Movilización y desazón

El miércoles 15, miles de personas conmemoraron en las calles de Asunción el cuarto año de la llegada al gobierno del destituido presidente Fernando Lugo. Los docentes marcharon hacia el centro de la ciudad, mientras el Movimiento Paraguay Resiste realizaba una concentración frente al Congreso y el viejo Cabildo. En las plazas De Armas y De la Democracia se levantaron a su vez una docena de carpas en las que se organizaron debates públicos sobre la situación política y social actual. El “golpe parlamentario” de junio tuvo la virtud de removilizar a los adormecidos paraguayos, pero esa removilización, palpable en todo el país, no se ha traducido en una mayor unidad de las fuerzas progresistas, divididas por disputas de poder de cara a las elecciones presidenciales del 21 de abril próximo. El Frente Guasú, que nuclea a 18 partidos y movimientos políticos y sociales, sigue sin dar signos de vitalidad a pesar de que el contexto político podría verse como favorable a la consolidación de una fuerza que unifique a los sectores progresistas, una vez que colorados y liberales, los partidos tradicionales paraguayos, se han mostrado unidos para dar el golpe. El único consuelo que podría tener el progresismo local es que en la vereda de enfrente las cosas no van mejor. En filas coloradas, Horacio Cartes y Zacarías Irún, los dos principales pretendientes a la candidatura presidencial partidaria, se están sacando los ojos. Y ninguno de los dos parece en condiciones de atraer a algún sector con ánimo progre en el que el Frente Guasú podría incidir: Cartes es un latifundista acusado de narcotraficante y lavador de dinero ilegal por la propia dea estadounidense; Irún es un padrino de bajo vuelo de Ciudad del Este, el vértice paraguayo del triángulo fronterizo con Brasil y Argentina, uno de los centros más activos del contrabando a gran escala en la región. Y en tiendas del Partido Liberal del hoy presidente Federico Franco cunde el desánimo. No aparece ningún candidato de peso y dirigentes intermedios de la organización no han ocultado que durante las “visitas domiciliarias” a militantes, que están realizando actualmente de cara a las elecciones, chocan con una actitud “desafiante” de sus bases. Los militantes les exigen a sus dirigentes, por ejemplo, que cumplan con sus promesas de trabajo, de cargos. “Ahora que somos gobierno, y que ya no está Lugo, ¿qué es lo que me puedes dar?”, dijo un liberal que le plantearon en sus giras. Y no pueden darles nada.

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