. A esto se suma la presión de Estados Unidos y la campaña de los medios. Yo creo que se estaba a las puertas de este nuevo tipo de golpismo disfrazado.” El director de Últimas Noticias, un tabloide popular que hace esfuerzos por marcar su independencia pero que “la calle” percibe como oficialista, según Página 12, piensa que no hubo sorpresa en que los grandes medios de prensa del país jugaran en favor de la oposición en la última elección, y no la hay en que reclamen ahora un “recuento voto a voto ya”. “El papel de la mayoría de los medios fue en favor del candidato de la oposición, pero ha sido la conducta de los últimos diez años. Buena parte de la fuerza de la oposición está en el mensaje mediático antes que en la estructura de partidos. Los medios son su pieza fundamental”, dijo, antes de constatar el “fracaso” del gobierno en construir una red alternativa de medios creíble. “Hay 200 emisoras radiales comunitarias en el país y nadie sabe su eficiencia ni hasta dónde llegan con las audiencias. Algunas compiten con las radios privadas, pero es un espacio desaprovechado. La mayoría de las emisoras son antigubernamentales y comentan las opiniones de la prensa antichavista.” Algo similar se da a nivel de los medios televisivos: 80 por ciento de la audiencia se la reparten tres canales de línea editorial antichavista, mientras la estatal vtv apenas “pesa” un 8 por ciento y Telesur es marginal. “Hay un desbalance como consecuencia de la falta de capacidad de los medios del Estado, que no tiene nada que ver con los recursos ni con lo técnico”, apuntó Díaz Rangel.

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