Instrumento de desarrollo equitativo para sociedades del siglo XXI
- Última actualización en 07 Febrero 2013
- Escrito por: Nelson Villarreal Durán*
Renta básica universal
Los dilemas del reparto. La rbu divide a la academia”, tituló Carolina Porley en Brecha del viernes 25, enmarcando una discusión que genera valoraciones contrapuestas entre economistas, que implica también otras dimensiones y disciplinas, como la filosofía, retomada en el libro: Introducción a la renta básica universal.1 Por su parte, Andrés Rius2 publicó la nota “Renta básica y economía menos básica”. Acordando en la necesidad de incorporar avances recientes de la economía, en relación con la filosofía, se estaría más cerca de la utopía de la igualdad básica. Esto daría las bases para consolidar la libertad real de las personas, no dejándola atada sólo al mercado o a los derechos civiles en forma restrictiva, sino habilitándola en todas sus potencialidades para un mejor desarrollo. El paradigma actual de las sociedades en su relación con la naturaleza, en sus formas de producción, distribución y consumo, debe repensarse, dado que es inviable y no podrá incluir a todos. La rbu puede ser vista como un derroche o como una herramienta de autorregulación.
La idea de la rbu ya estaba presente en la sociedad ateniense como condición para la democracia, en el pensamiento de Tomás Moro y Juan Vives –con la renta mínima en una visión judeocristiana–, en Thomas Paine y la justicia agraria del liberalismo estadounidense, en el socialismo utópico y la socialización de los medios de producción de Marx, en la seguridad social del Estado bismarckiano, en la renta mínima de inserción de los franceses en el siglo xx y hasta en las transferencias condicionadas de los gobiernos progresistas. Este concepto tiene su integralidad en lo que se ha denominado “la ‘vía del capitalismo al comunismo’ desde los mínimos igualitarios y no desde los resultados igualitaristas”.3 Genera conflicto y contradicción, emerge como instrumento que puede reordenar los sistemas de protección social, articulando una serie de derechos sociales o simplificándolos para su mayor eficacia. A la vez, busca completar el ciclo de dimensiones que consolidan la aspiración a la libertad en las sociedades modernas.4 Se caracteriza por ser pensada como incondicional y universal; exactamente idéntica a la condición del sufragio universal. Produce un cuestionamiento fuerte, en la medida en que su viabilidad depende no sólo del reconocimiento de derechos sino de una nueva distribución de los recursos producidos por toda la sociedad, ya no meramente en base a contrapartidas, sino fundada en la confianza del bien que implica la libertad.
Desde la teoría liberal conservadora-propietarista de Nozick, pasando por la teoría liberal de la justicia como equidad, de Rawls, hasta llegar al ideario normativo republicano y el neomarxismo de Van Parijs, es posible justificar la propuesta social de la rbu. Sin embargo las consecuencias son distintas para una visión ultraliberal que en una socialista. De la misma forma que el sufragio universal no sólo se consolidó como instrumental sino como objetivo de las sociedades al crear democracia, asimismo la renta básica no sólo busca ser un instrumento de mínimos sociales para la inclusión, la igualdad básica y la distribución, sino que intenta crear las condiciones para un acrecentamiento de la autonomía de las personas y a hacer viables sociedades con mayores posibilidades de ejercicio de una libertad más integral, para todos, que la que hoy tenemos.
El ejercicio de la libertad en el ser humano es un foco móvil en la subjetividad, la historia, la sociedad y la economía. El propio conflicto de su posibilidad genera miedos y deseos, también valoraciones de los otros sobre hasta dónde y cómo las personas saben ejercerla y aprovecharla. Lo que se les permite a algunos sectores sociales, se les condena a los otros. De la misma forma que es clave para el ejercicio de la libertad tomar iniciativas y ser innovadores, también lo es que las personas puedan desencadenar su autonomía en todas las formas que imaginen, asumiendo la alteridad con los otros. La aceptación y reconocimiento de esto como una condición de la dignidad de cada uno no pueden ser efectivos si no se dan a la vez las condiciones materiales básicas, la predisposición subjetiva y el real reconocimiento de los otros. Pareciera que muchos de los sistemas actuales pretenden sólo encasillar en un paradigma que, llevado a su extremo, muestra que no se logra hacer que todos sean parte, excluyendo o fagocitando a muchos. Por tanto es necesario pensar paradigmas que efectivamente amplíen las posibilidades, tanto de inclusión e igualdad como de ejercicio más integral de la libertad.
El análisis de los paradigmas5 ejercidos en los últimos 50 años deja fuera algún aspecto de la libertad o de la igualdad que termina mutilando la posibilidad de todos. Es necesario pensar en mecanismos de ganar-ganar que permitan tanto la autoafirmación propia como el reconocimiento de los otros, en la diversidad de capacidades que se desencadenarían si se dieran determinadas condiciones. Las estrategias de desarrollo implementadas a la fecha sólo son viables para algunos sectores o países, y resultan depredadoras de la posibilidad de otros. Dar cuenta de modelos de desarrollo no sólo viables sino inclusivos, igualitarios y sustentables con relación al planeta pone bajo sospecha muchas de las teorías clásicas, tanto en la economía como en las ciencias sociales, demandando de la filosofía una reflexión que logre provocar o repensar. El mito de la modernidad produjo la idea de que todos los seres humanos tienen el derecho a la libertad, y ésta debe ser construida no sólo como resultante de la individualidad sino como una condición social igualitaria. Era utópico en el siglo xix concebir el derecho de los ciudadanos a votar, a educarse, a tener salud, a la protección en la infancia, el desempleo o la vejez. En el siglo xx se consolidaron conquistas que asocian la libertad a un conjunto de derechos sociales, y hoy aceptamos que se generen mecanismos, menores o mayores, de intervención social para igualar y proteger a los miembros de la sociedad en determinados niveles. En el mismo sentido emerge la idea de renta básica como una condición necesaria, pero no suficiente, para que podamos desarrollarnos en libertad e igualdad básica en el siglo xxi.
La disyuntiva es ideológica e instrumental: cómo se generan las condiciones para que las sociedades logren mejor “bienestar” o “buen vivir”, desde una perspectiva donde los individuos no sean reconocidos sólo por su capacidad de iniciativa o sus derechos políticos sino también por la autonomía relativa que los habilite, efectivamente, a tomar decisiones, haciendo efectiva la ausencia de coacción no sólo en lo formal.
En Uruguay,6 como en toda América Latina7 y el mundo, la propuesta de la rbu, defendida o cuestionada, es un debate clave para este siglo. El conflicto que se produce es qué vínculo tienen lo individual y lo social en la economía y en las formas organizacionales que producen tanto la generación de la riqueza como su distribución, a los efectos de que el mecanismo que se utilice posibilite efectivamente la autonomía de las personas. ¿Cuáles son los grados de libertad, en relación con la igualdad, que la facilitan o la entorpecen? ¿Cuáles son los grados de igualdad, en relación con la libertad, que la potencian y no la estancan? Para que seamos seres autónomos se debe jerarquizar la libertad.
El objetivo de llegar a la libertad radicalizando la igualdad de resultados produjo, a la vez, sociedades con sistemas universalizables pero que, en muchos casos, sobre todo en el socialismo real y en la mayoría de las socialdemocracias, detuvo una iniciativa individual reclamada como condición necesaria para que se generen mercados activos. Por otro lado, el objetivo de ligar la libertad a la exclusiva iniciativa de los individuos desencadenó cierta creatividad, pero produjo desigualdades sustantivas que están en la base del quiebre social que se produjo en las tres últimas décadas en distintos continentes. Asimismo, las propuestas de crecimiento con equidad, liberalismo social o sinergias entre políticas económicas y sociales no resuelven la sustentabilidad a la hora de asumir los vaivenes de la dinámica económica. En tal sentido, la relación de libertad con igualdad reclama tener el margen de autonomía suficiente, en cada persona, como para que la condicionalidad sea una motivación, restricción o posibilidad ante la que se pueda efectivamente decidir, y que el estar obligado a hacer no elimine per se la condición de libertad. Buscar las condiciones de igualdad para que cada persona pueda realizar lo que desea aumenta la libertad, dando condiciones para mayor democracia.
Cómo se viabiliza y se hace compatible con otros aspectos, como el empleo,8 la iniciativa y el desarrollo, supone a la vez una mirada distinta de hasta dónde estamos dispuestos a aceptar el hacer posible la libertad y hasta dónde se acepta socializar lo que se genera como resultado de la inteligencia social acumulada en las sociedades, independientemente de los individuos o grupos que lideren esos procesos emergentes de una sociedad local, regional y global. n
* Docente de historia de las ideas en Facultad de Derecho de la Udelar, integrante del equipo de investigación sobre renta básica en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación-Udelar, docente de filosofía para economía y empresas e investigador en innovación social y desarrollo en la fce-ucu. Asesor de la opp durante el gobierno de Tabaré Vázquez.
1. Lía Berisso (comp.), Carmen Demárquez, Nelson Villarreal y Karen Wild. fhce-csic-Udelar.
2. Investigador del Instituto de Economía de la fcea-Udelar. La Diaria, 28-XII-12.
3. Red global bien www.redrentabasica.org/
4. Zygmunt Bauman, Trabajo, consumismo y nuevos pobres. La ética del trabajo.
5. www.internacionaldelconocimiento.org/ Foro Iberoamericano de Estudios del Desarrollo. Santiago de Chile, enero de 2013.
6. Desde el artiguismo, pasando por las tradiciones batllista, nacionalista liberal, socialcristiana, anarquista y marxista, se pueden encontrar referentes articulables con la rbu, como en todo el sistema de seguridad social generado en el siglo xx y profundizado en la última década.
7. Véase “Renta básica de ciudadanía. La respuesta dada por el viento”, del senador brasileño Eduardo Matarazo Suplicy.
8. “Piso de protección social para una globalización equitativa e inclusiva”. oit, 2011.


Comentarios
Una utopía, seguramente, para quienes no tienen confianza alguna en los individuos y piensan que el único camino es la obligación de “ganarse el pan con el sudor de la frente” para combatir la pereza. Una apuesta al interés y a la naturaleza humana para todos aquellos que piensan que una persona preferirá siempre aumentar esa renta con otro salario, sobretodo cuando ese salario corresponderá a un trabajo libremente elegido.
Utopía será sin dudas para aquellos que piensen que las finanzas uruguayas no permitirán asumir tan descabellada idea. Una apuesta fundada para quienes conocen bien el balance de la protección social en Uruguay.
Una renta universal de 10 000 pesos mensuales por ciudadano uruguayo costaría unos 1 600 millones de dólares (3,5%) del PBI, el presupuesto del gasto social para el 2013 será de 4500 millones de dólares. Al gasto social hay que agregarle los gastos en salud, jubilaciones, seguro de paro, vivienda, etc., el ahorro cierto en el presupuesto de seguridad y ya que estamos invitamos a considerar la simplicidad de aplicación dando un fuerte golpe a la burocracia en la aplicación del sistema social actual. Sin contar la lentitud para eliminar la pobreza y la indigencia, que quedaría borrada de un saque con este proyecto y a la vez un gran paso hacia una menor desigualdad. Agreguemos el medio millón de uruguayos que hoy llega, o menos, apenas a los 10 000 pesos de ingreso.
Estas cifras son dadas groseramente y deben ser afinadas, el tema del financiamiento necesita el concurso de expertos en la materia por su complejidad, las formas de financiamiento o de aplicación son múltiples.
Un ejemplo: podemos darle solamente la mitad de la renta a los niños de 0 a 18 años como contribución de ingreso familiar, la otra mitad se entregará al joven cuando haya cumplido su ciclo secundario completo, si así no fuere pierde el capital así generado (más de 50 000 dólares), desapareciendo de este modo la deserción escolar. Pero debemos discutir sobre el fondo del proyecto y por eso nos limitaremos a defender el principio de una renta universal.
¿Se resolverá de este modo el problema de las relaciones entre uruguayos y el dinero? No hay seguridad de que así sea, salvo que a gasto semejante la apuesta vale la pena. Si garantizamos que un empleo aunque mal remunerado no suprime la renta universal, conforta más que hoy la idea que el trabajo paga. Atribuida automáticamente a cada uno, sin restricción de situación familiar y recursos, la renta universal revaloriza paradojalmente el trabajo.
Los detractores del proyecto dirán que así favorecemos la multiplicación del empleo precario y mal pago. No se encontrarían candidatos para tales empleos si no son lo suficientemente enriquecedores, con posibilidades de formación o susceptibles de generar perspectivas de carrera. Es cierto que los empleos mal pagos y sin perspectivas de hoy no se verán favorecidos: ¿Pero hay que lamentarlos?
Favoreciendo un ingreso garantido en el que apoyarse, la renta universal facilitaría el va y viene, a lo largo de toda la existencia, entre los períodos de trabajo, las actividades familiares y los momentos de formación. Ofreciendo una verdadera ayuda a los estudiantes, garantizando un presupuesto de consumo mínimo, adquirimos la libertad de disminuir la actividad profesional para hacer frente a las obligaciones familiares, o adquirir una formación complementaria o de reorientación.
Un beneficio para todas las mujeres, que sufren actualmente más que los hombres, de las interrupciones profesionales, serían las más beneficiadas incluso por el grado de independencia económica.
Para quienes piensen que esta es una iniciativa excéntrica, invitamos a mirar hacia atrás de todos los avances en la historia de la humanidad, que en su momento fuero consideradas utopías o excentricidades . O mirar hacia adelante y observar que Brasil va por ese camino, en Alaska ya se aplica, que en Namibia se hizo una experiencia que funciona muy bien, que en Europa se plantea cada vez con más fuerza a nivel nacional e incluso local.
Los más veteranos vivimos momentos en que el pueblo uruguayo tenía adquirido el concepto de “clase de si” y trabajamos para que adquiriera el concepto de “clase para si” para tener las condiciones de transformación de la sociedad. El mundo actual es muy distinto de aquel y el neoliberalismo erosionó fuertemente las cabezas de las nuevas generaciones, debemos ser creativos para lograr enamorar nuevamente y caminar hacia ese socialismo que por necesidad debemos conquistar, si queremos salvar este mundo caótico. Pero, repetimos, ese objetivo está lejos y debemos encontrar objetivos intermedios para seguir caminando hacia una sociedad mejor y no caer en el conformismo de la situación actual.
Este proyecto es paradójico, nos envía al derecho de una renta de existencia, es decir el derecho a la vida. Renta destinada a liberar al individuo de la presión mercantil, se presenta a la vez como impulsor de accesión al mercado y al consumo de los más pobres. Prestación dada sin condiciones, implica el desmantelamient o del sistema social actual y libera del control estatal.
La renta universal es para todos y satisface, en parte, el ideal socialista de permitir a cada uno de vivir “según sus necesidades”. Con la condición que todos reconozcamos al mismo tiempo que es el progreso históricamente realizado por las lógicas del mercado que permiten su aplicación. ¡Una suerte de vía liberal hacia el socialismo!
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