La vida en rojo

Laurie Penny, cronista de la juventud inglesa movilizada

Cuando a fines de 2010 y comienzos de 2011 los jóvenes de Inglaterra convulsionaron súbitamente el país con una serie de movilizaciones y revueltas, los medios tradicionales apenas captaron los hechos en la superficie. Pero entre todos esos chicos movilizados hubo una que sirvió de ojos y oídos al mundo: primero sus twits, y después sus entradas de blog, retrataron y explicaron lo que pasaba. Hoy, convertida en columnista de medios como The Guardian y The Independent, militante feminista y aguda analista de la realidad, Laurie Penny habla a propósito de la salida en español de aquellas crónicas (“Penny la roja”*) y sobre las raíces y los frutos futuros de este despertar juvenil.

“Estoy sentada a un costado de un improvisado campamento en las puertas de Downing Street, frente a una formación de la policía antidisturbios. Hace frío y los chicos que faltaron al colegio se reúnen alrededor de un estudiante que con una guitarra de tres cuerdas toca acordes de la canción de Tracy Chapman ‘Talkin about a revolution’... En ese momento un agente se mete dentro del círculo. La policía nos empuja fuera del camino y en medio de un abucheo general el campamento se evapora envuelto en humo, lo que nos obliga a movernos hacia adelante. No todos sabemos cómo llegamos hasta ahí, pero nos están amontonando con brutal eficiencia: la presión de los cuerpos aprieta terriblemente y aun así los policías a los gritos nos hacen avanzar. A mi lado, una estudiante llora. Sólo tiene 14 años.”
La que escribe es Laurie Penny, una chica nacida en 1986 que fue proclamada como la nueva voz de la rebelión juvenil inglesa gracias a crónicas como ésta, que hizo circular vía Twitter y Face-
book en medio (literalmente) de los disturbios. Lo suyo, dice, es una cuestión de suerte. No sólo porque tiene el privilegio de escribir columnas mientras sus amigos están en la cárcel, en call centers o languideciendo con el subsidio del desempleo, sino porque ella estuvo en el lugar correcto, en el momento oportuno. Concretamente: en el cuartel general del partido gobernante en su país el 10 de noviembre de 2010, cuando alguien rompió la primera ventana. Así, Laurie empezó a twitear lo que veía, y más tarde escribió en su blog desde las primeras líneas de los disturbios de Londres. Y esas crónicas circularon como un virus porque eran intentos –furtivos, incompletos, pero intentos– de contar aquello que la prensa oficial no contaba. Reunidos ahora en el capítulo “Esto realmente está ocurriendo”, de su reciente libro Penny la roja, apuntes desde la nueva era de la indignación, esos mismos artículos cuentan por dentro las protestas de los estudiantes en la puerta de Millbank Tower por el recorte del gobierno de David Cameron a la educación. Y cómo todos ellos irrumpen en los premios Turner al Arte para reclamar subsidios. O el orgullo por invadir las paquetas tiendas de la cadena de té Fortnum & Mason ante las miradas horrorizadas de las viejas. Pero Laurie también muestra cómo los cánticos, la inocencia y la esperanza juvenil, apañados por padres comprensivos que les llevan sopa a sus pollos rebeldes, se van empañando de a poco. Primero con los “kettles” de Parliament Square (un cerco policial que los dejó amontonados, con temperaturas bajo cero, sin comida, ni agua, ni posibilidad de ir al baño) y más tarde con la golpiza a un chico discapacitado, la hiperventilación de una estudiante o la hemorragia cerebral de un compañero golpeado por la policía. La voz de Penny no es la de la militancia curtida, sino justamente lo contrario: “Miro esta cruzada de chicos enfurecidos a mi alrededor y comienzo a preguntarme dónde mierda están los militantes estudiantiles. No importa lo que digan los noticiosos, y lo afirmo enfáticamente, esto no es una chusma liderada por una banda de esmerados alborotadores que salieron a romper cosas para divertirse. De hecho, la verdad es que nos vendrían bien algunos activistas radicales más experimentados, porque ellos saben qué hacer en las manifestaciones cuando las cosas se van de las manos”. Hay algo genuino, dolorosamente joven en su mirada. Algo que la hace admitir sin pruritos que la mayoría de sus notas “fueron escritas a la noche, encaramada en cocinas mugrientas o edificios expropiados, o en un sofá ajeno, con la laptop en equilibrio sobre mis rodillas y tratando de abstraerme de los sonidos de los muchachos ‘colocados’ peleando y cogiendo”. Tal vez haya sido esa suerte de cruce entre visceralidad y efectividad narrativa lo que hizo que varios medios prestigiosos le pusieran los ojos encima. Hoy Laurie Penny escribe para New Statesman, The Guardian y The Independent sobre temas tan diversos como política, feminismo, cultura pop y nuevo periodismo. Cuando se hizo esta entrevista estaba en Nueva York, cubriendo el aniversario del movimiento Ocupemos Wall Street. “Estados Unidos me fascina, es un lugar absolutamente complejo, a veces siento que es una enorme conspiración para darnos algo sobre lo cual escribir cada día”, escribe a una velocidad sorprendente, para entrar de lleno en el tema.

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