En la siguiente cobertura Brecha aborda la cuestión desde diversos ángulos. Primero, interpreta la actual encrucijada a partir de las miradas de cuatro protagonistas del movimiento social y la investigación histórica (entrevista en páginas 2, 3 y 4). A continuación se problematizan los interjuegos entre el Poder Judicial y la derecha política a través de diversas columnas de opinión. Una exploración de los caminos posibles, desde el punto de vista jurídico y político, es abordada en un informe (página 6). La portada se cierra con una crónica ilustrada de la concentración del pasado lunes 25 en la plaza Libertad y con la mirada de Luiz Cláudio Cunha, un prestigioso periodista e investigador brasileño, que traza paralelismos entre los procesos de Uruguay y Brasil.
Las decisiones de la Suprema Corte de Justicia sumadas a las desvariadas actitudes de la izquierda y a las acusaciones de la oposición permearon la tarde del lunes que congregó, en la plaza Libertad, enojos, dolores, desconciertos y emociones de todo tipo. Brecha conversó con cuatro personas que de una u otra forma se vinculan con la causa de los derechos humanos y la lucha contra la impunidad. Elena Zaffaroni (E Z), ex presa política, integrante de Familiares de Detenidos Desaparecidos; Fabiana Larrobla (F L), politóloga e investigadora en temas de historia reciente en la Udelar ; François Graña* (F G), sociólogo, docente de la Udelar y ex militante de la roe, y Valentina Chaves (V C), hija del militante comunista Ubagesner Chaves Sosa, cuyos restos fueron encontrados en 2006, y vinculada a la organización Hijos, hablaron sobre su percepción del rol del gobierno en los últimos acontecimientos, los caminos para alcanzar la verdad y la justicia, y cómo seguir después de la conmoción.
—¿Cómo vivieron la jornada del lunes?
E Z —Me pareció de una tristeza tremenda, no me conmovió. En Familiares adherimos, pero el ambiente estaba extraño. No sabíamos cómo era el asunto: un día dicen que el mundo no se acaba por el traslado de la jueza Mariana Mota y al otro piden el juicio político. No entendíamos nada pero nos pareció que había que manifestarse. Me pareció muy triste que el Frente Amplio (fa) no llevara una propuesta, o diez, o 50. Hicieron un llamado con miedo, un llamado a manifestar pero sin confiar en la convocatoria a la población.
F L — En dos días pasé por opiniones diversas. Hoy creo que las discusiones –las que hubo y las que hay– son el reflejo de la gente y las organizaciones de derechos humanos, que se debaten entre acompañar o no la demanda de justicia. En algún momento ellas y el fa estuvieron ubicadas en una misma vereda, o al menos teníamos claro qué hacían. Teóricamente todos deseábamos lo mismo. En algún momento de estos días pensé muy perversamente “acá hay subidos al carro”, después dije “acá hay un operativo para boicotear”; eso, de alguna manera, refleja una crisis del pensamiento progresista o de izquierda. Creo que convocar a concentrarse en silencio tiene que ver con que se podía llegar a gritar muchas cosas que no querían que se gritaran. Ese descontrol –o la posibilidad de– no sucedió. Somos sumamente obedientes y disciplinados. Estaba el pt, estaba Zabalza, pero el silencio se respetó. Somos muy estructurados.
V C —Creo que nos cuesta demasiado. Fueron tantos años de silencio y de ocultamiento que se generó esa pasividad. Capaz que no está bueno que estemos tan aplacados y en silencio en un momento en que se tiene que hablar y debatir en serio cosas tan profundas como la impunidad.
F G —Lo primero que me viene a la mente es la teoría de los dos demonios, que tan bien hilvanó Sanguinetti. Esa manera de ver el pasado permeó en parte a la izquierda. Lidiamos con una cuestión cultural. Hay que derrotar, en el terreno discursivo, la teoría del no mirar para atrás. Yo soy moderadamente optimista. Estos carcamanes apolillados y reaccionarios, que no tienen parangón, estos cuatro viejos que votaron lo que votaron, fueron demasiado lejos. Uno de los indicadores es la reacción inmediata que tuvo Lucía Topolansky, con una posición muy firme. Es el mpp, dentro del fa, el que está pidiendo el juicio político. El lado bueno de las cosas malas es que la izquierda está haciendo un frente común ante este reclamo. Existe la posibilidad de recurrir al Tribunal de lo Contencioso Administrativo, al juicio político o a los organismos internacionales. En cuanto a la organización de ayer (por el lunes), me emocionó mucho. Tuve la sensación de que otra vez todos estaban indistintamente del mismo lado de la vereda. Y el silencio es muy uruguayo, está bueno.
F L —Creo que hay una diferencia enorme entre la convocatoria del viernes, con lo de Mota, y ésta. La libertad que sentí ese día no la sentí el lunes. Me refiero a la posibilidad de entrar y de gritar, del desborde. Es un momento que por supuesto no se sostiene en el tiempo. Son momentos de estallido espontáneo, que a veces molesta a las organizaciones partidarias porque se desdibuja lo que habías acordado, etcétera. Lo del lunes lo viví –es muy emocional lo que digo– como si hubiera algo que nos estuviera aplastando.
.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.