Brecha Digital

“Avanzar sin entregar soberanía”

Con el canciller Luis Almagro

Las posiciones de Uruguay que molestan a la oposición: los golpes de Estado en la región, Medio Oriente, los derechos humanos y la integración de América Latina fueron algunos de los temas que el ministro de Relaciones Exteriores habló con Brecha. También de su futuro político.

Es martes de Carnaval y un calor denso baja sobre Estación Margat. Se respira la profunda tranquilidad de ese paraje canario de viñedos y chacras. Nadie diría que aquel hombre de bombacha y camisa blanca que riega su quinta es el canciller de la República.
Tampoco nadie diría que ese hombre vegetariano a quien no le gusta “matar bichos, ni siquiera arañas”, es el protagonista de fuertes enfrentamientos políticos con un establishment acostumbrado, en muchos sentidos, a una política exterior alineada con los centros de poder.
El ministro Luis Almagro terminó el año con la interpelación por la remoción del delegado blanco Juan Gabito Zóboli de la Comisión Administradora del Río de la Plata (carp) y lo empezó con la del viaje del presidente José Mujica a un acto de apoyo al presidente Hugo Chávez convocado por el gobierno venezolano. Según el Canciller, Relaciones Exteriores ha sido uno de los lugares desde el cual el gobierno marcó su impronta y desde donde se “ha hecho una fuerte acción política”.
En esta entrevista con Brecha Almagro no eludió hablar de la relación con Venezuela, Estados Unidos, y de su próximo viaje a Cuba.
 
—Usted y el ministro Eduardo Bonomi han sido los secretarios de Estado más interpelados por la oposición y que mayor polémica política generaron. ¿A qué atribuye ese señalamiento permanente hacia dos ministros de confianza del presidente de la República?
—En realidad son dos ministerios esencialmente políticos y desde los cuales el presidente pretendió marcar su impronta, por lo tanto hemos hecho una fuerte acción política. De alguna manera es natural que así haya sido. Por otro lado creo que la oposición ha tenido una lógica de faulear, de no dejarnos trabajar tranquilos. Las últimas dos interpelaciones claramente no tuvieron sentido; como dijo (Luis) Rosadilla, por el viaje a Venezuela debieron felicitarlo al presidente en lugar de interpelarme, si uno ve por ejemplo la lista de acuerdos y negocios cerrados. Claramente te obligan a distraer la atención de la gestión, pero en mi caso las interpelaciones me fortalecieron políticamente. Yo era un ser más técnico que político y a golpe de interpelación me he transformado en un ser político.
—En el caso de la política exterior, hay un cuestionamiento al cambio de rumbo en determinadas cuestiones: el apoyo a la creación del Estado Palestino, el acatamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Macarena Gelman, el vínculo con Venezuela, el rumbo de la integración y la estrategia de negociación con Argentina…
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