Brecha Digital

Hemisferio izquierdo

Son relativamente pocos los genios que han influido durablemente en las maneras en que se ve el mundo. Confucio, Aristóteles, Platón, Siddhartha Gautama (Buda), Jesús, Maquiavelo o más cerca nuestro Kant, Marx, Einstein, Freud, son algunos ejemplos. Lo cierto es que escuelas de pensamiento ha habido muchas, pero que se inscriban durablemente en los espíritus a través de siglos, pocas. Es posible, además, que ya no aparezcan esos genios que marcan un antes y un después con la fuerza que puede haberlo hecho Einstein para la física, Freud para el psicoanálisis o Marx para la economía política. La realidad aparece más compleja a medida que más se la conoce. En la esfera política esto es particularmente cierto. La realidad social es complicada y dinámica, somos cada vez más numerosos, interactuamos de maneras más rápidas y variadas y con más gente, diversificamos extraordinariamente los campos de actividad, las jerarquías y las dependencias. Teorías totalizadoras, explicaciones universales sobran, pero muchas llaman a creer por la fe. Parece cada día más difícil que surja alguien que nos dé una visión unificadora, una teoría universal que explique el mundo de manera cualitativamente mejor. Se avanza, pero por la acumulación de innumerables descubrimientos, explicaciones, trabajos colectivos. Queda la secreta esperanza de que aparezca ese ser excepcional que sea capaz de hacer ver, con una explicación unificadora, quiénes somos, hacia dónde vamos y cómo podemos darle un nuevo sentido y viabilidad sostenida a nuestra especie. Se hace sentir duramente esa falta en el campo de la política, y más precisamente del socialismo.
El sociólogo francés Razmig Keucheyan se tomó el trabajo de hacer una Cartografía del nuevo pensamiento crítico* estudiando e intentando poner cierto orden en las nuevas teorías que cuestionan de forma global el orden social contemporáneo. Se ocupó solamente de aquellos que piensan que un mundo mejor es posible y que son capaces de teorizar acerca de los caminos que conducen a él, no solamente de los que hablan de lo que es, sino también de lo que es deseable. Su lista no es por supuesto exhaustiva, y si bien predominan europeos y norteamericanos universitarios, prevé un aumento de los aportes teóricos provenientes del mundo “emergente”. Muy pocos de los nuevos pensadores críticos son líderes políticos, aunque Keucheyan hace una mención especial al ex guerrillero y vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera. Menciona a marxistas, posmarxistas, posestructuralistas, neospinozianos y otras categorías que intenta organizar, todos bajo el signo de ser pensamientos marcados por la derrota de los movimientos de revuelta de los años 1960 y 1970 y que han prosperado a partir de la caída del muro de Berlín. Keucheyan aborda diferentes maneras de encuadrar en períodos la historia del pensamiento revolucionario, del cual fija el origen en la revolución francesa, sus momentos de auge alrededor de la revolución rusa y su ocaso con la caída del muro de Berlín. En total, dos siglos, que van de 1789 a 1989.
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