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Es posible en el mundo actual una “cuarta vía”? Porque está claro que la teoría de que “el mercado todo lo regula” –el liberalismo puro y duro del Consenso de Washington– ha estallado en la peor crisis financiera y económica que se ha vivido. Los gobiernos de los países centro del “sistema” han gastado billones de dólares para salvar a la banca internacional que mandaba y manda aún. Tanto es así que han cobrado ya dividendos mientras el dinero que el “maldito” Estado les entregó lo están pagando los asalariados, los jubilados y los que compraron sus casas hipotecándolas.
Se piensa que el “sistema” no debe ser cambiado y que el Estado sirve para salvarlo en los períodos de crisis. También está claro que el estatismo que montó Stalin cayó víctima de su propia naturaleza y de la desembozada alianza entre el imperio estadounidense y los fabricantes de armamentos, que llevó a que los del “segundo mundo” capitaneados por la urss hundieran en la pobreza a cientos de millones de personas para luego desmontar en días lo que costó décadas construir (empleo, salud, vivienda) restringiendo las libertades. Y para colmo se quedaron con la llave de las fábricas y entregaron además a clanes mafiosos el manejo de decenas de países y sus riquezas. Está claro que volver a ese “modelo” sería no sólo dar un paso atrás, sino caer al abismo.
Finalmente, la “tercera vía” de Blair demostró que no era más que una máscara del Consenso de Washington. Con total seriedad y un descaro impresentable privatizaron todo. Tiraron el Estado, en el plano económico, al tacho de la basura. Y terminaron participando en las guerras neocolonialistas en nombre de la libertad y las democracias. Montaron el fraude de las armas de destrucción masiva, asesinaron a cientos de miles de personas y le dieron alas al terrorismo.
¿Quién se ha quedado con el petróleo de Irak? No precisamente el pueblo iraquí sino las mismas compañías que habían sido nacionalizadas. Y en su casa medraron los bancos y se multiplicó la pobreza y el desempleo. ¿Esa es o era la otra vía? Parece que ese modelo no funcionó en el país de Blair, y el Estado, junto a los asalariados y jubilados pagaron la crisis. Hoy gobiernan los tories, es decir la derecha remozada. A eso llegó la tercera vía.
¿Hay una cuarta? ¿El socialismo está muerto? Pero preguntémonos antes: ¿Por qué la crisis del sistema? Alguien puede decir: el fraude y el robo le quitaron transparencia al mercado; los seguros se monopolizaron; la banca invirtió el dinero de los ahorristas en hipotecas impagables; los directivos se pagaron bonos de fábula. Sí, todo es cierto, pero ¿por qué el “mercado” no se autorreguló? ¿Por qué debieron cerrar fábricas como Ford, General Motors y decenas de empresas en América y Europa?. ¿Por qué hay un 10 por ciento de desocupados en Estados Unidos y 5 millones de parados en España?
Y toda la teoría del Grupo de los 8 (G 8) consiste en recortar salarios, bajar las jubilaciones, aumentar la edad de retiro, expulsar a los inmigrantes y poner en orden al sistema financiero privado. Bajar el déficit reduciendo el gasto del Estado. Y que paguen los pobres. Nadie en el “sistema” ha propuesto aumentar los impuestos a los ricos. Ello, dicen, reduciría las inversiones. Y el paro aumentaría. La clave está en que el “sistema” funciona si produce ganancias. Y la desregulación condujo a una formidable concentración del ingreso, y llevó al robo liso y llano, y la burbuja estalló.
¿Puede el “sistema” funcionar de otra manera? Hay que preguntarse ¿Las fabricas de armamentos pueden funcionar si no hay guerras? No. Por tanto para este “sistema” la paz no es posible.
Y la tesis es que los que gobiernan el “sistema” ven la salida por allí. Por más conflicto y más inversión en armamento.
Y otra, por atacar los terrenos aún no explotados a fondo. Comprar la tierra de los países emergentes, explotar para el “sistema” central las materias primas y acentuar la dominación económica y financiera en todo el antes llamado Tercer Mundo. Y no hay otra. Los dueños del capital no van a renunciar a dejar de ganar.
Pero hay otro camino. Socializar progresivamente la propiedad y trasladar, también progresivamente, la plusvalía a los trabajadores. Todo ello sin renunciar a las libertades. ¿Es esto posible en este mundo globalizado? Creemos que sí.
Empezando por atar las manos de los países dominantes. Cambiando las reglas internacionales y fundamentalmente la onu, liquidando el veto de los cinco y el Fondo Monetario y el Banco Mundial.
Que existen otras formas de propiedad no es una novedad. Desde el cooperativismo a la autogestión y la participación total de los productores en la dirección de las empresas y liberando de verdad –en serio– el comercio internacional.
Pero, ¿por dónde empezar? Primero por la propia casa. Y por integrar las economías de los países emergentes. Para volverlos capaces de detener el “guerrerismo” y el terrorismo. Convertir a los pobres del mundo en tan potentes que los hasta hoy ricos no se atrevan a destruirnos.
¿Que esto tendrá costos? No hay dudas. Pero cuanto más se demore, mayores serán los costos. Y el tema da para mucho más. n
* Presidente del Partido Socialista.* Presidente del Partido Socialista
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