Tras su victoria en San Pablo
Los 11 puntos de ventaja que dieron la victoria a Fernando Haddad en San Pablo tuvieron un sabor de revancha personal para Lula, confirmando una vez más la increíble intuición política del ex presidente y reordenando el tablero político brasileño de cara a las elecciones generales de octubre de 2014.
Al conquistar la alcaldía de la megalópolis de San Pablo, principal reducto electoral y financiero del país, el Partido de los Trabajadores, el pt de Lula y Dilma Rousseff, impuso una derrota implacable a su mayor adversario político, el Partido de la Social Democracia Brasileña (psdb), y confirmó su pleno predominio en el escenario político.
No se trató solamente de la mayor derrota histórica de José Serra, el candidato del psdb. Tampoco de una victoria tan histórica como oportuna de Haddad. El resultado significa, en primera instancia, el funeral político de Serra, un ex dirigente estudiantil progresista que se convirtiera en representante de la derecha. Serra, que ya fuera alcalde de San Pablo y gobernador de ese estado, fue en el pasado dos veces derrotado por el pt en sus aspiraciones presidenciales, una por Lula y otra por Dilma Rousseff. Luego de una campaña electoral rabiosa, plagada de posiciones conservadoras que contradicen su propia biografía, Serra, que llegó a aparecer como franco favorito, terminó siendo derrotado de manera indiscutible por Haddad.
El ganador viene de una trayectoria opuesta: profesor universitario, funcionario en niveles menores durante el primer gobierno de Lula, surgió a la opinión pública cuando fue nombrado ministro de Educación. Tuvo una gestión marcada por varias polémicas, fue acusado de poco eficiente, y sorprendió a todos cuando Lula impuso su nombre para disputar la alcaldía de San Pablo, neutralizando a la ex alcaldesa, ex ministra y actual senadora Marta Suplicy.
La imposición de Haddad por Lula causó profundo malestar en el partido, despertó la vena crítica más virulenta de sus adversarios y abrió espacio para que se pusiese bajo sospecha la proverbial intuición política del ex presidente. Luego de haber aparecido en los primeros sondeos con 3 por ciento de los votos, de haberse estacionado largamente en la marca del 10 por ciento durante casi toda la campaña, a última hora logró pasar a la segunda vuelta, pero detrás de José Serra. A partir de ese punto, para Lula y para el pt ganar en San Pablo pasó a ser algo crucial.
Tanto Lula como su partido sufrieron el domingo derrotas significativas en Recife, capital de Pernambuco, ciudad natal del ex presidente, y en Belo Horizonte, capital de Minas, ciudad natal de Dilma Rousseff. En Porto Alegre, capital de Río Grande del Sur, tradicional reducto del pt, el candidato del partido obtuvo un humillante tercer lugar, con menos de 10 por ciento de los votos, el peor resultado en su historia. Pero haber pasado a la segunda vuelta en San Pablo fue una victoria personal de Lula y un consuelo para el partido, que en plena campaña debió enfrentar un juicio por corrupción en la Suprema Corte que desangró a algunas de sus figuras históricas, como el ex jefe de gabinete de Lula José Dirceu.
Bajo control del psdb hace ya mucho tiempo, San Pablo es un bastión del conservadurismo en Brasil. Al imponer a Haddad, Lula corrió un riesgo de dimensiones olímpicas. Su argumento no convenció a nadie, dentro o fuera del partido. Decía que era hora de renovar y descartar figuras harto conocidas, como la propia Suplicy. Había intentado la misma jugada una vez, y con éxito indiscutible: Dilma Rousseff tampoco había disputado elección alguna y derrotó a José Serra en 2010.
Las diferencias, sin embargo, eran visibles. Dilma disputó la sucesión de Lula cuando Lula estaba en la presidencia y en el auge de su popularidad. Pero en la ciudad de San Pablo fue derrotada por Serra. En 2010 se decía en Brasil que Lula lograría hacer elegir hasta un poste. Lo logró con Dilma. Haddad era otro. La respuesta del pt a los críticos más ácidos fue corta y directa: de poste en poste Lula es capaz de iluminar el país.
No es para tanto, desde luego. Pero la del domingo ha sido una victoria personal incontestable de Lula y una reivindicación del pt tras el desastre del juicio en el Supremo Tribunal Federal. Fue también una lección para los aliados, que se habían sentido fortalecidos por los resultados de la primera vuelta, cuando el pt parecía obligado a conquistar San Pablo o a dar de vuelta. Y fundamentalmente una lección para la oposición.
Por otro lado, los resultados muestran que el psdb del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y principal partido de oposición logró victorias en tres capitales, pero sólo una de ellas, Belém do Pará, de relativa importancia nacional. También hay que destacar su triunfo en Manaus, donde Arthur Virgilio derrotó por amplio margen a la candidata apoyada por el pt. Cuando era senador, Virgilio fue un crítico implacable del entonces presidente Lula, a quien llegó a amenazar con una golpiza.
El Partido Socialista Brasileño, el psb, fue el que más creció. Conquistó tres capitales. Una de ellas –Fortaleza, en Ceará– tiene fuerte influencia regional y media a nivel nacional. El pt conquistó tres capitales, pero la que realmente importa –San Pablo– le supone un fortalecimiento indiscutible. El pdt, dudoso aliado nacional del gobierno, logró dos victorias, pero la única realmente importante –Curitiba, capital de Paraná– se dio en alianza con el pt, lo cual fortalece nuevamente al partido de Lula. El Dem, Partido de los Demócratas, que en curiosa ironía abriga a los más recalcitrantes derechistas, logró una victoria importante en Salvador, capital de Bahía, derrotando al candidato apoyado por Lula y Dilma. Este partido, que estaba a punto de disolverse por absoluta falta de respaldo público, logró derrotar a Lula, a Dilma y al propio gobernador de Bahía, Jacques Wagner. ¿Qué efectos tendrá esa victoria en el mapa político nacional? Imposible de prever. Pero al Dem le da una sobrevida.
El psb, al conquistar Fortaleza, impone otra derrota al pt, y de cierta forma consolida el liderazgo de su presidente y gobernador de Pernambuco, Eduardo Campos.
Hay vencedores evidentes. Uno de ellos es el actual senador y ex gobernador de Minas Gerais Aécio Neves, del psdb. Postulante declarado a la sucesión de Dilma en 2014, Neves vio cómo su principal rival en el partido, José Serra, era aplastado por Fernando Haddad. Existe, es verdad, la posibilidad de que el actual gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, derrotado por Lula en 2006, se anime a postularse otra vez a la sucesión de Dilma. Pero no hay dudas de que Neves sale muy fortalecido para 2014.
Otro ganador es Eduardo Campos, del psb, aliado del gobierno de Dilma. En la eventualidad de un deterioro económico que debilite la candidatura de Dilma a la reelección, Campos podría presentarse como candidato o disputar la vicepresidencia si la actual mandataria pugnara por la reelección.
Nada, sin embargo, se compara con la victoria de Haddad en San Pablo, o sea, de Lula da Silva. Pase lo que pase desde ahora hasta las presidenciales de octubre de 2014, la ventaja del pt, de Dilma y de Lula es indiscutible. El domingo fue el funeral político de José Serra, un político que pasó del progresismo al conservadurismo más rancio.