La batalla perdida del integrismo católico

Francia aprueba ley de matrimonio igualitario

Francia se convirtió el martes 23 en el decimocuarto país en el mundo en aprobar el matrimonio igualitario. Unos días después de Uruguay, y también de Nueva Zelanda. Pero en Francia, “la hermana mayor de la Iglesia”, la aprobación definitiva del proyecto costó sangre, sudor y lágrimas. Literalmente. A favor y en contra, la ley, una promesa de campaña del presidente socialista François Hollande, movilizó multitudes en manifestaciones de cientos de miles de personas en todo el país que sólo han sido convocadas en los últimos años por otro gran tema de la sociedad: la educación. Pero con un factor adicional: la extrema violencia presente en las movilizaciones promovidas por los opositores al proyecto y en las declaraciones de sus principales referentes, sólo comparable en este caso a la islamofobia que marcó el año pasado la campaña reeleccionista del presidente conservador de entonces, Nicolas Sarkozy. “Francia vivió una primavera negra. La extrema derecha, los grupos ultracatólicos y la oposición conservadora montaron un show de homofobia latente que llegó incluso a agresiones físicas contra los homosexuales, y pasó el límite de la intimidación con una carta de amenazas llena de pólvora remitida al presidente de la Asamblea Nacional, Claude Bartolomé”, escribía por estos días el periodista argentino radicado en París Eduardo Febbro. Hubo “amenazas a diputados favorables a la ley, destrucción de locales, golpes e insultos a los homosexuales y un sinfín de episodios de una vulgaridad de comedia barata”, dice el periodista, que cita en particular un episodio sucedido hace menos de quince días: el ataque en plena calle a una pareja de jóvenes gays, uno francés y el otro holandés, por una banda de cinco energúmenos. “‘Mirá, son homosexuales’, dijo uno de ellos e inmediatamente empezaron a pegarles. La foto de Wilfred de Brujin (el holandés de la pareja) con la cara desfigurada por los golpes dio la vuelta al mundo”, apunta Febbro. De Brujin contó en una carta: “Desde el verano pasado, el clima se volvió odioso para los homosexuales en Francia. Nos sentimos atacados, amenazados, insultados. El debate dejó libre una violencia verbal y física que antes parecía contenida. La culpa es de los obispos de la Iglesia Católica y de políticos como Jean-François Copé”, el líder de la ump, el principal partido de la derecha francesa, escribe. Febbro da cuenta del arco político y social que se movilizó contra el proyecto de ley de “matrimonio para todos”: “desde los integristas católicos de Civitas, obispos y curas de corte tradicionalista, diputados o intendentes de la oposición conservadora, núcleos de neonazis, miembros del grupo terrorista que se opuso a la independencia de Argelia –la oas–, militantes y cuadros del partido de extrema derecha Frente Nacional, nostálgicos de la monarquía de Acción Francesa, grupúsculos xenófobos de las Juventudes Nacionalistas, neonazis del Bloc Identitaire y un montón de familias que ven en la ley una amenaza contra la civilización occidental”. Todo este aluvión está liderado por una mujer, Frigide Barjot, una ex cómica y cronista mundana que se viste toda de rosa como un incongruente plato de repostería. Frigide Barjot se autoconsidera como “la portavoz de Jesús”. La líder de este revuelo intimidante considera que vive bajo “una dictadura”, y dirigiéndose al presidente socialista, François Hollande, una vez dijo: “Hollande quiere sangre, la tendrá”. Como la ley también incluye la posibilidad de que dos personas del mismo sexo puedan adoptar hijos, sus opositores se apoyan en ese capítulo para negar toda forma de homofobia: “Nos preocupa que los niños sean educados por dos padres o dos madres”, dice Frigide Barjot.
La carta llena de pólvora que recibió el presidente de la Asamblea Nacional tiene el mismo corte explícito. “Nuestros métodos son más radicales y expeditivos que las manifestaciones. Ustedes quisieron la guerra, ahí la tienen.” Más adelante, el texto dice: “El matrimonio para todos equivale a la supresión total del matrimonio. En el caso de que usted haga caso omiso de este ultimátum, su familia política sufrirá físicamente”.
Al principio de las manifestaciones, los carteles eran contra el texto, pero con el correr de las semanas y de las marchas cada vez más multitudinarias –hasta 300 mil personas– la protesta se focalizó en los socialistas.
El resultado ha sido dramático para los gays y las lesbianas más jóvenes, con escasa experiencia en la discriminación. De pronto tienen miedo de que los reconozcan, de que los agredan por su sexualidad.
Los protagonistas de la primavera negra francesa sueñan con una suerte de mayo del 68 al revés, es decir, en vez de una revolución liberadora de las costumbres, una revolución conservadora que vuelva a ponerle una mordaza a la sociedad. n

Текстиль для дома, Вышивка, Фурнитура, Ткани
автоновости