Peligro: riesgo de vida

Las inseguridades de trabajar en Montes del Plata

La muerte de un trabajador en las obras de la papelera –que se anuncia como la mayor inversión en la historia del país– pareció ser evitable, en gran medida por la cantidad de advertencias y accidentes previos ocurridos en el lugar. Los testimonios de los trabajadores y las inspecciones del gobierno revelan, además de condiciones de trabajo irregulares, la situación de vulnerabilidad laboral de cientos de extranjeros. Al parecer desde el Ministerio de Trabajo siguen dispuestos a jugar fuerte, y anuncian clausuras preventivas para las empresas que no cumplen con las condiciones de seguridad ni con los laudos salariales.

 

Desde el camino ondulado, mientras se asoma y se esconde, la planta de Montes del Plata parece un espejismo. Es un gigante que ocupa unas 25 hectáreas de terreno, y ya desde lejos se ve inamovible y ahora inmovilizada. En la entrada, un cartel que miente o al menos no tiene un correlato con la realidad: “Nuestro objetivo cada día, cero accidentes”. Pero el viernes 27 murió Mario Andrezejuk Malacre al caer de una altura de diez metros (véase recuadro “Dos versiones”) y el hecho activó la paralización de la obra, luego la ocupación de la planta y el inicio de intensas negociaciones entre los sindicatos, la empresa y el Ministerio de Trabajo.
En la mañana del miércoles, cuando Brecha visita la obra ocupada, se respira cierta tranquilidad. Hay sólo algunos trabajadores haciendo guardia después del fogón de la noche anterior. Relatan brevemente la situación del conflicto y sugieren una charla con más trabajadores. En los blokers cercanos a la planta en construcción se alojan unos 300 operarios, casi todos extranjeros. Se trata de las “cárceles vip” o “guetos”, como ellos mismos llaman a las viviendas construidas para los trabajadores zafrales. En el primer sector están algunos de los que arribaron desde Europa del Este. Recién se están levantando. En el segundo, algunos españoles y latinoamericanos se agrupan rápidamente y comienzan a contar sus vivencias.
La entrevista se transforma de un momento a otro en asamblea, y el tema que se impone es el de la seguridad laboral. Todos llegan a la misma conclusión, sin distinciones ni matices: la construcción en Uruguay es un trabajo de alto riesgo. Varios enumeran los megaproyectos en los que trabajaron en los distintos países que recorrieron. Afirman que nunca antes habían visto morir a un compañero, tampoco a alguien herido. “Ni siquiera esto”, dicen varios europeos, señalando su brazo y haciendo un gesto de cortadura. Aseguran que Uruguay está atrasadísimo en materia de seguridad laboral, y explican por qué.

MÁS ALLÁ. El uso de madera para andamios es señalado como un problema por decenas de trabajadores extranjeros. “Wood is no good” o “en España los andamios de madera están prohibidos, o sea, están prohibidos a nivel mundial”, son algunos de los comentarios. En la planta “hay andamios que tienen la tarjeta verde (que indica que el personal de seguridad los habilitó para su utilización) y dan miedo, parecen los que usaba cuando empecé a trabajar hace 25 años en Venezuela y que hace tiempo están prohibidos”.
Un europeo que vive desde hace años en la región da un paso al frente y en un castellano entreverado asegura que en la próxima etapa que ocupa a su sector pueden morir más de 40 personas si las medidas de seguridad no se incrementan. Su grupo de trabajo deberá pasar a la fase de pintura interna de una torre, y si alguien se pusiera a soldar del lado de afuera, la torre explotaría. Su presunción se basa en la descoordinación que existe entre las innumerables empresas que funcionan dentro de una misma área de trabajo y que superponen diferentes tareas que no son compatibles. El trabajo debe organizarse a base de peticiones para hacer una tarea, dicen los trabajadores, y la habilitación se debería dar en función de que no esté previsto nada que interfiera. Pero en este caso no sucede.
Otros relatan que en sus sectores han visto “trabajadores sin cabos de vida a más de diez metros, sin arnés, colgados entre los fierros en tablonadas sueltas”. Plantean, además, que cuando se señalan las irregularidades “las empresas subcontratadas tratan de ocultarlas a las compañías” de las que dependen. Los trabajadores extranjeros explican, relatando experiencias de trabajo en otros países, que se vuelve crucial la existencia de una empresa de seguridad independiente de las que desarrollan las tareas de construcción.
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