Brecha Digital

Moviendo las raíces

Problemas culturales y logísticos que enfrenta la Utec

La cultura del “desarraigo”, la falta de conectividad entre distintos puntos del Interior y los problemas vocacionales en las carreras científico-tecnológicas son algunos temas que preocupan a los jerarcas de la futura universidad.

 

Si bien se ha presentado la nueva universidad como la respuesta que el país estaba esperando para que al terminar el liceo los jóvenes del Interior no tengan que “dejar el pago” y “morir en la capital”, los impulsores de la Utec creen que hay un trabajo fuerte a hacer en materia cultural para terminar con esa “cultura del desarraigo” que existe en las familias uruguayas, que viven la necesidad de que sus hijos se trasladen para estudiar como algo claramente perjudicial. Si bien la migración a la capital tiene sus aspectos negativos (sobre todo porque deja patente que sólo Montevideo asegura a los ciudadanos acceso a ciertos servicios y por ende derechos), en la Utec consideran que hay que trabajar en la creación de una cultura del traslado, como existe en otros países, y que los jóvenes circulen por todo el territorio nacional en aras de la mejor formación universitaria.
El desafío, dicen, no es llevar la oferta educativa a cada capital departamental (como ha sido el sueño de muchos desde hace tiempo), sino favorecer la circulación de los jóvenes por todo el país, el cual cada vez más se va caracterizando no por límites administrativos (departamentales) sino por perfiles socioproductivos (y que en un futuro esas regiones adquieran también una caracterización en materia educativa). Del mismo modo, ven que la discusión sobre si la sede de la nueva universidad estará en Flores, Melo o Tacuarembó debería considerarse irrelevante, ya que lo fundamental es definir las regiones donde se instalarán los futuros institutos tecnológicos de la Utec, a los que tendrán que trasladarse los estudiantes de todo el país (incluso los montevideanos).
Este fue uno de los planteos que estuvo sobre la mesa el pasado domingo en Anchorena, cuando los tres jerarcas de la Utec (Pablo Chilibroste, Rodolfo Silveira y María Antonia Grompone) presentaron un informe a los 19 intendentes. Asimismo, aprovecharon para trasladarles algunas preguntas e inquietudes.
Una de ellas, formulada por Chilibroste, apuntó a un problema que seguramente pocos consideraron hasta ahora. “¿Existe una demanda real por educación terciaria universitaria especialmente en el campo científico-tecnológico en el interior del país?”, se preguntó. Dijo que se trata de uno de los temas que genera “más dudas”, y se apresuró a afirmar que si la demanda no existe hay que crearla.
Algunos datos de la realidad, y de la experiencia descentralizadora de la Universidad de la República, pueden servir para visualizar el problema. Chilibroste nombró uno: de los 100 estudiantes que se anotaron en 2012 para cursar en Salto el ciclo inicial optativo del área científico-tecnológica de la Udelar –y que equivale a un primer año de facultad– sólo diez están en condiciones de continuar este año (50 abandonaron luego del primer parcial).
El problema presenta varias facetas: la falta de motivación, la inexistencia de un sistema de transporte y becas que facilite el traslado y el alojamiento de los jóvenes, la calidad de la educación secundaria y la accesibilidad a bachilleratos científicos en el Interior, entre otras. Además, para los jerarcas de la Utec hay que romper con la cultura del desarraigo. “El objetivo no es que los chiquilines no se tengan que trasladar. Eso se ha dicho mucho, pero la movilidad estudiantil es fundamental. A mí me encantaría que lográramos captar estudiantes de Montevideo que vinieran al Interior, a un campus universitario donde yo sé que es el lugar más adecuado para estudiar tal carrera. Yo tengo la experiencia de Holanda. Allí la universidad agrícola es una sola y todos los estudiantes del país tienen que estudiar en ese lugar. Incluso el currículo de grado incluía hacer una parte de la carrera fuera del país. Vos te encontrabas con estudiantes de cuarto año y uno había estado en Indonesia, otro en Alemania. Eso les da una experiencia de vida brutal además de conocimiento de otras realidades. Está bueno que también sea parte de su formación en la universidad”, afirmó Chilibroste a Brecha.

DESCONECTADOS. Uruguay es un país macrocefálico en el que no sólo la población debe trasladarse a la capital para acceder a buenos servicios (en salud o educación), sino que existen serias dificultades de conexión: el viejo refrán de que “todos los caminos conducen a Roma” se plasma en un 95 por ciento de las carreteras uruguayas que tienen como destino Montevideo (salvo las rutas 26 y 14, no hay prácticamente vías transversales que conecten el oeste y el este del país).
“Hay problemas logísticos. Tenemos que poder facilitar la movilidad y los traslados. No puede ser que para un estudiante venir de Treinta y Tres a Montevideo sea más fácil que ir a Maldonado. En algunos casos vamos a necesitar prever alojamientos, dar las facilidades para el traslado. Y hay que trabajar muchísimo a nivel cultural. Hay gente que vive en Young (Río Negro) y no manda a sus hijos al bachillerato ni a hacer estudios universitarios en Paysandú porque considera que es alejarlos mucho, y generar desarraigo. ¡Y son dos departamentos vecinos!”, afirmó por su parte, Silveira.
Uno de los esfuerzos más grandes que se hicieron en el sentido de lo señalado por el presidente del latu fue la política de becas para estudiantes de formación docente en el Interior, durante la reforma de Germán Rama. Entonces se crearon los centros regionales (cerp) y se proveía a los estudiantes de alojamiento y alimentación o materiales de estudio. También los docentes recibían un salario excepcional para dar clases en los cerp (que no cobraban sus colegas de Montevideo). El esfuerzo económico que suponía esta política logró que egresaran –en los tres años que duraba entonces la carrera– cientos de docentes, pero la política no fue sustentable en el tiempo (entre otras cosas por la excepcionalidad de los recursos destinados a ella).
Algunos de los problemas logísticos y culturales reseñados pueden identificarse claramente en los esfuerzos que ha hecho y está haciendo la Udelar en el Interior. Por ejemplo, en Maldonado funciona desde hace cuatro años la licenciatura en paisajismo, que en su momento fue promocionada como la primera carrera que se ofrecía exclusivamente en el Interior (el rector Rodrigo Arocena pronosticaba que estudiantes de Montevideo comenzarían a viajar a Maldonado para formarse en ella). Sin embargo, según contó a Brecha el decano de Arquitectura, Gustavo Scheps, la experiencia ha tenido varios problemas: “La carrera se abrió en un lugar donde no había docentes de arquitectura. Se inició con gente que viajaba, lógica que no se pudo romper. Otro problema es el movimiento de los propios estudiantes. La mayoría son de Maldonado. Los que vienen de Rocha tienen alta tasa de deserción, y un grupito menor viene de la Costa de Oro. Esto nos preocupa, porque la idea no es llevarle una carrera a los de Maldonado. No queremos generar puntitos aislados en el territorio, sino una red de nodos intercomunicados, donde los estudiantes deciden qué quieren estudiar y se trasladan hacia donde está la mejor oferta, y no que terminen estudiando paisajismo porque es lo que tienen en Maldonado”.*
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