¿Romántico tal vez? Humanista sin duda; Viveret es parte del movimiento de rebelión europeo que conecta a la generación de posguerra con la juventud. “La contradicción entre la lógica financiera y la democrática cuestiona la paz global. Es un error tratar la crisis explotando más a la naturaleza y a los ciudadanos, el mundo financiero mueve poco dinero en bienes y servicios reales, es especulación hecha con algoritmos computarizados y movida por la euforia o el pánico”. Más dinero real mueven los estupefacientes, el armamento y la publicidad. Las drogas tratan el “mal vivir”, las herramientas de “mal tratar” combaten el miedo y el “mal de ser” se alivia comprando. “Es un problema político, nuestras sociedades y economías verán su salvación al transformarse en sociedades del buen vivir.” En La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber definía la modernidad como el pasaje de la economía de la salvación a la salvación por la economía; Viveret piensa que debemos superar la modernidad enfrentando tres deudas: la social, la ecológica y la financiera. Y cita al financista Warren Buffet: “La guerra de clases existe, pero es mi clase, la de los ricos, que la lidera y la está ganando”, gracias a las enormes riquezas que han pasado de los trabajadores al capital. La modernidad trajo libertades, pero la “cosificación” mercantil de la naturaleza y la gente lleva a la destrucción. Hay culturas que jerarquizan el vínculo social, el sentido de la vida, la relación con la naturaleza; la salvación está en la universalización de lo humano, en pasar a una civilización de compartir, sostiene el francés. “El deseo de acumulación viene de la miseria espiritual y afectiva, superar esa miseria es abrir las puertas a la posmodernidad, a una humanidad que se quiera a sí misma, que supere el miedo a la muerte con la audacia de vivir.” ¿Por qué aceptar la libre circulación de mercancías y capitales pero no la libre circulación de las personas? Hablar de bienestar, frugalidad, solidaridad o gobierno mundial suena a utopía porque somos manipulados, dice Viveret, y afirma que el eje político está en el reconocimiento y el respeto del otro, en una democracia que funcione en una sociedad educada y centrada en la cooperación. Pero la realidad es que vivimos en la ambivalencia. La sociedad oscila, a imagen del sistema financiero, entre la excitación y la depresión. Viveret desea que balancee entre la intensidad y la serenidad. Salvar al capitalismo financiero implica transferir recursos de la protección social a los banqueros, reducir salarios, sobreexplotar los recursos naturales. Tenemos que salvarnos como especie primero, y al planeta, dejando de lado el dinero como valor prioritario, integrando a 3 mil millones de seres humanos que viven en la miseria con un salario mínimo vital universal y topeando los ingresos del capital, dice. Viveret se inspira en algunas de las iniciativas de André Gorz** para montar alternativas al capitalismo: evitar las inversiones a corto plazo, gravar las transacciones financieras, imponer límites a las ganancias, intercambios no monetarizados, separar el trabajo de la obligación de venderse. Viveret propone la “resistencia creativa”, la “experimentación anticipatoria” y la “visión transformadora”, sin lógicas de rivalidad, individualismo y autoritarismo. Cree en las iniciativas locales y en la no-violencia activa de Saúl Alinsky,*** que pregona tácticas como la ridiculización del adversario, la autoorganización para practicar intercambios sin pasar por el dinero y el disponer siempre de propuestas a los problemas que se denuncian.
Junto a Morin y Hessel, Viveret forma parte de un conjunto conmovedor de veteranos optimistas que corren los últimos cien metros para pasar la posta desde la experiencia a la esperanza. n
* Patrick Viveret. La cause humaine. Du bon usage de la fin d’un monde, Les Liens qui Libérent, París, 2012.
** André Gorz, “La salida del capitalismo ya ha empezado”, en Revue Critique d’ecologie politique, París, 27-VII-08.
** Rule for radicals.