Brecha Digital

Sean los orientales tan valientes como ilustrados

Resulta desconcertante y embarazoso que un argentino nos recuerde –como no se hace aquí– quién fue Artigas, cuál fue su papel en las contradicciones de la Emancipación, qué reacciones despertó su proyecto revolucionario, democrático, republicano y popular, quiénes fueron leales, quiénes fueron traidores y por qué hoy somos uruguayos y no orientales, como los misioneros, los entrerrianos, los correntinos.

El historiador Pacho O’Donnell* no se anda con chiquitas: “Artigas fue el primer patriota argentino”, afirma para subrayar su juicio sobre aquellos “criollos decentes”, Moreno, Belgrano, García, Sarratea, Rivadavia, Pueyrredón, que fueron antifederalistas primero y monárquicos después, y que en el texto escueto y directo aparecen resueltos a cualquier indignidad con tal de derrotar a Artigas.
La línea argumental de O’Donnell consiste en demostrar que los primeros años de lo que sería la República Argentina, desde los sucesos de mayo de 1810 hasta el asesinato de Manuel Dorrego en 1828, es la historia del temor que despertaba Artigas en la oligarquía porteña y del esfuerzo tenaz por eliminar todo vestigio del pensamiento del Protector de los Pueblos Libres; es el objetivo excluyente que dicta la política de Buenos Aires.
La transcripción de documentos, en particular las cartas de gobernantes a diplomáticos y agentes, revelan que los más importantes acontecimientos –sea un golpe palaciego para desplazar al hombre fuerte del Directorio, sea la negociación con Francia para entronizar a un segundón de la casa real como monarca del Río de la Plata– están determinados por la “inadmisible” influencia de Artigas en las provincias argentinas. La historia de aquellos años gira en torno a la figura del caudillo de modo que, propone O’Donnell, la historia de los argentinos, en aquellos capítulos iniciales, es la historia del artiguismo que hace tambalear al centralismo porteño. En una inversión de la óptica tradicional, cada uno de los mojones de la gesta artiguista aparece en el texto como parte esencial de la historia porteña, que no termina de explicarse, por más que los escribas de la historia oficial afilen la punta del lápiz, si se reduce la figura del caudillo a la de un bandolero y contrabandista, figura que instaló el libelo de Cavia y que alimentaron los prohombres unitarios a lo largo del siglo xix hasta que quedó instalada como verdad en los textos escolares que formaban a las generaciones de argentinos.
Así, el abandono del segundo sitio de Montevideo y, en particular el éxodo –la prueba incontrastable de que el traidor estaba rodeado de pueblo– pretexta el plan de asesinato; las constituciones de Entre Ríos y Santa Fe, con su sistema democrático de elección de autoridades, precipita las negociaciones de los porteños para reinstalar la monarquía. De paso: O’Donnell llega a calificar el sistema electoral de Artigas como “la esencia política del artiguismo”, aunque podría refutarse que lo esencial en el artiguismo, lo que le da un sesgo especial a la concepción democrática y republicana es la justicia social; pero en todo caso es sugestiva la afirmación del autor de que el sufragio universal, tal como lo ordenaba Artigas, “contradiciendo la villanía oligárquica que designaba a dedo a quienes mejor defendían sus prerrogativas”, no se practicaba en esos tiempos, “ni en Estados Unidos, ni en Francia, ni en Inglaterra, ni en ningún otro país sobre la tierra”.
El hilo conductor de la animosidad porteña con Artigas es, en palabras de Nicolás Herrera (el oriental que adulaba a los portugueses en la Corte de Brasil), “el odio del populacho y el canalla agitados por el dogma de igualdad, que ha establecido una guerra entre el pobre y el rico, el amo y el señor, el que manda y el que obedece (…) acostumbraron al indio, al negro, al mulato, a maltratar a sus amos y patrones (…) una masa de gente sin educación, sin principios y sin virtudes agitadas por todo el furor de pasiones hostiles e incendiarias”.
Es esa lucha de clases la que explica nuestra existencia como uruguayos. Al reivindicar la figura del caudillo oriental O’Donnell documenta cómo, al expandirse la Liga Federal, la oligarquía porteña primero le ofrece a Artigas la Banda Oriental, a condición de que se separe del resto de las provincias; y después, ante la negativa, la entrega de la banda a los portugueses con tal de que los invasores derroten a Artigas. Quienes tal cosa pactaron en secreto son quienes atribuyen a la masa carencia de principios. La derrota de Artigas bien valía una provincia, tal era el peligro de que aquella democracia popular que imponía una reforma agraria, que privilegiaba a los más humildes, que otorgaba ciudadanía a las mujeres, que se hacía soberano ante los imperialismos, se expandiera y cercara a Buenos Aires.
Finalmente Buenos Aires logra su objetivo, sobreviene la Cisplatina; y más todavía, el surgimiento de un nuevo Estado, el que Artigas había rechazado y por cuyo control los antiguos lugartenientes se pelean entre sí. El adecuado final de esa historia de iniquidades no es la declaratoria de independencia de 1825 ni la constitución de 1830; es el final de la Guerra Grande y la decisión de la nueva oligarquía subsidiaria de regalar a Brasil casi la mitad del territorio de lo que había sido la Banda Oriental.
Ante esta forma que propone O’Donnell de ver al caudillo, los uruguayos podemos llegar a sentir una especie de orgullo… el orgullo de quien tuvo en sus manos el entero de fin de año y terminó comprando un vigésimo perdedor. El libro de O’Donnell, más allá de presentar a Artigas en una perspectiva argentina, no contiene en realidad primicias iné­ditas. Pero, por cierto, hace reflexionar sobre la propuesta artiguista, que no fue un exabrupto fuera de época, ni una traspolación de los tiempos históricos (“nació un siglo adelantado”, dicen), y cuya vigencia cuestiona a quienes lo vaciaron de contenido, y también a quienes lo reivindican pero no lo aplican, “porque son otros tiempos”. La democracia popular, la justicia social, la dignidad antimperialista, la unidad latinoamericana, siguen siendo tareas pendientes para los orientales, en este año 2013, bicentenario de las Instrucciones del Año xiii. n

 

*      Artigas. La versión popular de la Revolución de Mayo. Aguilar, 2012.

Comentarios   

 
+2 #5 sergio cunha- 02-02-2013 16:29
En Entre Ríos fué feriado por el aniversario de las Instrucciones del año 13...(acá nada), el 19 de junio en las escuelas entrerrianas es el dia de Artigas...(y acá es el día del abuelo...que triste ¡que verguenza!) Evidentemente, el resquemor, el temor a delegar poder, a descentralizar. ..el afán de mantener la vieja extructura del manejo del comercio exterior (ovbio, en manos de las mismas familias gringas, anglo-francesas y patricias) donde toda la renta aduanera queda en Montevideo y la región metroplitana... donde se determina el destino de la inversión pública y el ingreso promedio es un 30% superior al resto del país...¡como van a acordarse de Artigas! Es verdad lo que dice María Andrade...el jefe...ya no tenía Patria
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+2 #4 Gonzalo Estefanell 02-02-2013 16:08
Y lo vuelve a traicionar el cacique Tabare I utilizando su famosa frase " mi autoridad emana de vosotros..." en sus actos y luego veta las leyes que los representantes del pueblo votaron, olvidandose que ella cesaba frente a su soberania, no frente al vaticano.
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+1 #3 Miriam 02-02-2013 11:49
la lectura de tus artículos son una hermosa bocanada de aire fresco. Gracias, Samuel Blixen por poner en palabras exactas lo que muchos pensamos.
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+1 #2 Ricardo Prieto 02-02-2013 08:22
En una entrevista a Pacho, en El Espectador, un tertuliano le conmina a Pacho, que no se nos queden con Artigas, y que si no les bastaba ya con Severino Varela, Enzo, y Gardel. Bueno, fuera de la broma, esto no empezo ayer, Pacho recoge lo que ya está pasando en las Provincias del "Protectorado" Artigista, desde hace mucho tiempo.
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+2 #1 maria andrade 01-02-2013 14:45
Me alegra, la publicación del discurso del dia de ayer realizado en Buenos Aires. Nos demuestra, que saben reconocer sus "errores" y el porqué de su persecución a Artigas. Aquí, nos debemos todavía reconocer, que Artigas fue una y mil veces TRAICIONADO, por los malos Orientales, que son los mismos que acordaron la "Declaratoria de (que) Independecia" y la "Jura de la constitución de 1830" Motivo por el cual, Artigas -1º a Rivera y luego a su hijo Patricio- se niega a volver a la Ex Banda Oriental, contestándo "QUE ÉL YA NO TENÍA PATRIA". Cuando enseñaremos la VERDADERA Historia?
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