La cosa es que en Estados Unidos y en Europa occidental, regiones donde la prensa estaba más desarrollada, implantada y era leída, no paran de cerrar medios. En ambas zonas, según un artículo publicado este mes por el director del mensuario francés Le Monde Diplomatique, Serge Halimi, la difusión de los diarios bajó 17 por ciento en los últimos cinco años. “Y el retroceso va en aumento. En Francia, ni siquiera un período de fiebre electoral provoca el regreso a los quioscos; entre enero y agosto de 2012, los diarios generalistas acusaron un retroceso promedio de sus ventas del 7,6 por ciento en relación con el año precedente. Aun durante los Juegos Olímpicos, el pasado verano boreal, las ventas de L’Équipe, un diario deportivo en situación de monopolio, siguieron bajando.” Para remarcar el fenómeno, Halimi cita en su nota a uno de los propietarios del diario Le Monde, Xavier Niel, según el cual en una generación los diarios habrán desaparecido.
Las últimas noticias impactantes provenientes del kriptonizado planeta prensa llegaron desde el mundo anglosajón. En Estados Unidos, una de las publicaciones “faro”, el semanario Newsweek, nacido hace 80 años, anunció que a partir de enero dejará de editarse en papel y pasará a ofrecerse únicamente en versión electrónica, con un personal mucho más acotado. En Inglaterra, otra publicación “señera”, el diario The Guardian, teclea. A tal punto que circuló el rumor de su cierre en papel y su pasaje a lo “inmaterial”. El director del diario lo desmintió, pero no desmintió las dificultades de la publicación históricamente ligada al laborismo, que viene perdiendo lectores y publicidad a paladas desde hace años.
El fenómeno tiene variadas puntas y explicaciones, desde revoluciones tecnológicas hasta mutaciones culturales y de pautas de consumo, pasando por las propias ofertas de los medios en crisis, la inexistencia o la reducción de apoyos estatales al sector, y varios etcéteras. En el caso de Newsweek, Jean Daniel, uno de los referentes históricos de la revista francesa Le Nouvel Observateur, admirador confeso de la publicación estadounidense en su versión de los sesenta y setenta, dice que últimamente el semanario se había bastardeado. “Para luchar contra la fuga de lectores hacia Internet, (Newsweek) había adoptado hace seis años una nueva fórmula ilegible y aburrida en la cual ponía el acento simplemente en los grandes acontecimientos y en pomposos editorialistas, partiendo de la base de que sus lectores se habían informado ‘del resto’ en la red .” Fue un fracaso. Halimi constata algo similar en muchos medios que “corren detrás” de las publicaciones gratuitas –un éxito editorial en Europa que ha aportado su granito de arena a “la decadencia del periodismo”– o de Internet. “Un tren, un subte, un café, un congreso político: antes, en estos espacios, reinaba la prensa. Hoy, ¿cuántas personas despliegan allí un diario que no sea ‘gratuito’? ¿Es sólo una impresión? Las cifras se imponen y confirman la realidad del abandono”, escribe el editorialista. Y concluye: si el nuevo financiamiento de la prensa “proviniera de la pantalla o de las tabletas, no habría quizás motivo para alarmarse: una cosa remplazaría a la otra. Mejor aun, la ciencia, la cultura, el ocio, la información se difundirían más rápido incluso en los lugares más apartados. Por otra parte, muchos periódicos concebidos sin otro proyecto de redacción que el de redondear las ganancias (o la influencia) de sus propietarios pueden perfectamente sucumbir sin que la democracia sufra su pérdida. Pero las nuevas tecnologías de la información no aseguran al periodismo ni los empleos ni los recursos que proveía la antigua tecnología. A menos de trabajar a título voluntario, es decir, obteniendo sus ingresos de otra parte, como la mayoría de los blogueros, la profesión enfrenta la peor de las amenazas: un futuro incierto”.