La sucesión de Lacalle
Los barones de Unidad Nacional (Una) se reunieron la semana pasada en su tradicional cónclave de La Paloma sin abordar el urticante tema de las candidaturas del sector. A falta de definiciones en torno a quién será el sucesor del ex presidente, el encuentro estuvo presidido, una vez más, por Luis Alberto Lacalle, y giró en torno a la necesidad de un programa único en el Partido Nacional y el lanzamiento, este año, de una candidatura por la Una a la Intendencia de Montevideo. “En la que viene no voy a estar, va a ser el candidato el que dirija”, sostuvo Lacalle, ante la mirada atenta de la máxima dirigencia del sector. Aunque, claro, a medida que pasan los días todo parece indicar que cuando se realice el congreso del sector, entre marzo y abril, la incógnita ya estará despejada. Por el momento, los candidatos son dos: el diputado Luis Lacalle Pou y el senador Luis Alberto Heber. En los próximos días Heber iniciará una gira por el interior del país donde consultará a referentes del sector y medirá la temperatura de su candidatura tras la declinación de Ana Lía Piñeyrúa (que tras haber pronosticado “destrozar” a Tabaré Vázquez en un balotaje, finalmente decidió dar marcha atrás). Siguiendo los pasos del diputado José Carlos Cardoso, dirigente de Más País, Piñeyrúa terminó respaldando la candidatura de Lacalle Pou.
La pulseada entre Heber y Lacalle Pou se hizo sentir cuando, en el mitin de La Paloma, Heber pidió “cuidar la casa” (en referencia a la Una) y “no destrozarla”. A su turno, Lacalle Pou le respondió: “Yo no me vengo a quedar con toda la casa”. El próximo 25 de febrero se sabrá quiénes se quedan, quienes salen de la casa y quienes van al confesionario. De llegar a esa instancia, Heber pedirá el voto secreto de los congresales para evitar presiones, informaron desde su entorno a Brecha. En tiendas del Herrerismo es vox pópuli que detrás del telón, tanto Lacalle como Julia Pou mueven recursos y contactos para fortalecer la candidatura de su hijo. De ahí el temor a que muchos dirigentes se sientan comprometidos con el cacique. “Él está atrás como todo padre que respalda a su hijo. A todos nos dijo que él pensaba que esta no era la de él, que era la de 2019. Pero una vez que anunció que se tiraba, la madre y el padre reman para ahí”, graficó un alto dirigente allegado al ex presidente. Varios líderes del Interior recibieron, en las últimas semanas, el llamado de Lacalle, con un pedido: “Acompañá al nene”. El para nada sutil operativo para instalar la candidatura de Lacalle Pou molestó a algunos alfiles del Herrerismo, afines a que el relevo de la Una escapara a las cuatro paredes de la residencia de los Lacalle en la calle Murillo.
Así las cosas, el camino parece despejado para Lacalle hijo. Un sector importante de la Una percibe que, luego de los intentos de Piñeyrúa y Heber, la única figura con potencial de despegue es Luis Lacalle Pou. Cuenta con el aparato, con los recursos, y, bajo el brazo, con la carta de la renovación, aun asegurando la continuidad de un apellido que –con sus pros y sus contras– se ha vuelto marca registrada en la política uruguaya. En la vereda de enfrente, los de Alianza Nacional esperan la definición de sus adversarios internos. Desde su campo de Arroyo Grande, su líder, Jorge Larrañaga, larga una definición que, entre líneas, también encierra una pulseada vieja como el tiempo: “Nosotros somos un nacionalismo popular, inclusivo, wilsonista, y de respuestas. Yo no soy el candidato de los poderosos”.