Brecha Digital

Tabaré, el marcapasos

El vazquismo en tiempos revueltos

Con una nueva aparición pública en medio del debate sobre la conducción de la política económica, el ex presidente Tabaré Vázquez salió a jugar fuerte y reafirmó su liderazgo en filas del oficialismo. Rodeado por un pequeño grupo de colaboradores, el ex presidente diseña su retorno definitivo. Espera el momento indicado, y mientras tanto piensa en su plataforma política con énfasis en la educación y el ambiente.

 

Uno de los principios básicos de la hermenéutica (y de la filosofía) es evaluar una declaración o un discurso no tanto por lo que dice sino por lo que omite decir. Eso permite, en cierto modo, leer entre líneas, procesar el mensaje. “Los impuestos los debe marcar el Ministerio de Economía en acuerdo con el presidente de la República”, dijo esta semana el ex presidente Tabaré Vázquez, en su primera declaración pública sobre la pulseada entre el astorismo y el mujiquismo por la política tributaria. En sus declaraciones a la prensa, Vázquez obvió el tema de fondo. No hizo referencia al aumento de los gravámenes a las grandes ganancias ni al debate en torno a la constitucionalidad del impuesto a la concentración de los inmuebles rurales (icir) y, por el contrario, se detuvo en las cuestiones de forma. Y aunque en ninguno de sus pasajes la Constitución haga referencia al rol del Ministerio de Economía en materia impositiva, adujo que “la Constitución es muy clara en lo que tiene que hacer el mef y lo que tiene que hacer la opp”. Fue, eminentemente, una declaración política, interpretada en filas del vicepresidente Danilo Astori como un guiño al equipo económico liderado por el ministro Fernando Lorenzo.
Dos semanas antes Vázquez y Astori se habían reunido en Buschental por espacio de cuatro horas para analizar la crisis política desatada en la interna del gobierno en torno a la conducción económica. Según informaron fuentes del vazquismo y del astorismo, en esa reunión Astori dio un cerrado apoyo a la candidatura de Vázquez para 2014 y obtuvo, de parte del ex presidente, lo que fue a buscar: respaldo político ante los cuestionamientos a su liderazgo en la economía. Con ese espaldarazo, el vicepresidente reclamó al resto de los integrantes del gobierno que respeten la potestad del ministro de Economía, Fernando Lorenzo, para fijar la política económica y tributaria. Lo hizo a través de una entrevista concedida a Subrayado, donde también se refirió a la propuesta que elabora la opp para modificar la ley de inversiones y elevar el impuesto a la renta de la actividad empresarial (irae) a quienes tienen ganancias extraordinarias. Las declaraciones del vicepresidente molestaron al equipo del presidente, encabezado por el director de la opp, Gabriel Frugoni. Un día después, el miércoles 20, Mujica convocó a un Consejo de Ministros de urgencia para tratar lo que, a esa altura, ya era una crisis de proporciones en la interna del gobierno.
Lejos de zanjar la discusión, la reunión del presidente con su vice y sus ministros reavivó el fuego. Tanto astoristas como mujiquistas se retiraron de Suárez y Reyes enardecidos por los cruces que protagonizaron en un Consejo de Ministros que escapó de las manos del presidente. Una semana después Vázquez hizo su primera aparición pública desde el advenimiento de la crisis política. Reafirmó el rol del Ministerio de Economía en el diseño de la política tributaria pero, sobre todo, se mostró como la principal figura del oficialismo; aquella cuya presencia organiza una interna que siempre se las trae, la única que garantiza la unidad de su espacio. Por esa misma razón, el ex presidente apuntó a la forma, pero no al fondo de la cuestión, ese que divide: la redistribución de la riqueza a través de mayores gravámenes a la renta empresarial y la desconcentración de la tierra mediante nuevos impuestos a las grandes extensiones. En el primer caso el ex presidente no emitió juicio alguno. En el segundo, sí. Fue en setiembre de 2011, durante un acto del Movimiento de Participación Popular (mpp), cuando sostuvo que el icir “está bien puesto” y criticó el “ruido” que generó cuando “apenas se tocaba una parte de un sector privilegiado” del país.

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