Con perdón de los buitres
- Última actualización en 07 Diciembre 2012
- Escrito por: Samuel Blixen
Las maniobras de los especuladores globales
Designar como “fondos buitre” a los capitales que manejan ciertos especuladores globales es insultar a esos animales que limpian el ambiente de la carroña. Los buitres comen animales muertos; los fondos buitre despedazan a sus víctimas, pero las dejan sobrevivir para poder seguir comiéndolas. Los buitres no se comen entre sí; los buitres financieros hacen festín con sus semejantes.
Un ejemplo acabado de “fondo buitre” es mnl Elliott, cuyas oficinas están en Wall Street y su guarida en Islas Caimán. Su principal ejecutivo es Paul Singer, un personaje a quien muchos adulan porque maneja un capital de 13.000 millones de dólares y otros temen porque sus prácticas se apoyan en el soborno (de funcionarios y de magistrados) y en el chantaje. Singer fue uno de los diez principales contribuyentes a la campaña presidencial del republicano Mitt Romney, y fue una suerte para sus víctimas en todo el mundo que Barack Obama resultara reelecto.
Este pirata de las finanzas (aunque más apropiado es el término corsario, porque roba con patente de corso) comenzó sus prácticas carroñeras al amparo de la política debt-to-debt del fmi y el Banco Mundial, cuando la crisis de la deuda externa, a mediados de los años ochenta. A diferencia de los bancos, que compraban títulos a bajo precio y los cambiaban al 100 por ciento de su valor para adquirir empresas estatales, los fondos buitre compraban papeles a precio basura (de El Congo, de Albania), pero en lugar de negociarlos se presentaban ante tribunales (estadounidenses, por supuesto) exigiendo el pago del valor total. Según el Banco Mundial, más de un tercio de los países que suscriben el programa mundial de condonación de deuda, debido al hambre y la pobreza que padece su población, fueron víctimas de juicios entablados por 26 fondos buitre, que lograron cobrar unos 1.000 millones de dólares.
Singer vio su oportunidad de destripar a Argentina cuando se concretó a mediados de 2001 el “megacanje” patrocinado por David Mulford, antiguo secretario del Tesoro de Estados Unidos, cuyos preparativos se cocinaron en una cena en la residencia de Carlos Rohm, en Buenos Aires, el 1 de diciembre de 1999, y en la que participaron , además de Mulford y Rohm, George Bush padre, Antonio de la Rúa y Jorge Batlle, presidentes electos de Argentina y Uruguay, y los ex presidentes Carlos Menem y Luis Alberto Lacalle. El megacanje duplicó los intereses de la deuda y resultó un formidable negocio para nueve bancos internacionales, entre ellos el Citi, el Santander, el JP Morgan y el Crédit Suisse.
Después del estallido social (“que se vayan todos”) que destronó a De la Rúa y extendió la crisis a Uruguay, Singer logró comprar títulos argentinos al 5 por ciento de un valor nominal que superaba los 1.300 millones de dólares pero por los que desembolsó apenas 65 millones. A comienzos de 2002 Argentina entró en default y recién en 2005 Néstor Kirchner logró instalar un proceso de renegociación de la deuda externa (que trepaba a 172.000 millones de dólares) que culminó en 2010 y que condujo a un acuerdo con el 93 por ciento de los acreedores privados mediante una quita promedio del 65 por ciento del total nominal. La negociación exitosa cuestiona, entre paréntesis, a aquellos que durante 20 años pagaron religiosamente lo que se les exigía porque una reducción era “imposible”.
El 7 por ciento restante de la deuda privada, que no entró en el canje, corresponde a los fondos buitre, que comenzaron a litigar en los juzgados para cobrar el 100 por ciento. Singer hizo un movimiento fuerte a comienzos de octubre, logrando que un juez de Ghana confiscara la fragata Libertad, de la marina argentina. Singer ironizó diciendo que la fragata no le servía para navegar en el río Hudson. El verdadero desenlace despuntó semanas después cuando un juez de Manhattan, Thomas Griesa, intimó a Argentina a depositar 1.300 millones de dólares antes del 15 de diciembre, en una sentencia que amparó en su totalidad el reclamo de Singer.
El Departamento del Tesoro reaccionó sobresaltado porque en tiempos de crisis global la sentencia podría ser una bomba de tiempo. Invitó al juez a rever su sentencia, mientras el gobierno de Cristina Fernández anunciaba que desconocería la orden y el uruguayo Enrique Iglesias, ex presidente del bid, se indignaba por la rapacidad de los fondos buitre.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

