Los aliados que vos criáis

El estreno de una película de un oscuro documentalista estadounidense –aparentemente de origen israelí– hipercrítica del islam fue el motivo que habrían aducido los atacantes del consulado de Estados Unidos en la ciudad libia de Benghazi para justificar una acción en la que terminaron muriendo asesinados el embajador Christopher Stevens, dos marines y un agente de prensa.

Estos tres últimos fueron rematados dentro del auto en el que trataban de huir luego del incendio del consulado; Stevens, que acababa de llegar a Benghazi desde Trípoli, murió asfixiado. Funcionarios estadounidenses citados por medios occidentales dudan de que la causa del ataque sea La inocencia de los musulmanes (tal el nombre de la película), afirman que se trató de una operación preparada previamente y lanzada aprovechando “la ira suscitada en el mundo musulmán” por el filme, y barajan varias hipótesis. Una de ellas apunta a grupos islamistas fundamentalistas que fueran aliados de Estados Unidos en el combate contra el gobierno de Muammar Gaddafi y que luego fueran dejados de lado por Wa-
shington. Stevens, que había jugado un papel importante en el mantenimiento de la ayuda estadounidense a los “rebeldes” cuando Gaddafi todavía estaba sólidamente en el poder en Trípoli, era conocido por oponerse a la alianza con los sectores más duros del islamismo que otros estadounidenses defendían por razones “tácticas”. El presidente Barack Obama afirmó que su país “colaborará” con las autoridades libias en la búsqueda de los asesinos de Stevens, el primer embajador estadounidense muerto en un atentado en más de 20 años, pero que si la colaboración no da resultado Washington se las arreglará para llegar a buen puerto por su cuenta. Un cuerpo de elite antiterrorista de marines ya fue enviado a Libia.
La inocencia de los musulmanes (algún avance puede ser visto en Youtube), según resumió el diario británico The Independent, “presenta al islam como una religión fraudulenta y al profeta Mahoma como mujeriego, homosexual, abusador de menores y asesino”. Su autor es un tal Sam Bacile, un comerciante en bienes raíces de 56 años que –según un periodista que lo entrevistó– es de origen israelí pero del cual el gobierno de Israel no encontró rastros en su país. “El islam es un cáncer y mi película es política, no religiosa. Estados Unidos perdió un montón de dinero y de personas en guerras en Irak y Afganistán, pero estamos peleando con ideas”, dijo Bacile al periodista.
Además de las protestas en Libia (el ataque con granadas contra el automóvil en el que viajaban el embajador y sus tres acompañantes se produjo luego del incendio del consulado por manifestantes convocados a repudiar la película) hubo otras en Egipto, también contra la embajada estadounidense y también violentas, aunque en El Cairo las cosas no pasaron a mayores.
El affaire tuvo una pata de política interna estadounidense: el candidato republicano a la presidencia, Mitt Romney, reprochó a Obama que en el discurso en que se refirió al ataque a la embajada libia fustigara al pasar a quienes fomentan la intolerancia religiosa y desprecian las creencias de otros (en alusión en este caso a La inocencia de los musulmanes). “Estados Unidos no puede pedir perdón sino defender a sus valores y sus hombres. Y punto”, dijo Romney.

 

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