Brecha Digital

La generación de los nietos

“Hijos de Mengele y de la Coca-Cola”, se llamaban a sí mismos los jóvenes del 68 alemán que se rebelaban en aquel momento contra el pasado nazi de su país y el presente de alineamiento de su dirigencia política con Estados Unidos. “La generación de los hijos está llamada a asumir el proceso de desnazificación que la Alemania de posguerra no hizo”, decía por entonces uno de los líderes de la revuelta juvenil, Rudy Dustchke, que moriría poco después como consecuencia de un atentado de la ultraderecha. El proceso no fue culminado, y “ahora son los nietos los que deben sentar las bases para que aquel pasado horroroso no se repita”, tomó la posta hace algunos días el nieto de un oficial de las ss, las fuerzas de choque del régimen de Hitler.
El lunes 20 unas 300 personas, entre ellas muchos nietos y nietas de nazis, partieron de lo que fuera el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, en el marco de un recorrido por los diversos centros de exterminio montados en Polonia, en una “marcha por la vida y contra el antisemitismo” en la que también participaron familiares de víctimas de los nazis. Belzec, Majdanek, Sobibor, Chelmno y finalmente Treblinka serán los campos que recorrerán los marchistas, convocados por varias ong e iglesias evangélicas. “Tuvimos esta idea en nuestra iglesia en Tubinga, donde mucha gente ha descubierto estudiando la historia de sus familiares que sus seres cercanos habían estado implicados en crímenes nazis”, dijo Heinz Reuss, de la ong toz, de Alemania, a la agencia afp. “Los participantes marcharon relevándose por pequeños grupos entre varios campos de exterminio instalados en Polonia por la Alemania nazi. Quieren así pedir perdón por lo que hicieron sus abuelos y romper una suerte de ley del silencio sobre estos actos en Alemania”, afirmó otro de los organizadores, Zbigniew Judasz.
Bäerbel Pfeiffer, nieta de un nazi electricista que instaló en Auschwitz las alambradas de alta tensión y los equipos para las cámaras de gas, pidió perdón “en nombre” de su abuelo. En ese campo fueron exterminados un millón de judíos, así como entre 70 mil y 75 mil polacos no judíos, 21 mil gitanos, 15 mil prisioneros de guerra soviéticos y entre 10 mil y 15 mil otros presos, incluidos resistentes, según los datos del museo del campo citados por la agencia francesa. El campo de Trebilinka, donde la marcha culminó el martes, fue uno de los puestos en funcionamiento por los nazis más expeditivos. La “esperanza de vida” media de quienes allí llegaban no pasaba de una hora y media. Operó entre julio de 1942 y octubre de 1943, y en él se estima que habrían sido asesinadas unas 845 mil personas. n

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