Algunos de los manifestantes llevaban pancartas con esvásticas, en alusión a la ocupación nazi de Grecia durante la Segunda Guerra Mundial, otros decían “No al cuarto Reich” o “Fuera Merkel, Grecia no es una colonia”. La protesta tuvo lugar en los alrededores de la céntrica plaza Syntagma, emblema de las movilizaciones populares en el país, y fue convocada por todas las centrales sindicales, el partido de izquierda Syriza, segunda fuerza política nacional, y grupos de la derecha nacionalista. En la concentración estaban, codo a codo, el líder de Syriza, Alexis Tsipras, y el de la coalición de izquierda alemana Die Linke (La Izquierda), Bernd Rixinger. Ambos intentaron que las consignas que se corearan estuvieran más centradas en la denuncia de las “políticas neoliberales” aplicadas en la región que en un rechazo nacionalista a Merkel. “La tradición democrática europea no permitirá que Grecia se convierta en un cementerio social”, dijo Tsipras.
Ajena a las agitaciones del populacho, Merkel se reunió en Atenas no sólo con las autoridades griegas sino también con representantes de los organismos de la troika de acreedores del país (Banco Central Europeo-Unión Europea-Fondo Monetario Internacional) que literalmente maneja la economía helena. “Grecia está realizando progresos, pero debe proseguir los esfuerzos y los sacrificios para sanear su economía”, dijo la gobernante alemana. “El pueblo griego sangra, pero está determinado a cumplir sus compromisos y ganar la batalla de la competitividad”, comentó por su lado el primer ministro griego Antonis Samaras. En las pancartas que pueblan las manifestaciones de la izquierda política y social griega Merkel es habitualmente representada con un bigotito a lo Hitler, mientras a Samaras se lo identifica como “el principal bufón” de una corrupta “corte” de políticos vernáculos en la que algunos grupos también incluyen a los socialistas del Pasok, gobernantes o cogobernantes en los últimos años.
La visita de Merkel se produce en momentos en que el gobierno griego discute con la troika un nuevo paquete de recortes fiscales que rondaría los 13.500 millones de euros. Los burócratas europeos no se cansan de repetir a sus interlocutores griegos que si ese tijeretazo no fuera decidido, peligraría la entrega de nuevas partidas del “rescate” de la troika. Las autoridades de Atenas esperan “con ansiedad, y desde hace meses” recibir unos 31.500 millones de euros “a más tardar a fines de noviembre”, según dijeron fuentes del Ministerio de Economía heleno a la prensa. Los ajustes han ido progresivamente desangrando a un país en el que “lo único que crece y prospera son el desempleo y la emigración”, dijo el izquierdista Tsipras.
Mientras tanto, otro país mediterráneo en crisis, España, también gobernado por conservadores y también escenario de una fuerte agitación social, parece haber descartado recurrir a un “rescate” de la troika por las consecuencias que implica. “Lo importante para el gobierno español es continuar con el programa de reformas, continuar con la reducción del déficit público y disipar todas las dudas que existen sobre el futuro de la zona euro”, dijo el martes el ministro de Economía, Luis de Guindos, al anunciar que por el momento Madrid no pedirá el rescate, “una vía que de todas maneras permanece abierta”.
Un día antes, en un informe sobre las perspectivas de crecimiento mundial, el fmi revisó a la baja en particular los pronósticos sobre España y Grecia: el pbi ibérico se contraería 1,3 por ciento en 2013, 0,6 puntos por encima de lo previsto inicialmente, y luego de un 1,5 por ciento de caída este año. Y ello a pesar de las promesas del gobierno de Mariano Rajoy de que los enormes ajustes realizados hasta ahora y proyectados para los meses próximos, a los que se sumaron las nuevas libertades dadas a las empresas para despedir mano de obra para “poder luego crear más empleos”, se reflejarían en una recuperación de la economía nacional. En realidad la española será la economía de peor evolución de la zona euro el año próximo, detrás de la griega. El fmi recomendó a España adherir al rescate. Y a su gobierno, de hecho, encomendarse a Dios.
En Gran Bretaña, otro país que se hunde, el gobierno sorprendió con una propuesta que dejó tiesas a las centrales sindicales: sugirió a los trabajadores británicos canjear sus indemnizaciones de despido por compras de acciones de las empresas en las que trabajan, muchas de ellas en crisis. “Se han inventado muchas fórmulas para embaucar a los trabajadores, pero ésta es realmente insólita”, dijo un dirigente sindical metalúrgico inglés.