Modelo tradicional de “mujercitas” y nuevas adolescencias
¿Los adolescentes de hoy están rompiendo el binomio mujer-madre-ama de casa / varón-gana pan que caracterizó al Uruguay clásico? ¿O serán estos jóvenes los potenciales revolucionarios que darán el batacazo a nuestra sociedad conservadora?
A Susanita le hicieron una zancadilla y tiene algunas fisuras. Sigue soñando con marido, hijos y té con las amigas, pero por ahora convive con Mafalda y Libertad que están de novias entre sí.
La clave para acercarse a cómo las adolescentes entienden y construyen su “ser mujer” está en la multiplicidad de posibilidades. Hay más opciones para experimentar. Como muestra de ese espectro, acompañan a esta nota dos testimonios dispares (véase recuadros) pero igual de firmes en sus análisis y elecciones. La ansiedad del resto que ya no es adolescente lleva, a veces, a pensar que las noveles mujeres más que hacer caer a Susanita, ya la mataron. “Tenemos la falsa idea de que los adolescentes son mucho más modernos –o tienen roles mucho más cambiantes– de lo que realmente son; pero los estereotipos tradicionalmente fundantes de la identidad femenina y masculina aparecen arraigados en cada discurso”, sostuvo la docente e investigadora de la Udelar, Karina Batthyany*.
No hay que olvidar que en esta sociedad los jóvenes son minoría y que las tradiciones pesan. De todas formas, las variaciones avanzan sin prisa pero sin pausa. El crecimiento exponencial de las féminas en la matrícula universitaria es muestra del empuje que las últimas generaciones vienen haciendo para sacar a Susanita de su “ámbito natural” y plantarla en medio de la esfera pública. “En lo que refiere a la división sexual del trabajo tradicional –el varón afuera de la casa y la mujer puertas adentro– ahí se observan fisuras importantes, sobre todo porque los proyectos de vida femeninos se han diversificado: se aspira a la autonomía económica, la educación, la inserción en el mercado de trabajo, salir, viajar”, agregó Batthyany.
EL VIEJO ENTORNO. “Creemos que las relaciones de género entre los jóvenes son mucho más modernas de lo que realmente son. Si rascamos un poquito en los comportamientos de hombres y mujeres, como los roles y pautas, identidad, división sexual del trabajo, los patrones tradicionales y conservadores de relacionamiento aparecen todavía muy fuertes”, explicó Batthyany, quien ha sido responsable de numerosas encuestas a adolescentes uruguayos desde la Facultad de Ciencias Sociales.
Son los mismos adolescentes uruguayos (nenas y varones) quienes coinciden en contestar al día de hoy que el cuidado de los niños menores de un año corresponde únicamente a la madre, las 24 horas del día.** La división sexual del trabajo –los roles que se le asignan tradicionalmente a los hombres y las mujeres por su condición de tales– sigue sin modificaciones, sostiene Batthyany, y “está mucho más firme y mucho más vigente de lo que creemos como sociedad, o de lo que nos hacen creer o nos cuentan”.
En cuanto a la división de las tareas en la casa, el 80 por ciento de los cuidados siguen siendo provistos por mujeres de todas las edades. Basta recordar que el núcleo duro de los “ni-ni” son mujeres pobres que no estudian ni trabajan formalmente, como consecuencia de la división social del trabajo más típica y más dura: hacerse cargo de sus hijos –aquellas que fueron madres adolescentes– o de sus hermanos, incluso abuelos. Pero lo más destacado en esos sectores –apunta Batthyany– es el rol de la maternidad, el lugar que se le da al “ser madre” por ausencia de otros proyectos de vida. El tener hijos es visto como un elemento que las diferencia del resto, sostiene la socióloga, “en determinados contextos es el único rol posible”. Siendo el trabajo el factor que genera independencia económica y autonomía a la mayoría de los mortales, se constituye como el campo en el que, también, esas mujeres construyen (o no) cierta identidad.
“Poder” es la palabra clave: “Cuando se toca el poder se está tocando una fibra sensible, en el ámbito político, en la casa y en cualquier lugar”, reflexiona Batthyany, quien agrega que los dos aspectos centrales que faltan para lograr la equidad de género buscada son la redistribución y el reconocimiento, por la familia y hasta por el parlamento. “En la medida en que la sociedad no haga el click hacia la equidad de género y la transformación, es muy difícil pedirles a los adolescentes de hoy que sean ellos los portadores del cambio.”
EL “ESTUVE CON...” En esa lucha de construirse adolescente, más interna y personal, el concepto “ser mujer” va mutando con las generaciones y aparecen las denominadas “nuevas adolescencias”, con manifestaciones para nada conservadoras.
Estas jovencitas tienen una mayor libertad para experimentar, consideran que los encuentros de carácter sexual y erótico pueden ser independientes de los compromisos afectivos y las chicas pueden relacionarse también con otras chicas sin que en ese acto se esté decidiendo una “opción de género”, explicó Ana Lía López Brizolara, psicóloga especialista en adolescentes y miembro del laboratorio de adolescencia de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay.
Para estas adolescentes, las dudas sobre identidad de género todavía no tienen que ver con el ser madre o buena profesional: “el ideal de la maternidad que pudo hacer florecer fantasías de ‘Susanita’ en la infancia puede acompañar esta peripecia adolescente pero no ocupa el primer plano, y si lo ocupa muchas veces oculta el temor a irse reconociendo como mujer en relación a un hombre”.
Según la especialista y de acuerdo a su experiencia clínica, las chicas se encuentran a la salida de la infancia “en la búsqueda –no siempre consciente– de encontrar un lugar, acuciado por la exigencia de una identidad de género y la experimentación de la sexualidad, la satisfacción y el descubrimiento de un desconocido erotismo adulto”. Sujetas también a una cultura del consumo –sostiene López– las chicas se prestan a la necesidad de “consumir” experiencias relativas al ser una mujer-adolescente: “Si pensamos en un ejemplo frecuente, el ‘estuve con’ es una expresión multívoca que nos remite a experimentar, buscar, reconocer-se. Estar y ser se entraman para ir construyendo un imagen de quién soy, o también para aplacar la angustia de existir y crecer”.
* Doctora en sociología y magíster en desarrollo regional y local.
** La población uruguaya y el cuidado: Persistencia de un mandato de género. Encuesta nacional sobre representaciones sociales del cuidado, de Karina Batthyany, Natalia Genta, Valentina Perrotta. Santiago de Chile, 2012
Montevideana,15 años.
—¿Cómo te ves en relación con el resto de las mujeres de tu familia?
—Son generaciones totalmente distintas. Siento que las gurisas de mi generación se saltean etapas. Quieren vivir cosas que mi madre o mi abuela vivieron mucho después: noviazgos, salidas, cosas que se hacían de más grandes. Todo está más liberal en ese sentido. Las gurisas se animan a probar cosas nuevas a edades más tempranas.
—¿Lo conversan entre amigas? ¿Lo han tratado en educación sexual en el liceo?
—Con mis amigas somos bastante parecidas en este sentido, de creer que hay etapas para todo. Y en el liceo hablamos pila, el año pasado, en biología, fue uno de los temas centrales. Tenés que tener muchas precauciones y hablarlo te sirve pila para abrirte la cabeza de lo que es la realidad. Es un tema re importante y sería mejor hacerlo antes, debería estar desde la escuela, ya que todo es más normal y se está adelantando.
—¿Qué es lo que más les preocupa de este tema?
—El embarazo. A esta edad, las relaciones no son muy seguras, es difícil mantener un noviazgo largo. Eso choca al momento de decidir tener la primera relación sexual con un novio si hace cuatro meses que estoy con él. Es poco tiempo para perder la virginidad. Hay que tener muchas cosas en cuenta, la edad, si tiene experiencia, si en verdad quiere cuidarte; porque sabemos que en realidad las que tenemos que cuidarnos somos nosotras.
—¿Tienen confianza para hablar de esto con los varones?
—Sí, yo tengo amigos y lo hablamos. Ellos tienen otra libertad y se creen que saben todo de eso. Las gurisas somos más tímidas, más reservadas. A veces los hombres también lo son pero, en su grupito, el que ya no es virgen es el más vivo de todos y todos lo quieren seguir a ése.
—Cuando decías que uno de los miedos es la maternidad, ¿es porque es la mujer la que termina haciéndose cargo de los hijos?
—No. Un hijo a esta edad… nuestros padres terminarían haciéndose cargo. Es no querer saltarse etapas: está el liceo, terminar el estudio. Tener un hijo sería dejar pila de cosas que estás haciendo.
—¿Qué planean para el futuro: estudiar, trabajar, casarse?
—Con mis amigas hablamos de terminar el liceo, o la utu o lo que estés estudiando. Hablamos del novio que vaya a seguir para siempre, porque ahora tenemos estos novios pasajeros. Tenés un noviazgo y cuando termina pensás que lo estás sufriendo más, lo tomás todo más a pecho. Capaz que decís no tengo que ponerme mal, tengo 15 años, tengo toda una vida para esto pero… a esta edad todo nos afecta más.
—¿Eso es una característica de ser mujer o de la edad?
—De la edad. Estamos viviendo experiencias nuevas y nos cuesta. Yo hablo con mi cuñada y ella, que ya vivió otras experiencias, no se lo toma tan a pecho como nosotras que empezamos a vivirlo recién ahora.
Arachana, 19 años
—¿Cómo te ves en relación al resto de las mujeres que tenés alrededor?
—Yo fui criada en una forma muy particular, mi madre me inculcó lo que a ella le inculcaron. En relación a ella me veo muy similar.
—¿Cómo llegaste a casarte tan jovencita?
—Con el que es mi marido ahora, fuimos novios desde los 15 años. Después a los 17 me arrepentí un poco de haber perdido toda esa juventud, de haber tenido un novio como era él, que no podía ir a bailes, que no podía salir con amigos. Ahí nos dejamos un tiempo, pero me di cuenta de que no era lo que yo quería, eso de salir. Me gustaba, sí, pero no era lo que más quería.
—El resto de las gurisas de tu edad, ¿entienden tus decisiones?
—Algunas sí, otras me dicen que soy loca por haberme casado tan joven. Pero tengo amigas que también están viviendo en pareja y tienen mi edad. Otras siguen de relajo, yendo a bailes.
—Y vos ¿qué pensás de ellas?
—Cada uno decide lo que quiere para uno. Ellas dicen que son muy jóvenes para tomar la decisión de casarse y formar una familia. A mí me pareció mejor eso.
—¿Cómo pensás tu vida para adelante? ¿Qué te imaginás?
—Yo estoy estudiando ahora, pasé a segundo de magisterio y me gustaría recibirme y ver qué pasa. Seguramente voy a ejercer.
—¿Te vas a quedar en tu pueblo?
—Sí. Tuve la posibilidad de irme a Montevideo a estudiar, porque había pensado en ser asistente social, pero decidí quedarme. Magisterio es mi vocación y lo tenía acá y no me tenía que ir lejos. Era lo que quería ser desde bien chica, me gustan los niños. Me parece que es lo que quiero, voy a saberlo cuando me reciba y empiece a dar clases.
—¿Tenés hijos?
—No.
—¿Lo has conversado con tu pareja?
—Más adelante, ahora no. En todo caso, después de que me reciba. Esos son mis planes: estudiar y después armar mi familia.
—Cuando tengas hijos, ¿creés que vas a ser vos la que tenga que encargarse de ellos, ocuparte de la casa?
—Yo creo que la que se tiene que hacer responsable de los hijos es la madre. Eso de tener niñeras no me gustaría, al menos mientras sean chicos. En caso de tener un hijo, lo criaría yo y el que saldría a trabajar sería mi marido.
—¿Y cómo hacés con el magisterio ahí?
—Dejaría de dar clases.
—¿No te importaría dejar tu carrera para criar a tus hijos?
—Creo que no. Según cómo sean las circunstancias económicas también. Pero si son buenas, no me importaría.
—¿Qué más te gusta hacer en tu tiempo libre?
—Salimos, me gusta ir al campo a la casa de mis padres.
—¿Sabés hacer las tareas del campo?
—Sí, me gusta. Estaba arriando unas vacas recién. Creo que soy bastante ducha.
—¿Nunca te dijeron que eso era una tarea de hombres?
—No, nunca.