Las tres jóvenes punks rusas que fueran condenadas la semana pasada en Moscú a dos años de prisión por “vandalismo y odio religioso” tras haber realizado una “misa punk anti Putin” en una catedral, se han convertido en lo que el New York Times llamó todo un fenómeno mediático global. El viernes último, a la hora en que en Rusia se leía la sentencia del tribunal que las juzgaba, se hacían más de 60 concentraciones en todo el mundo reclamando que no se las condenara. Pidieron su liberación Madonna, Sting, Paul McCartney, los Red Hot Chili Peppers, Patti Smith, Bjork y otras estrellas del pop y el rock. Por su condena clamó la Iglesia Ortodoxa, fiel aliada de Vladimir Putin. El patriarca Cirilo I, jefe de los ortodoxos, había calificado de “celestial” la gestión del presidente unas semanas atrás. Un referente laico de esa comunidad advirtió sin embargo que condenar a las punks sería una torpeza: equivaldría a hacer de ellas unas mártires, dijo. Y fue prácticamente lo que pasó. Si no al martirologio, las chicas fueron llevadas al menos a la altura de “símbolo de la lucha por la democracia en Rusia”, como afirmaron a la agencia France Presse los organizadores de una “intervención urbana” en Sofía, la capital búlgara.
Las Pussy Riot (el nombre podría traducirse por “Motín vaginal”) surgieron hace casi un año, apenas se conoció la noticia de que Vladimir Putin había decidido presentarse como candidato a la presidencia en las elecciones que tuvieron lugar en marzo último. El grupo está integrado por cinco muchachas menores de 30 años que en sus recitales se presentan invariablemente cubiertas con pasamontañas flúo y dicen querer parecerse a “los Sex Pistols de los orígenes”. A su “misa punk” de febrero pasado en el altar de la catedral moscovita Cristo Salvador (cantaron encapuchadas y en ropa interior) ellas la compararon a aquel recital de 1977 en que los ingleses liderados por Johnny Rotten fueran detenidos por interpretar su versión del “God Save the Queen”. “Virgen María, madre de Dios, líbranos de Putin. Virgen María, madre de Dios, convertite en feminista”, cantaron las Pussy Riot en la catedral ortodoxa. Las tres chicas fueron condenadas por vandalismo y sacrilegio. Un fiscal había pedido siete años de prisión; la jueza, “magnánima”, les impuso dos. Durante las audiencias, testigos de la fiscalía afirmaron que las chicas habían realizado “bailes satánicos” en la iglesia.
“En una sociedad sana no podría haber un juicio por algo así. Pero la rusa es una sociedad enferma”, dijo Maria Alekhina, una de las tres artistas que fueron detenidas. “Si hubiéramos cantado ‘madre de Dios protegé a Putin’, en vez de ‘madre de Dios líbranos de Putin’ nadie hubiera dicho nada.” Hasta sus detenciones (antes de la de febrero estuvieron arrestadas algunos días en enero tras tocar “Revolt in Russia” en la Plaza Roja) muy pocos conocían al grupo en Moscú. Apenas algunos fans que las seguían incondicionalmente de recital en recital. “Ahora, y gracias a los cazadores de brujas, todo el mundo sabe de Maria Alekhina, poeta, estudiante de periodismo y escritura creativa en Moscú, 24 años, madre de un hijo de 5; Ekaterina Samucevich, 29 años, artista audiovisual, y Nadezhda Tolokonnikova, artista audiovisual de 23 años, estudiante de cuarto de filosofía y madre de una niña de 4”, escribe una revista española. Las Pussy Riot tienen hoy miles de seguidores en Twitter, y el video de su último recital moscovita fue bajado más de dos millones de veces.
El viernes pasado la policía moscovita cargó contra manifestantes que esperaban la decisión de la justicia y detuvo a decenas de personas. Entre ellas al líder del Frente de Izquierda Serguei Udaltsov y al ajedrecista Gary Kasparov. “La combinación de nacionalismo, autoritarismo y oscurantismo religioso que caracteriza al régimen de Putin es de las peores posibles”, dijo Udaltsov.
El martes la policía informó que estaba tras la pista de las otras dos integrantes de las Pu-ssy Riot.