Brecha Digital

“La presencia militar es un tema estratégico para Estados Unidos”

—¿Cree que existe una renovada intención por parte del Comando Sur del Pentágono de poner un pie en Latinoamérica?
—El Comando Sur tiene la clara intención de establecer mecanismos bilaterales de relacionamiento militar con todos los países que pueda. La presencia física permanente es algo que puede ser parte del esquema general. Pero lo prioritario para ellos es el establecimiento de relaciones de cooperación que permiten la instrucción y la diseminación de doctrina, asociada a la provisión de equipamiento. Esos son los dos brazos más eficaces para profundizar la presencia real sin necesidad de establecer bases.


—Pero, ¿no percibe que hay una idea de instrumentar una variante de la Escuela de las Américas desagregada país por país?
—Sí, por supuesto. Hay figuras nuevas para establecer distintas categorías de presencia, como es el caso de los convenios que permiten usufructuar infraestructura ante situaciones dadas: desastres naturales, catástrofes, etcétera. Eso, desde el punto de vista militar, es casi como una base, porque les permite a los estadounidenses resolver el problema estratégico del acceso a cualquier parte del globo ante eventuales misiones. Para eso necesitan puntos de apoyo que muchas veces se introducen bajo estas figuras nuevas de la ayuda para catástrofes.
—La cúpula del Comando Sur admitió ante el Congreso de Estados Unidos que necesita más puntos de apoyo en América Latina con vistas a un eventual ataque a Irán, debido a los estrechos lazos políticos, militares y económicos de los países del Alba con Teherán.
—Nosotros respetamos la soberanía de cada Estado. No tenemos por qué opinar sobre los amigos de nuestros amigos, y cada país tiene plena libertad de buscar los lazos de cooperación con los socios que representen sus intereses nacionales. Eso también se aplica para Estados Unidos.
—Está el antecedente de las bases colombianas que brindaban acceso a los estadounidenses.
—Ese caso generó un fuerte debate y se le encomendó al Consejo de Defensa Sudamericano que estableciera una serie de soluciones al problema a través del establecimiento de medidas mutuas de confianza y de transparencia. Esto se podría resumir en lo que denomino la “doctrina Cristina”, que sostiene que todo país tiene el derecho a hacer los acuerdos que quiera y establecer en su territorio las instalaciones que quiera, pero ningún país tiene derecho a que el alcance extraterritorial de las actividades de militares extrarregionales tenga incidencia sobre cualquiera de los países miembros de la Unasur. En otras palabras: Colombia tiene derecho a tener estadounidenses en las bases, pero no tiene derecho a que el alcance de la actividad afecte a Venezuela o a otro país de la región.
—Sin embargo, también se había establecido un mecanismo de consulta...
—Esos son los procedimientos de implementación de confianza mutua. Eso implica que todos los países tienen la obligación de informar al resto sobre cualquier acuerdo nuevo que hacen con otro, informar a los países vecinos cuando hay movimientos de tropas, e incluso ejercicios militares en zonas de frontera, y sugiere la presencia de veedores para que asistan a las maniobras. Es una larga lista de cuestiones técnicas que ayudó muchísimo a conjurar la crisis entre Colombia y Venezuela.
—¿Cómo se logró abortar la instalación de la base del Comando Sur en el Chaco?
—Principalmente, al hacerse pública. El Ministerio de Defensa tiene la responsabilidad de manejar las relaciones de cooperación en materia de defensa con todos los países del mundo. Parte de ese mecanismo son las agregadurías militares. Estados Unidos tiene una oficina de agregados militares, pero a diferencia del resto del mundo tiene –además– la figura que se denomina el Grupo Militar, que no es parte de la Agregaduría de Defensa sino que es la representación física del Comando Sur. El agregado de Defensa representa al Pentágono, en cambio, el Grupo Militar representa al Comando Sur.
—Por decisión de Néstor Kirchner el Grupo Militar fue desalojado –en su momento– del edificio del Estado Mayor.
—Sí, ellos tenían oficinas en el Estado Mayor Conjunto y oficinas en la sede de cada una de las tres armas. Nosotros les dijimos: “Señores, vayan a su embajada”. En esa época había enlaces argentinos en el Comando Sur y en la Joint Task Force de Cayo Oeste. Nosotros suprimimos todos esos enlaces y nunca enviamos un enlace a la sede de la IV Flota en Florida.
—Este Grupo Militar tiene presupuesto propio y ofrece programas de entrenamiento. De esa manera se presentó en el Chaco.
—Sí, ofrecieron ayuda y asistencia para control de desastres. Se comprometieron a financiar un centro de coordinación de Defensa Civil. Chaco dijo que sí porque es muy difícil resistirse a la tentación de las donaciones. Pero recién después de avanzar en el tema se descubrió que los recursos venían de un fondo para asistencia humanitaria del Comando Sur. Desde nuestra perspectiva, no podemos aceptar que una estructura militar extranjera tenga operaciones, actividades –así sean las de evitar inundaciones–, sin pasar por el Ministerio de Defensa, la cancillería y el Congreso. Cuando descubrimos eso hicimos lo que había que hacer: volver todo para atrás.
—¿Por dónde se habían colado?
—Ellos pueden hacer estas cosas porque todavía están vigentes algunos acuerdos de cooperación que datan de la Guerra Fría y que fueron firmados por los gobiernos militares y permitían todo este tipo de actividades de los estadounidenses en Argentina.
—¿El asunto de los Seals pone en evidencia que las Fuerzas Armadas uruguayas tienen más autonomía que las argentinas?
—Todas las fuerzas armadas de la región tienen más autonomía. La explicación está dada en la transición democrática: Argentina tuvo una transición traumática. Esa crisis nos permitió tomar la posta y hacer de la política de defensa, y del instrumento de la defensa –que son las fuerzas armadas–, el más profundo de los modelos de cambio. Nosotros llegamos al hueso: en el tema de derechos humanos, en los temas de formación, estructura y justicia militar. Rompimos la idea de que cada fuerza era un compartimiento estanco, que había tres fuerzas, tres culturas, tres presupuestos, y las unificamos. Pero lo más importante es la clarísima distinción entre defensa y seguridad. Hoy somos un país en el que existe el ejercicio pleno de la conducción política de la defensa. n

 

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