Los dilemas del reparto
- Última actualización en 25 Enero 2013
- Escrito por: Carolina Porley
La renta básica universal divide a la academia
Defendida en el mundo por neoliberales, socialdemócratas e izquierdistas, la implementación de un ingreso mínimo para todos los ciudadanos es apoyada en Uruguay tanto por figuras del mpp como por el precandidato blanco Luis Lacalle Pou. Por distintas razones, la consideran la solución a las limitaciones o falencias de las actuales políticas de combate a la pobreza. En el gobierno se cuestiona la universalidad e incondicionalidad de la medida, así como su viabilidad fiscal.
En 1988 en su artículo “Una vía capitalista al comunismo”, el economista belga Philippe van Parijs, considerado el padre del debate contemporáneo sobre renta básica universal (rb), defendía la idea de que los estados debían brindar a sus ciudadanos un ingreso permanente, universal e incondicional que cubra sus necesidades básicas de modo de asegurarles la “libertad real”. Ya entonces la idea había sido defendida por figuras de todo el espectro ideológico, desde posicionamientos de un liberalismo radical (como el de Van Parijs) más cercano a la izquierda, hasta planteos neoliberales como el de Milton Friedman, quien propuso en los setenta una variante llamada “impuesto negativo a la renta” (en vez de pagar, el ciudadano recibe), como una política que al tiempo que asegura a todos un mínimo de subsistencia, permite achicar el Estado de bienestar (ese ingreso sustituiría otros programas así como al Estado en tanto prestador de servicios públicos universales, y se pasaría así de financiar la oferta a financiar la demanda).
“La idea de renta básica tal como es defendida por sus principales promotores, tiene tres características: incondicionalidad, universalidad e individualidad. Para recibirla uno no debe cumplir condiciones, más allá de ser miembro de la comunidad política en donde es implementada. La universalidad refiere al nivel de cobertura: no es una política para los más necesitados. Finalmente, es una política destinada a individuos y no a las familias (para evitar reproducir las mismas lógicas de dependencia que se busca limitar). Lo curioso es que la idea ha sido defendida por quienes se ubican en los extremos de un continuo ideológico. Esto se explica en buena medida porque es concebida como un programa para maximizar la libertad individual”, afirmó a Brecha el politólogo Cristian Pérez, quien se ha especializado en el tema.
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