La inacabada reconstrucción de Haití

Las excavadoras han comenzado a completar hoy lo que el terremoto dejó a medias. Es una forma de decir, de expresarlo, con un inevitable poso de amargura. Tres enormes máquinas han comenzado a demoler el cascarón vacío en que quedó convertido el Palacio Presidencial en Puerto Príncipe.

De las muchas imágenes sobrecogedoras que dejó grabadas en la memoria aquel devastador terremoto hay dos que se convirtieron en icónicas. Una fue la de un haitiano caminando desnudo, perdido, como sonámbulo, por una calle en ruinas, en medio de un paisaje de destrucción y muerte. La otra imagen fue, y ha sido hasta ahora, la del Palacio Presidencial con su segunda planta, con sus cúpulas inclinadas, vencidas: el símbolo de la desolación infinita.
El presidente haitiano, Michel Martelly, había anunciado hace unos días la demolición del edificio para construir un nuevo Palacio Presidencial de hechura similar al que ahora, definitivamente, ha comenzado a dejar de existir. Una ong vinculada al actor estadounidense Sean Penn es la que lleva adelante ese proyecto. Sean Penn ha sido uno de los personajes públicos que en su momento adquirió un compromiso con Haití que siempre ha mantenido vivo. Como lo han mantenido distintas ong o, en España, gente como Antonio Fraguas, Forges, con su diario recordatorio “Pero no te olvides de Haití”.
Han pasado más de dos años y medio. Un tiempo en el que cualquier país con cierto desarrollo se habría recuperado de un cataclismo similar. No ha ocurrido así en Haití. Todavía hoy casi medio millón de haitianos, más de 400 mil seres humanos, sigue viviendo en medio de la nada, en los precarios campamentos construidos con desechos, con lonas, plásticos, cartones y planchas de hojalata. El cólera se ha convertido en endémico. La miseria ya lo era y lo va a seguir siendo.
De toda la multimillonaria ayuda prometida en un primer momento, en apasionados discursos apelando a la solidaridad y en conferencias internacionales, apenas ha llegado una décima parte. Y hoy, más de dos años y medio después, Haití ha dejado de figurar en la agenda internacional y en las páginas de los medios de comunicación. La aireada reconstrucción ha pasado a ser una quimera. En medio de la crisis ya casi nadie se acuerda de ese rincón acorralado entre el mar Caribe y la historia.
Nos hemos olvidado de Haití. No todos, hay que reconocerlo. Ha habido y aún hay gente, sobre todo jóvenes, que a través de ong y de proyectos de cooperación continúa trabajando silenciosamente, anónimamente, por que Haití tenga futuro. De momento, el presente sigue siendo desolador.

 

Текстиль для дома, Вышивка, Фурнитура, Ткани
автоновости