Mundo Afro y el drae
La organización Mundo Afro está conduciendo una campaña para reunir firmas a fin de elevar una petición ante la Real Academia Española para que se suprima de su diccionario la expresión “trabajar como un negro”, por discriminatoria. Por cierto, en el sentido que aclara el diccionario (“Trabajar mucho”) la expresión parece asumir la vigencia de la esclavitud de negros, o su consecuencia social duradera de desventajas salariales y explotación. La campaña parece estar dotada de unos recursos formidables, porque su aviso aparece en varios medios de comunicación.
Mundo Afro probablemente eligió esa expresión para embanderar su campaña contra el lenguaje discriminatorio porque era más fácil aislarla de contexto, pero al menos mi edición del drae (que no es la última, es la 21) tiene una peor: “no somos negros”, con la que “se reprende al que trata a otros desconsiderada y ásperamente”.
Son expresiones feas, sin duda. Pero la petición parece partir de una asunción equívoca con respecto a qué es o qué debe ser un diccionario. Ya que tanta importancia le conceden al drae, él mismo explica que “diccionario” es un “libro en el que se recogen y explican de forma ordenada voces de una o más lenguas, de una ciencia o materia determinada”. Eso esperamos de un diccionario. No que avale el sustrato ideológico por detrás de las expresiones que documenta. Supongamos que, en un tiempo en que esa expresión no se use más (cosa que, estoy seguro, no tardará mucho), alguien la encuentre en un antiguo documento: si el diccionario no la explicara, estaría faltando con su cometido primario. Y quizá con la ausencia de la explicación, se desvanecería el rastro de su tenor discriminatorio, testigo mismo de la existencia de la discriminación en ese tiempo (ojalá) pasado. El drae dejaría una pésima imagen de sí mismo si llegara a aceptar esa petición, y es poco elegante elevar un pedido de éstos (es como pedirle a un escribano que mienta, o a un ingeniero que haga una construcción defectuosa).
No hay mucho que hacer: la historia humana apila una sucesión de macanas e, inevitablemente, algunas quedan entrañadas en el idioma. Un ejemplo: todos los que vivimos en ciudades podríamos ofendernos con la palabra “villano”, que literalmente refiere al que vive en “villas”, y cuyo sentido negativo tiene que ver con la imagen que, desde la clase dominante del mundo feudal, se tenía del que era independiente de la cadena de vasallaje. El sentido literal de “villano” casi no se emplea más, y la palabra denota lo que un día fue su connotación: persona mala. El prejuicio contra los no-nobles se desvaneció, su asociación con los habitantes de ciudades también, pero la palabra sigue siendo usada. Ahora, suponiendo que un grupo de indignados habitantes de ciudades se decidiera a conducir una campaña como la de Mundo Afro y tratara de purgar la palabra del diccionario, un montón de textos recientes se tornarían incomprensibles (comentarios sobre películas o novelas de televisión, por ejemplo).
Por supuesto, “trabajar como un negro” no es simplemente una palabra derivada de otra, es una expresión, y el sustrato que fundamenta la expresión es mucho más evidente que el de “villano”, con lo que, como escribí arriba, es muchísimo más probable que su uso se abandone en la medida en que el racismo siga decayendo. Y no viene nada mal llamar la atención de nuestros prójimos sobre que es una expresión fea, apoyada en premisas feas. Y dejar de usarla.
Pero borrar de los diccionarios la explicación sobre una expresión que existe o existió, dejando el diccionario menos completo y oscureciendo el sentido de la expresión, más que combatir el racismo es simplemente favorecer la ignorancia. Es una táctica parecida a la de la “neolengua” de la novela 1984: suprimir algunas palabras para dificultar que las personas piensen los conceptos que esas palabras significan. Es decir, una especie de condicionamiento acrítico. Por supuesto, los condicionamientos funcionan, pero tienen una base frágil. Y no me gustaría que el destino del racismo entre a depender de quién tiene el mayor poder condicionante (incluso porque disputar el poder de manipular a los demás suele ser síntoma de intenciones esquivas). La mejor defensa contra el racismo no está del lado de la inconsciencia, sino del de la lucidez, la información, el registro, la memoria, que son algunas de las bases de la tolerancia.